Capítulo 2

1313 Words
Capítulo 2 MAX Ella siguió de insolente por unos minutos, mirándome con odio y llorando desconsolada e histérica, algo que era normal en estos casos. Pero, estaba colmando mi paciencia, algo que yo no tenía mucho y cuando me cansé de escuchar sus reclamos, sus dramas y gritos, además de escuchar que nombraba a ese tipo, Sergio, me hirvió la sangre. Entonces, me volví hacia ella y con mi mano la sujeté con fuerza del cuello, provocando que sus ojos se abrieran más de lo normal y me miraran aterrorizados. —Cállate, Sofía—le ordené con autoridad, dejándola paralizada—en mi presencia, no vuelvas nunca a nombrar a ese tipo ¿me oyes? O de lo contrario, te vas a someter a las consecuencias. —No me voy a callar—me desafió—tú me has secuestrado y mi Sergio, mis hermanos y mi padre, no van a dejar de buscarme. Tú vas a ir a la cárcel por haberme hecho esto. —Te vas a callar ahora mismo, si no quieres que te pase nada—apreté con más fuerza su cuello y ella comenzó a toser—así me gusta. No es tan difícil tener que obedecerme, veo que no ha sido muy buena la educación en tu casa, si no sabes respetar ni obedecer. Ella no dijo más nada y mi agarre en su cuello seguía siendo firme, hasta que supe que con eso había sido suficiente y entonces la solté. Ella siguió con su ataque de tos, pero cuando pensé que ya no seguiría diciéndome nada, pasó justo lo contrario. —Sí vas a matarme, hazlo de una vez—sollozó—¿qué quieres de mí?, ¿cuáles son tus motivos para secuestrarme? Me parece que te equivocaste de persona, mi familia no tiene dinero y si tu piensas pedir un rescate, estaré muerta de cualquier forma. Ignoré lo que me dijo y me quedo mirándola como un lobo hambriento que acecha a su presa. Clavo mis ojos en ella, dejándole claro que nada de lo que haga o diga, me hará que la dejé ir. Ella no saldrá nunca de aquí, a menos que sea yo, quién ordene su libertad y eso, por ahora no pasará. Acaricio su cara con mis manos, de forma delicada para que se calme y ella, aunque se resiste apenas la empiezo a tocar, poco a poco sus facciones se suavizan y pude sentir como estaba disfrutando de mi contacto y cuando supe que la estaba empezando a dominar, fue cuando le expliqué la situación. —Creo que no te acuerdas de nada, Sofía—dije muy tranquilo—pero, es justamente la vida de tu amado Sergio, la que está en tus manos. De tu buen comportamiento y voluntad que tengas conmigo, dependerá que él siga vivo. Ella se llevó ambas manos a su boca, para reprimir un grito. Parecía que lo que le dije, la hizo que hiciera memoria y que recordara que ella estaba con Sergio caminando rumbo a casa, cuando fue raptada por Jerry. Estuvo llorando muy desesperada, luchando por gobernarse y cuando lo logró. Me miró con esos ojos tan hermosos y tan cautivadores, pero invadidos ahora por la incertidumbre y por el terror. —Por favor, no le hagas nada. Seas quién seas, te lo suplico—rogó—él no te conoce y no tiene idea ni de quién eres, así como, yo tampoco. —Soy Max—extendí mi mano y ella temblando la tomó—tú puedes llamarme como tú quieras, ya que seremos…muy cercanos. Y cómo te estaba diciendo, debes comportarte a la altura conmigo o de lo contrario, no querrás que Sergio pague por tu mal comportamiento ¿o sí? —¿Qué quieres decir con eso? —pregunta, al tiempo que suelta mi mano—por favor explícate, no quiero que le hagas nada. —Es muy simple, preciosa—acaricié su mejilla con lujuria—sí tu te portas bien, él estará bien, pero sí no…estará muerto a la primera falta que cometas ¿queda claro? Ahora, debes relajarte y verás como la pasaremos muy bien juntos. Bienvenida al paraíso. Me divierto mucho al ver como se remueve en el sillón muy nerviosa y asustada, ella empieza a soltar una especie de risa nerviosa y entonces, la veo sonreír y su sonrisa es la más hermosa e inocente que he visto en mi vida. Me separó un poco de ella para hablar algo con Jerry, pero apenas lo hago, ella se levanta del sillón y sale corriendo por una de las puertas de la mansión. Río internamente, sabiendo que ella no puede escapar de mí, de ninguna manera. No pasa ni un momento, cuando otro de mis hombres Marc, la devuelve a mi lado. —Patrón, aquí tiene a la muchacha—dijo Marc entregándome a Sofía—la he atrapado corriendo por el jardín. —Gracias, Marc y qué bueno que se han conocido—dejo salir una risa malvada—ahora, ve por Susan para que la preparen. —Sí patrón. Abrazó a Sofía y ella se resiste, moviéndose frenéticamente en mis brazos. Le acaricio el cabello, de forma que se queda quieta y cuando me doy cuenta que se ha quedado calmada, me separó de ella y levanto su barbilla bruscamente haciendo que ella me mire a los ojos. —No volverás a comportarte así ¿entendiste? —le exigí—a la próxima, tu amado Sergio, se irá al otro mundo y después, si sigues empeñada en no obedecerme, le pueden seguir tu padre, tu hermana o tu hermano. Eso dependerá de mi estado de ánimo. Ahora, me voy a preparar para nuestro encuentro. Ella se queda de una pieza, sin decir nada. Solo balbuceaba palabras sin sentido y se bebía sus lágrimas. Aparecen en ese instante en el recibidor Marc y Susan y ellos se llevan a Sofía. Yo observo como ella, accede a ir con ellos y sonrío triunfalmente. Siempre consigo lo que quiero y ahora, la quiero a ella. Jerry se acerca a mí y caminamos en silencio a mi despacho, donde le entrego el premio que se ha ganado por un trabajo excepcional. —Así da gusto trabajar con usted, señor—me dice al ver su recompensa—ya sabe que lo que quiera que haga, aquí me tiene. —Lo sé, disfruta de tu recompensa. Te la has ganado. Salgo del despacho y camino a mi recámara. Me meto a bañar, me relajo lo suficiente, pues quiero disfrutar de esta noche como nunca he disfrutado de una igual. Eso se puede ver a simple vista, me pongo uno de mis mejores trajes, me peino y me perfumo. Entonces salgo de mi recámara y me dirijo con pasos apresurados a la recámara del final del corredor, apenas entro y tanto Susan como Marc, me miran y se apartan del camino. —Permiso patrón—dice Marc—Susan y yo, hemos preparado a Sofía. Ella lo está esperando. —Muchas gracias, pueden retirarse. Ellos dejan la recámara, cierro la puerta tras de mí y sigo caminando. Tomo de la mesa de la sala de la recámara una botella de vino con dos copas y entonces la veo. Ella está vestida con lo que dispuse y apenas me mira, sus ojos se llenan de lágrimas. Me acerco a ella y la miro, recorriendo todo su cuerpo detenidamente, tengo que admirar, lo que estoy a punto de tomar. —Sofía, estás muy hermosa—lo digo de verdad—quiero que esta noche, sea inolvidable para ti. Ahora, vamos a brindar. —Yo no bebo alcohol—dice muy nerviosa—nunca me ha gustado beber. —Lástima—aparto la botella y las copas y las dejo en uno de los sillones—entonces, pasaremos a lo siguiente…
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