Capítulo 3
SOFÍA
Me quedo mirando a Max, mientras él me desviste con la mirada y me acecha como una fiera a su presa. Trato de no demostrárselo, pero muero de miedo y para él parece que le encanta verme así cómo estoy, asustada a más no poder y buscando la primera oportunidad de salir corriendo. Él clava sus ojos en los míos a medida que camina hacia mí. Su mirada es preciosa, pero oscura y peligrosa y definitivamente si él intenta tocarme, no me pienso quedar quieta. Él se acerca más a mí y yo no me doy cuenta, pero camino hacia atrás instintivamente, hasta que ya no hay más a donde ir, estoy contra la pared y él está frente a mí.
—Sofía, no te niegues a lo que voy a darte—me dijo seductoramente—no podrás negar como te estremeciste cuando toqué tus labios hace un rato.
—No me estremecí y no te equivoques—rebatí—te recuerdo que estoy aquí en contra de mi voluntad y que no me interesas. Al único hombre al que yo puedo amar es a Sergio.
—Tú no amas a ese imbécil—me toma del cuello con mucha fuerza al decir aquello y muero de miedo—él es un don nadie y jamás te podrá dar lo que te daré yo ¿queda claro?
Asiento con la cabeza y él me suelta el cuello, dejándome una sensación de hormigueo y también de dolor. Me mira con sus ojos encendidos de coraje, pero también de deseo y entonces, me doy cuenta que estoy metida en un callejón sin salida. Él me desnuda lentamente con la mirada y se acerca a mi oído peligrosamente.
—Desvístete, Sofía—me susurra al oído—déjame contemplarte, al natural.
—No…No lo haré—me atrevo a decir—Max, yo sé que tú no eres malo y sé que vas a recapacitar y te vas a dar cuenta que esto es un error y que no es a mí a quién quieres aquí contigo. Tú tienes dinero y poder, puedes tener a la mujer que quieras y yo, sólo soy una chica más.
—Ya la tengo y esa eres tú. Así que, te callas y me obedeces Sofía, ahora mismo—me ordena—o ¿quieres que Sergio muera hoy? Con una sola llamada tengo para aniquilarlo y lo sabes.
No digo más nada y sin darme cuenta, de nuevo estoy llorando, tal y como he hecho desde que estoy aquí. En medio de no sé dónde y con este hombre que no tengo idea de quién es, de quién solo sé una cosa que, él es oscuro y que hará cualquier cosa con tal de salirse con la suya. Respiro hondo y deslizo los tirantes de mi vestido y este cae al suelo, quedando expuesta ante sus ojos con solo la lencería puesta. Él se aleja unos pasos de mí y se queda de pie junto a la puerta y me mira. Todo él parece un dios griego, tiene el cabello rubio y penetrantes ojos azules. Su cabello está despeinado y eso suaviza su expresión, es una visión hermosa, pero más que eso es aterrador y yo, estoy muy asustada tanto que no quiero imaginar cómo podemos acabar.
—Sofía, ven aquí—me dice en un tono muy tentador—esto puede ser para ti, placentero o doloroso. La decisión es tuya.
¿Cómo rayos puede decir eso? Este tipo está loco si cree que puedo disfrutar cualquier cosa que vaya a hacerme. Me tiembla el cuerpo de tanto llorar y me quedo justo donde estoy, pero él no tiene paciencia y me mira con autoridad y con lujuria.
—Sofía, vas a hacer lo que te digo—me ordena furioso—no tengo paciencia y te he dado una orden, sólo tienes que acatarla. No es tan difícil.
No tengo opción y empiezo a caminar. Él no puede quitar su mirada de mí y no puedo dejar de llorar pensando que no quiero que me toque, pero sabiendo también que él va a hacerlo. Quedo frente a él y él me acaricia la cara con suavidad y con un tacto que hace que me recorra un escalofrío de pies a cabeza, me levanta la cara para que mis ojos lo miren y me sigue acariciando con suavidad, algo que nunca pensé que sería propio de él.
—Muy bien, Sofía. Ya nos estamos entendiendo—me sonrió—verás que, si me conoces, en una de esas hasta te enamoras de mí. Ahora, quítate la ropa interior.
Estoy temblando, llorando y sin ser dueña de mi propia voluntad. Es el miedo el que reacciona por mí y en segundos, estoy completamente desnuda y él, me levanta en sus brazos y sin mayor esfuerzo, me lleva a la cama. Me recuesta con cuidado y él empieza a desnudarse. Lo primero que se quita es el saco del traje, seguido por la camisa. Su abdomen definitivamente es digno de admirarse, tiene un cuerpo que es una tentación para cualquier mujer, tanto que, si fuera otra la situación, yo hubiera estado encantada de estar con un hombre tan guapo, pero ahora solo quiero escapar, solo quiero que alguien me ayude, solo quiero un milagro para evitar lo que sé que va a pasar. Max se quita todo lo demás y entonces se acerca a mí, me abraza y sus manos me sujetan con fuerza.
—Sofía, eres muy hermosa y tentadora…Pero, lo que nunca debes olvidar, es que eres mía… Sólo mía…
Nos miramos a los ojos tal y como lo harían un depredador y su presa. Estoy aterrada, pero eso a él, no le importa en absoluto. Él pasa por alto mi miedo e ignora que estoy llorando, besa mis mejillas y se bebe mis lágrimas y entonces sé que esto es el final, sólo me queda ser valiente y enfrentar lo que sea que vaya a pasar. De pronto, él se relaja y despacio une su boca con la mía.
Sus labios son carnosos y suaves y me doy cuenta que Max, tiene mucha experiencia. Yo había besado solo a Sergio y nunca había sentido nada como esto. Su lengua obliga a mis labios a darle acceso a mi boca y yo se lo concedo. Me besa muy lento como si fuera algo más para él, que la chica que tomó a la fuerza. Con sus labios muerde suavemente los míos y eso hace que se me nuble el juicio y que me rinda totalmente ante él y ante ese beso.
Él mete sus manos entre mi cabello y acaricia suavemente mi nuca. Ya no está enojado, lo puedo sentir. Se separa lentamente de mí y en su rostro veo ternura y algo más que no sé lo que es, pero que me impide apartar la mirada. Me humedezco los labios y él vuelve a besarme, con mucha ternura como si en verdad, sintiera algo más por mí, aparte de deseo.
—No, Sofía, no, no, no—me digo a mí misma—no puedes disfrutar esto. No puedes estar tan tranquila después que este hombre te ha secuestrado y ahora está a punto de abusar de ti.
Max me saca de mi lucha interna cuando me separa brutalmente las piernas sin ningún esfuerzo. Se coloca protección y se mete enmedio de mis piernas y entonces, siento su erección en la parte interior de mi muslo y temo lo peor… que me va a hacer daño.
—Por favor, no lo hagas—le suplico llorando desconsolada—nunca lo he hecho antes.
—Mejor para mí—sonríe maliciosamente—de nada te sirve rogar. Desde luego que lo haré.
Lloro en cuanto entra de golpe dentro de mí, estoy muy mojada, eso es verdad. Pero, mi cuerpo se resiste al ser tomado de esa forma tan vil y despiadada. Él empieza a moverse rápidamente y siento como rasga mi piel y desgarra mi interior. Un dolor muy fuerte me empieza a nublar el juicio y grito como loca, al tiempo que, como defensa, lo empiezo a empujar por sus hombros, solo que a él no parece importarle. Se le oscurecen más sus ojos y puedo ver el deseo y la lujuria en ellos, así como sus pupilas muy dilatadas. El sudor le corre por las mejillas y me doy cuenta que a pesar de todo, él se está conteniendo para no dañarme más de lo que ya lo ha hecho.
—Sofía, te dolerá menos cuando estés relajada—dijo suavemente—hazlo, relájate. Y, por cierto, estás deliciosa. Pura, intacta e inocente. Eres justo lo que necesito.
Esto es una tortura y por más que quiero seguir su consejo y a pesar de ver cómo él lo está disfrutando, a quién le duele mucho es a mí. Pero eso, no le importa y nunca le importará, para él todo esto es tan placentero que poco le importa mi voluntad y mucho menos mis sentimientos, pues él no tiene sentimiento alguno.
—Te he dicho que te relajes, Sofía—me exige—de lo contrario, te voy a lastimar aún más.
Siento que me voy a desmayar por el dolor. Tengo un mareo muy intenso y me siento débil, herida y dolida y lo único que puedo hacer es tratar de respirar lentamente para no perder el sentido. Esto es lo más horrible y espantoso que he vivido en la vida, ojalá muera aquí y ahora, era todo lo que podía desear para no tener que volver a estar con Max, nunca más.