Capítulo 5

1421 Words
Capítulo 5 MAX Odié tener que dejar sola todo el día a Sofía, en especial después de la noche tan intensa que habíamos tenido, pero era necesario. Había asuntos que necesitaban de mi presencia y debía dejar afinados todos los detalles de la operación de esta noche. Así que me ocupé todo el día de hacer mis cosas y antes de volver a la casa, me aseguré que todo esté de lo mejor. —Esta noche, la operación debe salir como pactamos. No quiero ninguna tontería, ¿entendieron? —les ordenó—de esta noche depende que se lleven una muy buena recompensa y saben que suelo ser muy generoso sí las cosas se hacen bien, porque sí se hacen mal…también ya lo saben. —Sí patrón—responden Adolfo y Claudio al unísono—ya tenemos la mercancía en la camioneta y sabemos por donde irnos para que no tengamos ningún contratiempo. Jerry, nos ha hecho una ruta. No toleraba errores de nadie. Yo bastante bien les pagaba a mis empleados y ellos solo tenían una tarea, cumplir con lo que les encargaba y nada más. No les estaba pidiendo nada que no fueran capaces de hacer. Además a la gente que hace bien las cosas, le va muy bien conmigo y eso debe ser su principal motivación. —Excelente, Jerry—felicité a mi hombre de confianza—te dejo a ti, al mando de la operación. —No se preocupe señor. Todo saldrá excelente. Cuando por fin, estaba por ver a Sofía en el camino a su recámara, me encontré con Susan y tenía una cara de preocupación. Eso indicaba que algo no le había salido bien y yo tenía qué saber lo que pasaba. —Susan, ¿pasó algo? —pregunté—sí es así, dímelo antes de entrar a verla. —Sí, patrón—Susan bajó la cabeza—ella está alterada y me empezó a hacer muchas preguntas, por supuesto yo no le dije nada. Se ha comido todo lo que le he llevado en el día y hace un rato, entré a arreglarla cuando Marc me avisó que usted venía a verla. —Gracias, mañana nos vemos temprano para darles nuevas indicaciones ¿está todo listo para la cena? —Sí, patrón. Todo está listo. Era de suponerse que Sofía hubiera querido indagar cosas con Susan, lo que ella seguramente ignora es que nadie de mi gente de confianza me traicionará. Sofía tendrá que adaptarse a su vida a mi lado y de ella depende que sea una vida hermosa o, todo lo contrario. Entro a su recámara y la veo, está preciosa sentada en la cama y noto como ella tiembla de miedo al verme. Me quedo a unos escasos pasos de ella y por primera vez, ella me mira a los ojos por voluntad propia y no porque yo se lo ordene. Supongo que es porque ya se encuentra sin los efectos del sedante. Le sonrió y ella se queda muy quieta, inmune ante ese gesto de mi parte. —Hola, Sofía ¿me has extrañado? Yo he pensado todo el día en ti. En un rato, vamos a cenar en mi recámara. —¿Cuánto tiempo me vas a tener aquí? —me lanza la pregunta sin anestesia—Max, por favor déjame ir. —Será durante mucho tiempo. En los próximos días saldrás a dar un recorrido por el pueblo con Marc y con Susan y confórmate con saber que no estarás todo el tiempo aquí encerrada en la mansión, claro que, si haces una tontería como querer escapar, habrá consecuencias. —No lo puedo creer—ella se reía en mi cara—tú me hablas a mí de tonterías cuando has sito tú el que ha cometido un delito al secuestrarme. Dime de una vez ¿quién eres? O mejor dicho ¿qué eres? Nadie que trabaje legalmente puede tener un lugar como este, por lo poco que he podido ver. Sofía era más inteligente que hermosa y era la mujer más hermosa que conocía y en mi amplia experiencia con mujeres, eso era decir demasiado. Incluso, así como estaba de enojada, se veía divina y esa inocencia que yo había robado, me hacía sentirme más poderoso y también muy afortunado. Sus ojos brillaban por las lágrimas que estaba a punto de derramar y una vez que las derrama, se las seca con la palma de sus manos y vuelve a enfrentarme. —Max, no te quedes callado—me levantó la voz—¿Por qué me secuestraste? Dime por favor, ¿vas a matarme? O ¿vas a traficar con mis órganos? O peor aún, ¿soy parte de un proyecto de trata de blancas? Necesito respuestas, por favor o voy a volverme loca. No entiendo lo que alguien como tú, pueda querer de mí. —No, Sofía a todo lo que has preguntado—la miro muy sereno, divertido del miedo que causo en ella—nunca dejaré que seas de nadie más. Tú ya eres mía, sólo mía. Lo único que no te puedo prometer es que no te haré daño, eso dependerá de como te portes tú conmigo. La abrazo muy dulcemente y después la beso con mucha ternura y sé que, con ese beso, he derribado sus defensas. Ella a pesar de poner un poco de resistencia, termina cediendo al beso y cuando mi boca se abre paso para invadir la suya, ella me recibe dispuesta y gustosa…como todas. Al separarnos del beso, puedo ver como su mirada se suaviza y es en ese momento que la tomo de la mano, salimos de su recámara para ir a la mía. Ahí ya está todo listo para que disfrutemos de una deliciosa cena y cuando estamos sentados a la mesa, esperando ser atendidos como nos merecemos, ella se queda mirándome como si quisiera estudiarme con sólo mirarme. —¿Pasa algo? —le pregunto—no has terminado de cenar, ¿no te gusta la cena? Puedo pedir que te preparen otra cosa, lo que tú quieras. —No, la cena está bien—ella deja los cubiertos en el plato—Max, ¿cuántas mujeres han estado aquí? —Ninguna. Eres la primera y la única mujer que va a estar conmigo en este lugar, eres la que he elegido para que seas la dueña del Paraíso. Nuestro paraíso. —Y en esos planes tuyos, dime si contemplas la posibilidad de darme la oportunidad de hablar con mi familia, aunque sea para decirles que estoy bien. Mi papá debe estar muriéndose de la angustia, debe pensar que estoy muerta—me dice y vuelve a llorar—y mis hermanos deben estar como locos buscándome y negándose a esa posibilidad. —Sí, lo sé todo. Tu padre es un hombre muy trabajador y responsable, te ha educado bien. Eres una mujer encantadora, Sofía. Ahora dime ¿te sentirás mejor si tu familia sabe que estás bien? —deslizo mi mano para tomar la suya y darle un beso—si es así, supongo que puedo hacer eso por ti. Ella se levanta de la mesa y me abraza y me da varios besos en la mejilla, algo que me hace sentir raro, pero se siente bastante bien. Se ve hermosa, dando pequeños saltos de emoción y todo cuanto descubro de ella, me tiene fascinado y embelesado. —Gracias, Max—dice emocionada—no sabes lo que significa eso para mí, que mi familia sepa que estoy viva y que estoy bien, dentro de lo que cabe. —Por nada, solo que no puedes llamarlos tú. Yo mismo, seré quien contactará con tu familia—le dejo claro—les diré que estás viva y que estás sana y salva. —Ellos no van a creerte, de eso estoy segura—llora de nuevo—por favor, Max déjame hablar con ellos, aunque sea una sola vez. —No, preciosa. No puedo—la abrazo contra mi pecho y aunque lucha por escapar de mi abrazo termina relajándose nuevamente—entiende que no te puedo dejar ir, eres tú lo que estuve buscando toda mi vida. —¿Estás enamorado de mí? —pregunta sorprendida—porque eso, no lo podría creer. No me conoces de nada. —No te conozco, pero te quiero conocer y te voy a conocer Sofía Linares. Por ahora—la beso con ternura—solo recuerda que eres, hasta este momento lo más especial para mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD