Capítulo 6

1309 Words
Capítulo 6 SOFÍA Max era muy desconcertante, tanto que me daba más miedo del que ya le tenía ¿cómo es que iba a avisar a mi familia? Todo esto estaba como una película de terror y lo cierto era que, yo ya no sabía lo que debía creer. Sólo esperaba que Max dijera la verdad y que fuera en serio eso de avisar a mi familia. No podía evitar llorar de pensar en mi padre y en mis hermanos, debían estar destrozados pensando que alguien me ha matado o que me han hecho daño. Max, se separa de mí y nos miramos a los ojos. —Dime Sofía, ¿qué puedo hacer por ti? Quiero que seas feliz, quiero que te sientas como lo que vas a ser a mi lado, la dueña del Paraíso—me dijo con una dulzura que no sabía que él pudiera tener—pídeme lo que sea que a ti te haga feliz, quiero conocer más de tus gustos y trataré de complacerlos todos. Sólo hay algo que no te puedo dar y creo que sabes qué es. —Lo sé y ya me ha quedado claro que no me vas a dejar ir, Max—dije resignada—tú ya investigaste sobre mí y me gusta todo lo relacionado con la moda. Quisiera seguir practicando lo de mi carrera, así que ayudaría mucho si me trajeras, telas y una máquina de coser, si no es mucho pedir. —Nada es mucho pedir y debes de saber que yo, te lo puedo dar todo. Sólo necesito de ti, que seas buena conmigo. Muy pronto, tendrás lo que me pides. —Gracias—respondí. Max, me mira nuevamente y causa un escalofrío al hacerlo. Se acerca suavemente a mi boca y me roza los labios con un beso muy tierno, candente y exquisito que hace que se me nuble la razón y que por poco me hace olvidar lo que soy para él, la mujer que ha secuestrado para que esté a su lado y que aún no sé con qué propósito. —No temas, Sofía. Yo no te haré daño. Sólo quiero que seas feliz, que seamos felices. No le dije todo lo que pensaba, ya no quería ponerme en riesgo ante ese hombre que aún no sabía quién era, ni lo que era. Pero, que por todo lo que había visto en mi corta estancia en la mansión, no se dedicaba a nada bueno. Nadie que trabajara en algo derecho podía tener una fortuna como para comprar una mansión así y mucho menos un pueblo entero y eso que hasta esa noche, sólo había visto mi recámara y ahora la de él. Max me sonríe y siento mucho calor en mis mejillas, sé que me he ruborizado y odio a mi cuerpo por estas reacciones involuntarias que él desata en mí. —Baila para mí, Sofía—me pide—y al mismo tiempo, ve quitándote la ropa. Es hora del postre. —Yo no sé bailar, lo siento—me disculpé. —Eso no me importa, harás lo que te digo—me ordenó—o no querrás saber, lo que soy capaz de hacer cuando me hacen enojar. Max es muy peligroso y es aterrador. Me pongo a hacer lo que me ordena, pero mis movimientos son torpes y sin gracia alguna, ya que, es verdad lo que le digo. Yo no sé bailar y si lo estoy intentando es solo porque quiero hacer cualquier cosa que me dé la posibilidad de sobrevivir, pues, aunque él me diga que no me hará daño, lo cierto es que, no le creo nada y sé que él es capaz de todo. Él se queda embelesado mirándome y una vez que se cansa de hacerlo, él mismo se encarga de dejarme con solo la lencería puesta en menos de un segundo. —Eres hermosa, Sofía—me susurra al oído—y qué bien te sienta la lencería. Te ves espectacular. No digo nada y le sonrío, él me acaricia la mano con ternura y después me roba un apasionado beso que me deja con ganas de más, pero es justamente cuando empiezo a desesperarme por las sensaciones que ese beso desata en mí, él se aparta y vuelve a quedarse así, de pie frente a mí mirándome y quitándome la lencería con solo mirarme, es como un depredador esperando el momento justo de devorarme y entonces lo hace, se acerca nuevamente a mí y me arranca la lencería de un jalón y después él se quita toda su ropa en fracciones de segundos. Me lleva de la mano a un sillón en el que él se sienta y me sienta sobre él, separando mis piernas bruscamente antes de colocarse protección y nuevamente, sin tener ningún tipo de piedad, invade mi interior con una fuerza descomunal que hace que las lágrimas salgan como cascadas de mis ojos. —Por favor, hoy no—grito sin pensar—me duele, aún me duele mucho. Por favor, Max. No lo hagas, te lo suplico. —Tengo que hacerlo, tiene que quedarte claro que eres mía Sofía—me miró con su oscuridad a flor de piel—no descansaré hasta hacer que te enamores de mí y lo harás, tarde o temprano yo seré el hombre al que ames. No digo más nada, al tiempo que él hace nuevamente lo que quiere de mí. Me toma con fuerza y entra y sale de mí como si no le importara el estarme lastimando y el estar desgarrándome por dentro. Poco le importa que yo siga llorando, pues se bebe mis lágrimas entre beso y beso y afortunadamente llega el momento en que todo termina y me lleva en brazos a la cama. Él se acuesta a mi lado y nos cubre a ambos con las cobijas, hacía demasiado frío. —Poco a poco te irás acostumbrando, Sofía—me dice muy seguro—es más, llegará el día en que tú misma, me vas a pedir que te haga el amor. Me vas a amar como no has amado a nadie antes. Entonces sucede y en medio de toda la oscuridad que encierran sus palabras, por primera vez, desde que estoy prisionera en este lugar, me doy cuenta que Max por su propia boca, me está dando pistas de la llave de mi libertad. Ahora sé que enfrentarme a él, no es sensato porque jamás ganaré. Pero, en medio de todo esto, él ha manifestado que desea que me enamore de él. Tal vez si yo me esfuerzo en hacerle creer a Max que lo amo, pueda lograr iluminar la oscuridad que lo invade y así conseguir mi libertad. Es una idea loca que cruza por mi mente y llevará tiempo convencerlo de mi amor por él, si hasta ahora él mismo sabe que lo odio, pero ahora que tuve este episodio de claridad mental, lo pienso aprovechar al máximo. —Sofía, te llevaré a tú recámara—dice tranquilamente—mañana yo tengo que salir muy temprano, pero Marc y Susan te llevaran a conocer toda la mansión y el pueblo. No estarás aquí encerrada y no quiero despertarte cuando me vaya. —No quiero ir a mi recámara—digo con un hilo de voz—quiero dormir contigo, no quiero estar sola. A menos que no quieras tú. Él me mira con esos ojos azul intenso que me llenan de miedo y a la vez, me transmiten toda la oscuridad que él lleva dentro ¿quién es Max? Y ¿qué le pudo pasar? Algo tuvo que sucederle para tener esa oscuridad dentro, pero sea lo que sea lo voy a descubrir, mientras me convenceré a mi misma de amarlo, para después convencerlo a él y así, poder salir de este infierno.
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