Seis meses atrás…
Termino de leer un libro más, todos son lo mismo, el príncipe que rescata a la princesa de las manos del villano, una tonta que no es capaz de valerse por sí misma.
Lanzó el libro lejos, siempre que leo este tipo de historias pienso en el villano, el merece ser feliz, según como yo lo veo tiene ideales y ejecuta planes para lograrlo, algo me dice que es un hombre fuerte y quizás un semental, ya saben a lo que me refiero.
Me gustaría leer libros donde el villano gane, que no se quede con la princesa, deseo que se dé cuenta que es una tonta y no lo merece, mejor que se consiga otra villana, lo mejor es ser poderosos.
Miro mi reloj se me hará tarde para ir a clase, recojo un poco el desorden que cause, mi madre me grita desde la cocina, dice que mi padre me espera para salir así que debo apresurarme.
Salgo corriendo con mi mochila cargada de libros, mamá me entrega mi desayuno, tendré que tomarlo de camino a la universidad.
Me encuentro estudiando literatura clásica, espero ser la mejor y poder marcharme del pueblo, mis padres me han dicho que mi tío me recibirá en su librería, tendré un trabajo estable, mi idea es lograr abrirme paso en la gran ciudad.
-Hola papá.- mencionó subiéndome al auto.
-Hola princesa, veo que se te hizo tarde.-
-Solo un poco, me quedé leyendo.-
-Eres idéntica a tú madre, siempre viven debajo de todos esos libros.-
Mi padre me llevaba todos los días a clases, después pasaba por la panadería, compraba una tarta de manzana y volvía a casa para disfrutarla con mi madre.
Los dos ya se habían retirado laboralmente, y es que ya tenían su edad, pues ambos tenían 60 años, yo fui concebida como un especie de milagro, cuando mi madre tenía 36 años quedó embarazada, algunos dirán que es normal, no hay novedad en eso.
El milagro estaba en que ella era estéril, había intentado embarazarse desde los 18 años cuando se casó con mi padre y había sido imposible, un día los doctores le iban a practicar un cirugía pues sus ovarios estaban llenos de quistes, eso haría que cualquier posibilidad de traer un hijo al mundo se acabará.
Minutos antes de la cirugía le hicieron una ecografía final, quería verificar que todo estuviera en la misma posición, pero se llevaron una sorpresa al ver que había una vida en su interior, yo me colé, eso dice mamá.-
Cómo sabrán fui hija única, mis padres me consciente todo el tiempo, también me sobre protegen a veces al punto de casi no respirar.
Actualmente tengo 23 años, estoy en mi último año de universidad, soy una morena de cabello n***o azabache, mi padre es de ascendencia africana pero mi madre es blanca como la leche.
Suelo reírme diciendo que yo soy un cafecito con leche por mi tono de piel, saqué lo mejor de cada uno, de mi madre su rostro angelical, me heredó sus bellos ojos verdes, de mi padre el físico digno de su cultura, con trasero redondo y fuerte, cintura pequeña y labios carnosos.
He tenido dos novios en mi vida, el primero fue Juan, lo conocí cuando tenía 16 años, él fue mi primer amor y primero en todo, estuvimos juntos por casi un año hasta que su padre lo envió al servicio militar, fueron dos años de enviarnos cartas hasta que un día volvió, yo estaba emocionada por recibirlo en su casa pero me sorprendió, pues llegó de la mano de una mujer y una niña en brazos, al parecer una compañera de servicio, ellos se habían enamorado.
Lo odié por un par de meses pero después terminé perdonándolo, él me contó que jamás lo planeo, solo sucedió, no se arrepentía pues su hija era todo en su vida.
Nos seguimos hablando como amigos hasta que un día vi una bandera negra en su casa, solo significaba una cosa, Juan había muerto en batalla, pero no solo el, su esposa también dejando la pobre niña al cuidado de los abuelos.
Mi segundo novio fue Gabriel, él es el hijo del alcalde del pueblo, un chico bello pero problemático, al principio de la relación todo marchaba perfecto, era cariñoso y compresivo pero al pasar el tiempo se volvió celoso y posesivo, al punto que me restringía mis salidas.
Cómo entenderán lo mandé a volar, fueron meses difíciles tratando de alejarme de él, jamás lo acepto así que me asechaba, gracias a Harold que me protegió de sus ataques es que hoy cuento la historia, pues al final terminó en el exterior, su padre lo envió lejos para callar las habladurías y no perjudicada su carrera política.
Ellos dos marcaron mi vida de maneras diferente, sé que los quería y me sentía bien a su lado pero si somos honestos no sentía eso que leía en los libros, almas gemelas, corrientes eléctricas y humedad en mi intimidad.
Salgo de mis pensamientos cuando mi padre me ha dicho que he llegado a la universidad, me espera un día maravilloso menciona.
Le doy un beso y salgo del auto, hoy nos presentarán al sustituto de la maestra Magnolia, una mujer que ya por su edad presentó el retiro, me concentro en mi lápiz amarillo, su color hace que me pierda.
Escucho como dicen que hoy ha llegado el nuevo maestro, le dan la bienvenida al maestro Anthony Dallas, yo sigo jugando con el lápiz hasta que veo como cae al suelo, rápidamente comienza a rodar y yo voy detrás de él, antes de tomarlo, alguien más lo hace.
-Supongo que es tu yo.- mencionó con sonrisa encantadora
-Si maestro Dallas.- mencioné recibiéndolo
Volví rápidamente a mi asiento, desde ahí podía observar al hombre más bello que jamás en mis 23 años había visto, ¿cómo es posible que exista alguien así?
Lo escuchaba hablar, el se estaba presentando y contando su metodología de trabajo mientras que yo lo detallaba, no era para menos, su cuerpo debía ser admirado por completo.
Era un hombre alto, me atrevo a decir que quizás supera a Harold por algunos centímetros, tiene el cabello n***o, su rostro es esculpido y cincelado a la perfección, tiene dientes blancos que cuando sonríe ilumina su rostro, posee ojos azules como el cielo que se ven llamativos bajo sus largas pestañas negras.
Viste un traje de tres piezas gris, su camisa es blanca, sus zapatos negros igual que su correa, su reloj y un bolso de cuero n***o cuelga de su brazo.
Su cuerpo es tonificado al punto que cuando cruza sus brazos se ven como los músculos tratan de romper su camisa, es un hombre deseable, supongo que él lo sabe pues todas las alumnas lo miramos casi sin pestañear.
-Bueno sin más preámbulo es momento de iniciar.- menciona caminando hacia su escritorio.
Fue justo en ese momento que mi corazón se paralizó, el señor Dallas tenía un trasero que incitaba a ser azotado, creo que todas las mujeres de este lugar nos mordimos los labios.
-Iniciaremos con algo muy conocido, Romeo y Julieta.-
-Aww que romántico señor Dallas.- escuché a Claudia decir, ella era la zorra de la universidad, supongo que ya le puso el ojo al maestro.-
-Que tontería.- susurré
-¿Por qué es una tontería?- preguntó el señor Dallas.-
Pensé que mi comentario no se había escuchado pero estaba equivocada.
-¿Qué?- pregunté
El maestro recogió sus mangas, se recostó ligeramente sobre su escritorio, su vista estaba sobre mi, juro que estaba a punto de desmayarme.
-Cuéntanos por qué piensas que es una tontería.- mencionó
-Bueno es una historia donde un par de jóvenes inmaduros, toman decisiones precipitadas sin medir las consecuencias, no me parece adecuado llamar amor verdadero a los sentimientos de una niña de 13 años que a penas descubría la vida, por otro lado Romeo, quien tenía diferencia de edad, la impulsa a tomar este tipo de decisiones, si en verdad la ama debió dejar que hiciera lo que deseaba, de eso se trata el amor verdadero, que la pareja sea feliz, no llevarla a un acorralamiento al punto de quitarse la vida.-
-Entiendo su punto señorita…-
-Fiorella.- respondí
Vi como asintió y continuó con la clase, yo quería abrir un hueco en el suelo y meter mi cabeza, me sentía avergonzada por mis palabras, espero que el maestro no me ponga en su lista negra.
La clase por fin había terminado así que tomé mis cosas para apresurarme a salir, justo cuando iba llegando a la puerta lo escuché.
-Fiorella…-
Me di la vuelta, era el maestro Dallas quien me llamaba.
-¿Si señor Dallas?- pregunté nerviosa
Vi como sacó de su bolso un libro y me lo entregó.
-Quiero que lo leas y me des tu opinión.- mencionó
Comencé a revisarlo, era los miserables de Víctor Hugo, yo sonría complacida.
-¿Ya lo leíste?- preguntó
-Algo así, mi madre me leía un capítulo cada noche.-
-¿Tú madre te leía esta clase de historias?.-
-Si, jamás me gustaron los cuentos de hadas así que ella nutria mi mente con todo tipo de libros, pero este en particular era de mis favoritos.-
-Deseo saber por qué.-
-Señor Dallas, es una historia donde el villano se convierte en héroe a través de la redención, adicional la narrativa es fascinante, la vista de Paris a mediados del siglo XIX es bellísima.-
El sonría mientras me escuchaba hablar, no sabía si estaba de acuerdo con mi respuesta o simplemente se burlaba.
-Un gusto conocerla Fiorella.- mencionó extendiendo la mano.-
Yo la tomé, pude sentir la corriente eléctrica que siempre desee conocer, pero en ese momento caí en cuenta, ese hombre no puede ser parte de mi vida, el maestro Dallas era prohibido.
Me solté de su agarre y salí casi corriendo, aún no sé qué pasó, como es que en tan solo una hora de conocer a una persona sentí que jamás en mi vida lo sacaría de mi cabeza.