Una cita

1545 Words
Un nuevo día había llegado, hoy iniciaba el fin de semana así que me relaje hasta el medio día en cama, mi padre me había mencionado que iría a la ciudad, como una vez al mes lo hace, siempre visitaba a mi tío en la librería, ellos eran socios así que tenía que estar pendiente de todo. A su regreso volvía con una tarta de durazno, yo moría por su dulzura, mi madre decía que iba a morir de un coma diabético por tanta azúcar, pero mi padre no la escuchaba. Al levantarme de la cama pasé a ver mi celular, recordé que se había descargado así que lo conecte a la electricidad, aproveché para tomar un baño, me relaje como hace tiempo no lo hacía. Salí y me vestí, me pondría ropa de casa, no tenía pensado salir a ningún lado, mi madre ya tenía listo el almuerzo, ella como todas las tardes iría a su club de lectura, un grupo de mujeres casadas que se reunían para leer, aunque estoy segura que es para quejarse con libertad de sus esposos. Volví a mi habitación, mi celular tenía la carga completa así que lo encendí, me lleve una sorpresa al ver que tenía al rededor de 10 mensajes, muchos eran de Gina pero tres en particular aceleraron mi corazón. “Espero que guardes mi número de celular, vuelvo a repetir que si necesitas que te acompañe a casa lo haré sin problema, descansa Fiorella.” “¿Tienes planes para hoy? Hay una feria en el pueblo vecino, escuché que algunos escritores enseñarán sin libros, no sé si quisieras ir.” “Perdona si soy un entrometido, quizás tienes planes y yo molestándote, que pases un buen fin de semana.” Revise y todos habían sido enviados en la mañana, rápidamente le escribí uno de respuesta, debe pensar que soy una desagradecida. “Señor Dallas, disculpa no responder antes pero mi celular estaba descargado ¿aún hay tiempo para ir a la feria.” Lo envié mientras mordía mis dedos, rogaba para leyera mi mensaje, fue entonces cuando vi que estaba en línea, el doble chulo azul se vio, yo lancé mi celular a la cama, mis nervios se apoderaban. Escuché como sonó, no era un mensaje, lo que recibía era una llamada. -¿Bueno?- -“Hola Fiorella ¿cómo estás?- -Señor Dallas.- -“¿Haz dormido bien?.” -Si, muchas gracias por lo de anoche, me salvaste la vida.- -“Fue un placer, espero que mi propuesta no la rechaces, no me molestaría llevarte a casa todos los días”.- -Lo agradezco, pero ahora cuéntame de la feria ¿aún hay tiempo?- -"Si, la exposición termina a las 8:00 de la noche así que tenemos tiempo ¿puedo pasar por ti?”- -¡Claro! Me iré alistar ¿en cuanto tiempo llegarás?- -“30 minutos ¿está bien?”- -Está perfecto, nos vemos entonces.- Colgué la llamada, pasé al armario era importante escoger un atuendo ideal, el verano va llegar así que puedo vestirme ligero. Tome un vestido blanco, era ajustado en mi pecho hasta la cintura, sus mangas eran estilo muñeca, en la cadera tiene vuelo, es corto pero sin ser vulgar. Mi calzado eran unas zapatillas con tiras color café, eran un poco altas, hacía que mis piernas se vieran largas y estilizadas. Dejé mi cabello en ondas, un maquillaje suave, no me gusta el exceso, un poco de rímel y brillo de labios. Creo que acabé toda mi loción, me aplicaba por todo el cuerpo, espero que huela bien para el señor Dallas. Escuché que un auto se estacionaba, seguro ya había llegado, tomé mi bolso un abrigo y salí. Al abrir la puerta lo vi, él estaba de espalda, mis fosas nasales se expandieron al sentir su olor, el se dio la vuelta para encontrarme con sus bellos ojos. -Hola señor Dallas.- -Fiorella.- respondió sonriendo Estoy casi segura que sigo durmiendo, no es posible que este hombre esté en mi puerta, me ha hecho una invitación, estaremos los dos compartiendo en algo que para mí es como una cita. -Te ves muy hermosa.- -Gracias, también estás bello.- Comenzamos a caminar hacia su auto, me abrió la puerta y me subí con cuidado, tenía en mis piernas el abrigo y mi bolso. El señor Dallas se subió, encendió el auto y comenzamos el camino, yo quería conversar pero no sabía qué decir. -¿Qué tal tus clases?- preguntó -Bien, espero terminar pronto.- -¿Tienes planes para después de la universidad?- -Por ahora irme a la ciudad donde un tío, el tiene una librera, trabajaré mientras consigo un puesto en alguna editorial.- -Entonces deseas irte.- -Si, siento que no hay mucho para mí en este pueblo.- -Tienes… ¿tienes novio?.- -No, tuve pero no funcionó.- -Entiendo.- -Señor Dallas ¿tiene esposa?- -Tuve, me separé hace un par de meses.- -Lo lamento.- El solo sonrío, yo estaba feliz, eso significa que no tiene compromiso en este momento, una esperanza nacía en mi. El camino a la exposición duró 40 minutos, el tiempo lo utilizamos para hablar de gustos literarios, un poco del clima y de la universidad, el señor Dallas mencionó que llevaba más de 10 años dedicado a la docencia, eso me hizo preguntar su edad. -Tengo 38 años.- -Bien conservado.- mencioné sin pensar.- -Aprecio lo que dices.- Gracias al cielo por fin habíamos llegado, ya tenía vergüenza de seguir hablando. Observaba el lugar habían tantas personas, todas igual de emocionadas a mi. -Vamos.- -Si.- Los dos comenzamos a caminar, la gente pasaba hablando de sus libros yo me sentía en Disneylandia, fue en ese momento cuando sentí como me tomaron de la mano. -No quiero que nos perdamos en el lugar.- mencionó el señor Dallas.- Yo solo asentí y me sujeté con fuerza. El me iba explicando todo el lugar, por lo que veo estaba dividido por secciones, yo me enfoqué en una, suspenso y terror, son algunos de los géneros que últimamente me gustaba leer. Un escritor hacía su debut, su libro se llamaba El pájaro cantor, cualquiera diría que es algo inocente, pero su escritura era turbia y espeluznante. -¿Te gusta?- escuché al señor Dallas hablar -Si, escuché sobre ese libro, quisiera cómpramelo.- -Pues vamos.- Los dos nos acercamos, el escritor firmaba los libros, era nuestro turno así que me preparé para saludarlo. -¿Qué nombre pondré aquí?- preguntó el chico. -Soy Fiorella.- -Entonces con cariño para Fiorella.- Yo solo sonría, un autor estaba firmando mi libro. Lo tomé y salí de la sala, lo revisaba por todos lados, hoy era el mejor día de mi vida. -¿Estás feliz?- -Señor Dallas muchas gracias por traerme, no me alcanzará la vida para agradecértelo.- Me acerqué y lo abrace, sentí como sus manos rodeaban mi cintura, creo que me sentía a salvo en su pecho, pero claramente no estaba bien. Me retiré lentamente, mencioné que quería seguir recorriendo el lugar, yo me enamoraba de cada libro que veía, el señor Dallas lo compraba y hacía que lo firmara. Algunas chicas esperan flores y una gran cena, yo estaba enamorándome del hombre que me daba libros, no cambiara este momento por nada del mundo. Entrada la noche fuimos a cenar, hablar con el señor Dallas era tan natural, los dos parecíamos que estábamos en la misma sintonía. Pero el momento de volver a casa había llegado, de nuevo estábamos en el auto, ahora yo era un loro que no paraba de hablar mientras que el señor Dallas me observaba. -Debes decirme cuánto pagaste por todos los libros, te repondré el dinero.- -Son un regalo, no te cobraré.- -Déjame hacerlo, me llevaste hasta la exposición, pagaste por la cena y los libros, yo solo he sido un gasto para ti.- -Bueno si quieres pagarme, la próxima salida invitas tú.- -¿Saldremos de nuevo?- -Solo si tú quieres.- Mi corazón latí a mil por hora, el señor Dallas quería volver a salir conmigo. -Está bien, la próxima yo invito.- Una vez en casa, pude ver que mis padres aún no había llegado, el señor Dallas bajó todos mis libros, sé que algunos eran pesados, yo me apresuré abrir la puerta, lo invité a seguir. -¿Dónde los dejo?- -Sobre la mesa, muchas gracias por traerlos.- El señor Dallas así lo hizo, después vi como caminaba hacia la salida, yo no sabía qué decir, quizás un gracias por todo, pero no me salían las palabras. -Que pases buena noche Fiorella.- mencionó -Señor Dallas, la he pasado muy bien, en verdad lo agradezco.- -Fue un placer, nos vemos el lunes.- -Si.- Me dio la espalda para marcharse pero yo quería hacer algo así que lo detuve. -¡Señor Dallas!- El se dio la vuelta, aún no se había subido a su auto. -¿Si?- -¿Es muy pronto si le hago una invitación?, bueno si puedes.- -¡Claro!- -Quisiera que me acompañaras a beber unas cervezas.- -¿Dónde quieres ir?- -Hay un bar a las afueras ¿vamos?- -Andando.- Tome mis cosas y me subí a su auto con rapidez, no sé que pueda pasar esta noche pero deseo que jamás termine.
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