Veo a la gente hablar, sé que todos desean cosas buenas para mí y mi padre, pero no quiero escucharlos, mi vista está en el féretro que pronto será cubierto por tierra negra y húmeda.
Mi papá llora sin que pueda detenerlo, se fue el amor de su vida, son 40 años los que pasaron juntos, pero más que su partida es la impotencia de no poder hacer nada, el médico nos informó que habían registros de ella en el hospital que decía que sufría de un soplo en el corazón, por supuesto que jamás lo mencionó.
Ella murió sola sin que nadie pudiera ayudarla, mi presentimiento ese día era una alerta de que algo malo pasaría, debí tenerlo antes de salir en casa, pues su hora de muerte fue sobre las 8:00am, justo 15 minutos después de mi salida rumbo a la universidad.
La hora por fin llegó, las personas depositan rosas blanca mientras que el encargado del campo santo va bajando su cuerpo.
Yo sigo sentada, supongo que llevo más de una hora en la misma posición, el viento mueve los árboles permitiendo que las hojas salgan volando, mi rostro siente esa fresca brisa, quiero pensar que es mi madre quien se despide de mi.
Uno a uno se van marchando, algunos besan mi frente, otros solo tocan mi hombro, mi tía Cecilia lleva de la mano a mi padre, supongo que como su hermana tendrá palabras para aliviar el dolor de su corazón.
La lluvia comienza hacer presencia, pero veo que las gotas no me mojan, levanto ligeramente mi rostro para encontrarme con el señor Dallas, él está a mi lado de pie sosteniendo su paraguas.
No habla, solo se queda inmóvil protegiéndome de la lluvia, yo no le pierdo movimiento alguno al encargado, por fin había terminado de cubrir a mi madre, era el momento de ponerme de pie.
Me acerqué con cuidado, coloque una rosa blanca encima, mis lágrimas salían sin poder detenerlas, fue justo cuando sentí que me tomaron la mano.
Vi que la noche cayó y los dos seguimos en el misma posición, no era necesario las palabras, hoy sentía que él estaba para mí, eso era lo único que me importaba.
-Te llevo a casa.-
-No quiero ir.-
-Entonces dime dónde quieres ir y te llevo.-
-No lo sé, quizás a la posada del pueblo, quiero dormir allí.-
El señor Dallas me llevó a su auto, jamás soltó mi mano, no sé si temía que saliera huyendo y jamás volviera a este pueblo.
Observaba desde la ventana, la gente vestida de n***o estaba regresando a sus casas, yo solo suspiraba, ayer era la mujer más feliz del mundo y hoy soy un alma en pena.
-Llegamos.- escuché decir
Me bajé de su auto en piloto automático, sé que era el único edificio de departamentos del pueblo, supongo que también alquilan por noches.
Subimos al quinto piso, el señor Dallas abrió la puerta permitiendo mi ingreso, todo se veía tan sobrio y a la vez minimalista, los libros estaban por todo el lugar.
-¿Es tu departamento?-
-Si, por favor siéntete cómoda.-
-Estoy avergonzada, creo que iré a la posada.-
-Quédate, no quiero que pases la noche sola, déjame te preparo algo de comer y no te negarás.-
Me senté en su sofá, vi como pasó a la cocina, con habilidad comenzó a preparar la comida, mientras esperaba me pasó una taza de té, el cual diré que me supo a gloria.
-¿Tú hijo a qué horas llega?-
-El no vive conmigo.-
-¿No?-
-Digamos que él y yo tenemos una relación complicada, me culpa de la separación con su madre así que decidió vivir solo.-
-¿Dónde vive?-
-En los dormitorios de la universidad, solo viene aquí cuando quiere ropa limpia y dinero.-
-Entiendo.-
-¿Quieres tomar una ducha mientras termino la cena?-
-No tengo ropa.-
-Puedes tomar lo que quieras de mi armario, quiero que estés más relajada.-
Me levanté y fui a su habitación, sabía que era la más grande al final del pasillo, con cuidado abrí su armario, había camisas ordenadas según su color, los zapatos perfectamente alineados, igual que el resto de sus accesorios, por lo visto es obsesionado por le orden.
Tome una suéter gris, era lo suficientemente largo para cubrirme, fui en busca de su baño, sé que era algo incómodo pero necesitaba lavar mi cuerpo.
El baño era impecable, los productos de aseo estaban ordenados según su tamaño, abrí la llave esperando que el agua cayera por mi cuerpo, me perdí por un momento, los recuerdos de mi madre venían a mi mente, sé que extrañaré verla arreglando el jardín.
Salí y tomé una toalla, comencé a secarme el cuerpo, me miraba al espejo, me veía horrible, creo que no era falta de maquillaje, simplemente no tenía alma.
Me puse el suéter, me cubría lo esencial, tomé mi ropa y la doblé con cuidado, no quería dejarla por ahí, con mucha rapidez limpié el baño, no quiero que el señor Dallas piense que soy desordenada.
Era momento de volver con el, comencé a caminar lentamente, quería observar todo el lugar, cada cosa estaba puesta estratégicamente, no había margen de error.
Llegue a la cocina, el olor que percibí era delicioso.
-¿Qué tal el baño?- preguntó colocando los platos en la mesa.
-Estuvo bien, te lo agradezco.-
-Ven a comer.-
Movió mi silla para que pudiera sentarme, yo me senté con cuidado, el señor Dallas había preparado una pasta con salsa pesto, también una preparación simple de salmón con finas hierbas.
-Espero todo sea de tu agrado.-
-Gracias.- mencioné y me dispuse a cenar, todo era delicioso, el señor Dallas cocinaba muy bien, creo que no había probado alimento desde que encontré a mi madre sin vida.
-En verdad te agradezco por esto, me da vergüenza que me tengas en tu casa.-
-Para mí es un placer, come todo por favor, después te llevaré para que descanses.-
No hubo una gran conversación, solo cosas básicas, también hablamos de literatura, supongo que en eso nos entendemos muy bien.
Agradecí la cena, tomé los platos y los lave, el señor Dallas mencionó que lo acompañara a su habitación, me sentía nerviosa pese que sabía que él no será un atrevido conmigo.
-Acuéstate en mi cama, yo dormiré afuera.-
-¡Espera! Puedo dormir en el sofá, no tienes que darme tu cama.-
-No hay problema, entra ya a la cama.-
-¿Y si duermes conmigo? No me malinterpretes, es solo que no quiero estar sola.-
-Está bien, dormiré a tu lado, iré a tomar una ducha y ya vuelvo.-
Me mentí bajo las sábanas, no negaré que está cómodo y abrigado.
Siento que mis párpados pesan, estoy a punto de dormirme, fue donde sentí que la cama se movió, por lo visto el señor Dallas ya está a mi lado.
-Señor Dallas, gracias por acompañarme el día de hoy.- mencioné casi cayendo en el sueño.
-Haría lo que sea por ti Fiorella.- mencionó y besó mi cabeza.-
Como si fuera un somnífero quedé profunda, pensé que no dormiría por el dolor del recuerdo de mi madre pero me equivoqué.
Me desperté desubicada, creo que tarde unos segundos en reaccionar, por lo visto no fue un sueño, dormí en la cama del señor Dallas.
Gire mi vista, el hombre que se estaba convirtiendo en un ser importante para mi vida dormía plácidamente.
Con cuidado me senté en la cama, me estiré un poco hasta que sentí que me sujetaron de la cintura.
-¿Dormiste bien?-
-Cómo nunca, gracias señor Dallas.-
-Por favor dime Anthony.-
-Es atrevido de mi parte.-
-Por favor, creo que tú y yo estamos en un nivel más íntimo como para que pongas barreras, hasta compartimos la cama, insisto que me llames por mi nombre.- Mencionó mientras beso mi hombro.-
Después lo vi caminar hacia el baño, solo tenía puesto su pantalón, es increíble que su cuerpo se viera tan bien, debe pasar horas haciendo ejercicio.
“Aún no entiendo qué quiso decir que estamos a otro nivel, uno más íntimo, ¿acaso él y yo?… no puede ser posible.”