Amaya se probaba ropa mientras Pedro hacía sus divertidos comentarios teñidos de sarcasmo e ingenio. No podían creer la inmensidad de aquel palacio, se sentían privilegiados y muy felices de haber conseguido aquel trabajo y pensaban disfrutarlo al máximo, enfundados en sus mejores vestuarios. Era una gran oportunidad y no había nada que agradecieran más que el hecho de poder hacerlo juntos. -¡Tenemos que irnos! - el grito de Cloe, seguido de un estrepitoso portazo los sacó a ambos de su narcótica risa. -Cloe ¿Estás bien? - le preguntó Amaya con algo de alarma en su voz. -¿Qué te pasó, mi vida? ¡Parece que viste un fantasma! - le dijo Pedro acercándose a ella. -¡Está acá! No sé en qué sector trabaja pero vive en este castillo.- les dijo Cloe tomando asiento sobre la cama y colocando

