—¿Es necesario hacer esto de nuevo?, según Luca ya habían arreglado la casa cuando se fueron los inquilinos —quejé, acercándome hacia el baño donde estaba mi madre limpiando, mientras que yo había estado cambiando las camas, ya que habían acumulado polvo por el mes que estuvo desocupada, pero eso no significaba que toda la casa estuviese en mal estado—. Pensé que ellos contratarían de nuevo a una empleada, es más eficiente.
—Este viaje fue casi de imprevisto, ten un poco de consideración. Es la madre del señor Hamill —respondió y rodé los ojos.
—Pasaron diez años, no me interesa tener consideración cuando me quita mi tiempo. ¿Sabes cuántas debo hacer? —cuestioné, sentándome en una silla que estaba diagonal a la cama king size de los Hamill.
—De hecho nada, te conozco —salió del baño solo para decirme eso y bufé.
—En todo caso, esta no es mi responsabilidad —levanté los hombros.
—Ser humano si lo es —volví a rodar los ojos—. Además, vendrá Theodore. Hace años que no saben nada del otro, ¿no lo extrañabas?
—No, con el tiempo dejas de querer a la gente —me crucé de brazos, perdiendo la mirada en un punto ciego.
La ví salir de reojo, para observarme en silencio, pero ella sabía cuan me había afectado haberme alejado del niño, por qué lo había aprendido a querer como un hermano y lo cuidé tantas veces, que su bienestar se había vuelto vital para mi, por lo que no evité sentir resentimiento cuando no volvió a comunicarse con nosotros.
—No deberías de pensar así, pudieron haber pasado muchas cosas. Ya tienes la oportunidad de saber por qué; solo mira a tu hermana. Myles y ella cortaron comunicación por la distancia —comentó, volviendo a su labor.
—Lo de ellos ya era un fracaso. Estaban en dos continentes diferentes, ¿que hubiera podido resultar de ahí?
—Bueno, el punto es que pudo ser cualquier cosa. ¿Podrías pasarme el desinfectante que está en la puerta? —preguntó y asentí, aunque no me viese.
Me levanté de la silla bufando, pero me detuve de golpe cuando me encontré casi frente a frente con un hombre parado en la puerta de la habitación; estaba recostado, indiferente.
—¿Mamá?
—¿Que pasó? —cuestionó desde el baño.
—Creo que se metió un extraño a la casa —dije sin despegar la vista del hombre, por qué no tenía la menor idea de quién era.
Su cara me parecía familiar, pero no lo había visto antes.
—¿Que se metió que...? —preguntó, saliendo del baño, quedando detrás mío. Abrió los labios sorprendida—. ¿Theodore? —dijo ella y el sonrió de medio lado, como si le diese la razón. Quedé de piedra en mi lugar—. Mírate, que grandote estás —se acercó mi madre a él, desbordando de felicidad para abrazarlo y yo no sabía cómo reaccionar.
Fue como si me diesen una cachetada mental y me hubiesen reiniciado el Windows, por qué no me hubiese imaginado ver al pequeño Theodore convertido en un hombre de revista.
Se veía completamente otra persona; tenía sus mismos ojos grises, pero más profundos y las facciones de su rostro eran más definidas. Y por si no fuera poco, le ganaba casi por dos cabezas a mi madre y las dos teníamos la misma estatura.
Con toda razón no lo reconocí en cuanto llegó, no se ve nada a como yo lo conocí o me lo imaginé al volver. No me tomé jamás el tiempo de conocer como era al pasar de los años, pero mi madre evidentemente si.
No sabía cómo explicar, pero tenía muchos sentimientos encontrados y entre ellos estaba ese resentimiento que volvió aparecer después de tanto tiempo; no podía entender por qué me estaba sintiendo tan confundida, como si estuviese en un mal sueño y mi cabeza fuese la mente maestra de ese circo malicioso.
Muchas veces lo extrañé, pero el tiempo pasó y volver a verlo, me hacía sentir extraña, como si se reviviesen esos sentimientos.
Tenía mezclada la felicidad con la tristeza y el enojo.
—Crecer te favoreció. Tan pequeño que eras y mírate ahora, ya seguro pasaste a tu padre —dijo mi madre, rompiendo el silencio. Él asintió, pero me veía de reojo, como si tratase de hacer algo o estuviese esperando que yo lo hiciese, pero no podía. La confusión podía conmigo y una parte de mi quería salir corriendo, para no verlo, pero otra si quería abrazarlo.
—Si, Myles también quedó pequeño. El único que creció fui yo —se encogió de hombros.
—Myles ya estaba viejo para crecer —burló mi madre y ambos rieron; su voz masculina me coló los huesos.
—Si. ¿Y Luca? —cuestionó y ella sonrió.
—Luca ya es todo un hombre también, yo diría que hasta tienen la misma estatura —comentó—. Está estudiando ingeniería de sistemas en la misma universidad de Valerie —me señaló y me tensé, como si me hubiesen acusado de algo. Él me miró de reojo de nuevo—. Seguro le va a poner contento verte de nuevo y saber que hiciste, pasó mucho tiempo desde la última vez que se vieron.
—Diez años, si —dijo y se lamió los labios; por un segundo le cambió el semblante a algo que no pude identificar, pero seguro no era bueno por lo apagado que se vió.
—Bueno, en estas semanas que viene toda tu familia podrán adelantar mucho —dijo mi madre y tensé la mandíbula—. También lamento mucho lo de tu abuela. ¿Estas bien?
—Si, gracias, no te preocupes —suspiró—. No la conocí mucho, vivía muy lejos y no parecía que le agradase, así que no me afectó la noticia.
—¿Y tus padres?, pensé que llegarían en varios días, no tan rápido —ladeó la cabeza mi madre, extrañada.
—Ellos vienen después —asintió—. Vine para asegurarme que todo estuviese bien con la casa, en caso de ser necesario arreglar algo para cuando ellos vengan. Mucha familia vendrá, así que papá quiere que todo esté en orden.
—¿Si? —cuestionó mi madre, dándole paso hacia mi—. ¿Solo eso?
Él me miró esta vez fijamente y se acercó a mi lentamente, quedando frente a mi y por su altura me vi obligada a subir la cabeza. Mi cuerpo no quería reaccionar.
—También vine por mi futura esposa.