La nueva casa de Rosa era hermosa. Tenía un gran jardín y una galería enorme que se había vestido de fiesta para festejar los 6 años de su hijo Martin. El pequeño corría por el lugar intentando mitigar la ansiedad de la espera. ¡Quería que sus amigos llegarán lo antes posible! Mariano estaba junto a la parrilla controlando que todo estuviera correcto, con su chomba de pique impoluta, como si fuera inmune al humo que comenzaba a irradiar aquel artefacto. Rosa le daba indicaciones a los del servicio, caminaba de aquí para allá con gesto de enfado, últimamente era el que solía tener la mayor parte del día. Se había convertido en una mujer rezongona, que parecía nunca estar a gusto en ningún lugar. Pasaba sus días cuidando a Martín y mientras el pequeño estaba en el colegio, iba de compras

