El Rey Kael llevaba un rato en silencio, caminando solo por los jardines del albergue real en la tercera ciudad. El cielo comenzaba a teñirse de tonos dorados y azul ceniza, y el viento traía un olor extraño. No era peligro había aroma a ausencia. El vínculo se debilitaba cada vez que se movía de ciudad en ciudad. Ella no estaba allí,no la sentia como antes. No la sentia aún. Pero cada paso que daba la sentía más lejos. Como si el destino jugara a esconderle lo que la Luna le había prometido,como si alguien estuviera atrasando, modificando, torciendo el curso natural de las cosas. En ese momento, Elías se acercó a donde estaba parado .Tenía el ceño fruncido y la mirada tensa. Sus pasos eran firmes, pero en su interior, una decisión difícil acababa de tomar forma. —Majestad —dijo, con r

