CAPÍTULO: La Sombra del Silencio Carlos caminaba de un lado a otro en la sala del Consejo, como si el mármol bajo sus botas pudiera darle respuestas. Las puertas seguían cerradas, las cortinas corridas, la chimenea apagada… y el Rey Kael, ausente. —Esto no es normal —dijo por cuarta vez, deteniéndose frente al hogar inerte—. Kael jamás desaparece sin dejar aviso. Ni cuando murieron sus padres. Ni siquiera cuando era solo un adolescente con el alma rota. Desde el escritorio, Diego levantó la vista. Tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados, pero una paciencia forjada a fuego por los años. —Es el Rey —respondió con un dejo de duda—. Siempre supo lo que hacía. —No esta vez —susurró Carlos—. Esta vez es distinto. Estaba... buscando algo. Lo vi en sus ojos el día que se fue. No era un v

