Capítulo: Lo Que Despierta el Corazón El sol descendía lentamente sobre el castillo, tiñendo los muros de una luz suave como una promesa que no se dice en voz alta. La brisa nocturna comenzaba a colarse por las ventanas abiertas del ala norte, moviendo las cortinas como si fueran lenguas de seda que danzaban en silencio. El aroma a tierra mojada y flores dormidas, se mezclaba con el perfume tenue de las jóvenes que hablaban frente al ventanal abierto. Aitana estaba sentada al centro del sofá , con las piernas recogidas y las manos sobre el pecho. Su expresión era extraña. Como si, por primera vez, ya no estuviera viendo el paisaje... sino viéndose a sí misma. —¿Te sentís bien? —preguntó Catalina, con esa ternura protectora que solo las hermanas del alma conocen. —No sé… —respondió Ait

