Capítulo: El Nombre de las Hijas de la Luna Las bombillas de luz parpadeaban con violencia, como si supieran que esa madrugada no traería paz para nadie . Las paredes de piedra del calabozo exhalaban frío, humedad y una tensión densa que se podía cortar con un cuchillo. El aire olía a confesión. El Rey Kael bajó primero, escoltado por el Gobernador Víctor Salazar y dos guardias armados. Vestía su abrigo largo n***o, los guantes puestos, y el rostro tallado en mármol. No era el joven que había encontrado a su Reina. Era el Rey que no perdonaba a sus verdugos. Frente a ellos la celda donde Sor Constanza tiritaba envuelta en una manta raída, los pies mojados, las manos huesudas aferradas a los barrotes. Tenía los labios rotos por el frío y los ojos rojos de llorar. El agua helad

