Capítulo: El Despertar de Eugenia La tarde caía sobre los jardines del castillo con una suavidad casi mágica. Los rayos del sol se filtraban a través de las altas ventanas del ala norte , proyectando sombras tibias sobre el suelo de piedra. Afuera, las magnolias se mecían con el viento tenue del atardecer, mientras el canto de los mirlos se mezclaba con el murmullo de la fuente central. Eugenia avanzaba por los pasillos con pasos lentos y contenidos, como si el mínimo ruido pudiera delatar el caos que llevaba dentro. Llevaba un vestido de algodón , amplio, de mangas largas y cuello redondo, apenas ajustado a la cintura con un lazo. Con una mano se sostenía el vientre, como si tratara de contener un fuego que amenazaba con expandirse. Le dolía todo el cuerpo pero no era un dolor físic

