Capítulo 13 Seguido por los dos jóvenes frailes montados en los mulos y, más atrás, por el párroco a pie, Padre Ignazio entró con toda la arrogancia de la que era capaz en la casa del alcalde, Germano degli Ottoni. Esté último lo miró con el ceño fruncido, desconcertado por la intrusión en su mansión privada. Enseguida se preocupó por proteger a su esposa e hijos, mandándoles a las estancias contiguas y se enfrentó al dominico. ―¿Qué queréis? No creo que el hábito que vestís os dé derecho a irrumpir en mi casa. Si queréis hablar conmigo volved mañana por la mañana a la residencia del concejo. ―Es una cuestión de la máxima urgencia. Mañana por la mañana sería demasiado tarde. Mañana por la noche será luna llena y nosotros, los inquisidores, sabemos que brujas y brujos, que por desgracia

