Después de despedir a mi profesor de esta vida, las clases se suspendieron, tal y como lo dijeron los amigos de papá. Mi madre y las mamás de mis compañeras no entienden el por qué se cerró la escuela, el anuncio del cierre fue preocupante y horroroso para nuestras madres. Solo nuestros padres y, claro yo también, sabemos él porqué.
Margaret está muy preocupada por mis clases, he escuchado las pláticas privadas de mis padres; mi madre dice que estoy perdiendo el tiempo, pregunta qué está ocurriendo, pero padre no le responde. Thomas solo se justifica diciendo que pronto lo arreglará, que el futuro de su hija seguirá brillando, el cierre de la escuela no arruinará mi carrea. En pocas palabras, sus planes.
Tengo miedo que papá en verdad traiga a ese famoso señor profesor de que le habló Roger hace días, el famoso señor Gareth Rouxel Meyer.
El solo imaginar su fría y dura personalidad me aterra que no soporte mis rabietas y me acuse con mis padres. A pesar de que no me gusta la carrea que estoy aprendiendo, soy la chica con las notas más altas de la ciudad, es por ello, que mis padres están orgullosos de mí, pero eso no quiere decir que tenga una personalidad extrovertida.
Mamá grita desde abajo que vaya cenar. Salgo de mi habitación, entro a la cocina y me siento en mi respectivo lugar, al lado izquierdo de papá. Mamá sirve la cena, y al terminar comenzamos a comer los alimentos, para después ella sentarse en su lugar.
—Han pasado diez días desde que Winter no ha tenido clases —se queja mi madre después de beber el vino tinto de su copa.
—Tranquila, Margaret. El que la niña se tome unos días de descanso no le afecta en nada —me apoya papá.
—Thomas. Solo está perdiendo el tiempo. He estado tan ocupada con los vestidos que no he podido ver, si por su propia cuenta sigue estudiando.
Y la respuesta es: No. Es obvio y lógico que no he agarrado un libro de algebra y mucho menos medicina.
—Winter, deberías repasar tus clases —propone papá.
—Si, padre —no lo contradigo, nunca lo hago.
—Aun así, debemos hacer algo. Winter no sé puede quedar a la mitad de la carrera, debe terminar sus estudios.
—Lo sé, Margarte. Nuestra hija debe ser exitosa… Y tranquila, ya lo estoy arreglando.
— ¿En serio? —mamá se sorprende ante el repentino aviso de padre.
—Si. Roger Willson me recomendó un profesor muy bueno.
Mamá se emociona al escuchar que seguiré con la aburrida carrera de medicina.
— Y, ¿quién es?
—Es un excelente hombre, tienen una grandiosa reputación académica. Excelente para ser el profesor personal de Winter.
Al escuchar la palabra profesor personal me atraganto con el trozo de zanahoria hervida, de inmediato sujeto mi copa y le doy un trago a mi agua.
Thomas voltea a verme y yo solo le hago una falsa sonrisa.
En verdad mis padres pagarían una fortuna con tal de que yo continúe con mis estudios y ser la mejor de todo la ciudad o el país si es posible.
— ¿Cómo se llama ese excelente profesor?
Mis padres se ven más afectado en mis estudios que yo misma.
—Es Gareth Rouxel Meyer. Estudio medicina, es especialista en literatura, tiene doctorado en ciencias de la salud ocupacional y está estudiando el área de geometría diferencial —repite las mismas palabras de su amigo el arquitecto.
— ¡Guao! ¡Que grandioso es la reputación de ese hombre! —mamá se emociona al escuchar los logros del aburrido señor —. Es perfecto para que le enseñe a nuestra querida Winter a tener una excelente vida profesional y académica.
—Si, me encargaré te contactarlo y pedirle que le de clases privadas a nuestra hija. Por el bien de su futuro.
Thomas, con su grande mano alborota mi cabello en forma de acaricia. Sonrió falsamente y continúo comiendo sin decir alguna palabra.
No puedo recriminar nada de lo que dicen mis padres porque soy menor de edad y estoy viviendo en su casa, mi palabra no tiene voto. En mi corta vida mis padres son los que opinan y deciden por mí.
Sin ánimos dejo de comer y le pido a mis padres retirarme a mi habitación, padre se preocupa por no terminar mis alimentos, pero mi madre dice que sí. Para ella entre más delgada sea, mejor. Quisiera ir a mi lugar favorito, pero es muy tarde para salir a las calles de Oxford Street, además es muy obvio que mis padres no me dejaran salir a estas altas horas de la noche.
Decido ponerme el camisón para acostarme en la cama y quedarme ahí perdiendo el tiempo hasta que el cansancio me venza.
Pero en vez de hacerlo me acerco a mi ventana a observar el oscuro cielo brillante. Abro la ventana y el frio aire me recibe haciendo que mi piel se erice.
Se siente refrescante.
Me siento en el acolchonado baúl polaco beige que está pegado a la ventana y me quedo ahí contemplado el cielo. Quiero relajarme, olvidarme por completo quien soy.
Mis amigas de la escuela son personas libres, y yo no lo soy. En nuestros recesos de media hora en la escuela, ellas platican de sus aventuras con los chicos, incluso a su corta edad tuvieron y han tenido relaciones sexuales con los jóvenes hijos de los hombres más codiciados de la ciudad.
Y yo, no he hecho nada de ello, para mis padres como la sociedad, es mal visto tener relaciones con diferentes hombres. Es por ello que mi padre y mi madre se han encargado de alejarme de los hombres. He tenido pretendientes, pero siempre tengo que rechazarlos, mis padres no me dejarían salir con un joven, al menos, que ellos lo estudien por completo para saber si es el indicado para mi, de mi clase.
La única manera de tomar mis propias decisiones es liberándome de mis padres; no vivir con ellos y esos será, para ellos, el día en que me case y viva con mi esposo.
Suspiro pesadamente, me enfoco en los altos arboles que se ven a lo lejos. Aquellos arboles los reconozco bien, es donde esta mi lugar secreto. Y en un segundo mi pensamiento cambia, de pensar en mi cabaña pasa en pensar en el extraño y misterioso profesor.
No lo conozco, ni un poco. Lo único que puedo pensar de él es de acuerdo a las lenguas externas, sobre su aspecto y su profesionalidad dicen ser un hombre mayor. Imagino que puede tener una esposa e hijos. Pero padre dice lo contrario, es joven, y con esa descripción le agrego el doble de amargura a su personalidad que debe tener.
El solo imaginar a él estando solo, encerrado estudiando todos los días, dedicándose al 100% a sus profesiones, lo único que pienso es lo introvertido que debe ser. Un hombre reservado, exigente, poco sociable, amargado, estricto, exigente, entre otros aspectos más.
Simplemente el y yo no nos llevaríamos bien, es lo contrario a mí. Los pocos amigos y en su mayoría amigas suelen ser como yo o un poco más de extrovertidas.
Bufo de cansancio al pensar que tendré que estudiar con él durante un año completo. Tengo que ser paciente y comportarme bien con él. Tendré que tolerar su fría aura profesional.
Cansada de mi vida, dejo de mira la luna y cierro los ojos imaginando las restricciones que tendré en el momento en que retome mis clases. En el transcurso de mi imaginación me quedo dormida.
Al despertar lo primero que mi madre me pide hacer es ayudarle con la limpieza de la casa. Aunque hay personal para ello mi madre dice que no puedo quedarme sin hacer nada en casa. Como mujer debo también aprender a hacer los quehaceres de la casa, eso me beneficiará en un futuro; sé a lo que se refiere, cuando eso pasé yo estaré esposada a un hombre, probablemente de la alta sociedad aprobado por mis padres.
Los siguientes días fueron los mismos, limpiando, podando, lavando, puliendo y barriendo toda la casa, y de vez en cuando ayudar a madre a atender a sus clientas frecuentes.
Al ver el cumulo de hojas en el jardín, cansada de barrer, aviento la escoba y esta cae en el podado pasto. Le digo a la empleada que termine de recoger las hojas, ella asiente y yo me adentro a casa. Sedienta, me dejo caer en el sofá de la sala.
—Winter Jerim. Levántate a comer —mamá grita desde la cocina.
Frustrada, me levanto del sofá y voy directamente a lavarme las manos, al terminar voy al comedor y me siento en mi respectivo lugar, hacia la izquierda. En unos cortos minutos baja papá y se sienta en su respectivo lugar. Mamá y Emma, la señora ama, traen la comida.
Terminando de servir Emma se va y mamá se sienta a la derecha de papá.
Todo está bien y tranquilo, lo de siempre. Hasta que papá termina de comer su sopa y espera a que mamá le sirva el segundo tiempo.
—Tengo buenas noticias para ustedes —feliz, anuncia papá.
Margaret dejar de servir la comida dejando en plato de porcelana en la mesa y se enfoca ante lo que dirá padre.
— ¿Qué es? —mi madre se emociona.
Yo solo dejo de comer y me enfoco en mi progenitor, todas las cosas que según para ellos es interesante, para mi no lo son.
—El profesor Gareth Rouxel acepto ser el profesor de Winter —dice con emoción.
Madre se emociona antes las palabras de mi padre. De mi parte, lo único que hago es una mueca de desagrado.
«¿Qué pensabas Winter? ¿Qué tu carrera como futuro medico terminaría? Pues no, eso es lo que quieren mis padres y así será.»
Después sonrió falsamente con pocos ánimos.
—El futuro de nuestra hija está asegurado. No más escuela, tendrá su propio profesor.
Mamá y papá se ven felices ante la noticia. Y es por ello que no me niego a sus decisiones, el verlos feliz me hace sentir que cumplo bien mi papel de hija, aunque yo no sea feliz.
— ¿Enserio?, ¿cuándo será eso? —pregunto fingiendo interés.
—El domingo viene a Oxford, se mudará y al día siguiente vendrá a casa para comenzar con las clases privadas.
Eso quiere decir que dentro de tres días retomaré las clases de medicina y mi cerebro me indica que debo retomar los apuntes de mi ultima clase o de lo contrario tendré problemas por no recordar.
—Winter, hija —me llama papá —. Quiero que aproveches y aprendas todo de él. Me has demostrado que eres una excelente hija y estoy orgulloso de ti. Sigue así y pronto serás un éxito.
Su grande mano toma mi pequeña cabeza y me jala para besar mi frente.
—Eres mi orgullo, pequeña. Te quiero mucho.
—También te quiero, padre.
Sonrió ante sus palabras. Son pocas la veces que mi padre muestra afecto y el escuchar que me quiere y está orgulloso de mí, me hace sentir bien, como si hubiera ganado un trofeo.
—Si padre, aprenderé todo del profesor Rouxel. Me convertiré en un gran médico, así como tú.
—Así como yo, pequeña.
Lo abrazo y mamá se une a nuestro abrazo familiar.
No quiero defraudar a mi padre, él a puesto toda su confianza en mi y no quiero decepcionarlo. Aunque no me guste me convertiré en un gran médico. Aprenderé todo del nuevo profesor, el misterioso señor Rouxel Meyer.