Le doy un ultimo repaso a mis apuntes. En unos minutos llegará mi padre junto al extraño profesor. No quiero dar mala impresión a la primera vez. Supongo que padre le hablo bien de mí y, por supuesto, no quiero quedar mal.
El sonar del chirrido de la puerta me alarma, «ya están aquí.»
Cierro el libro de anotomía, lo acomodo sobre mi pequeño escritorio y de inmediato mi madre entra a mi alcoba.
—Winter… Tu padre y el profesor Rouxel han llegado —avisa.
Después de anunciar su llegada sale de mi alcoba y me deja en un profundo silencio de tensión y nerviosismo. Mentalmente me doy ánimos que todo estará bien, no dejaré que el profesor me intimide.
Daré lo mejor de mí. Cómo siempre lo hago.
Suelto el poco aire de mis pulmones y respiro profundamente. Me acerco al espejo, arreglo las pocas arrugas que se hicieron en mi vestido rosado con brillantinas. Me animo y salgo de mi campo íntimo. A pasos seguros y lentos camino por el pasillo, desciendo las escaleras y al llegar a la sala me encuentro con mi padre, quien sonríe al verme. Frente a mi padre miro al extraño hombre. Es alto y corpulento, viste un chaleco de piel por encima de una camisa blanca de mangas largas con adulaciones en sus muñecas. Típica vestimenta de un caballero de alta sociedad.
Paso de largo por el lado izquierdo del hombre. Al pasar, su fragancia me golpea envolviéndome en ese fresco aroma a hiervas y menta, «tan varonil.»
Llego con mi madre. En un solo movimiento, giro y logro mirar el sospechoso rostro del señor Rouxel.
Un hombre de alta estatura, piel bronceada, de oscuros ojos como la noche, nariz grande y afilada, labios carnosos, suaves y humectados, cejas pobladas y con una barba afeitada.
«Es joven y es apuesto.»
Intimidante.
Esa es la palabra que pienso al verlo por primera vez.
Al terminar de analizarlo físicamente mis pensamientos cambian. Tenía una visualización de ser alguien mayor. Lo juzgue mal, aun así, no salgo de mi asombro por ver lo joven que es y al recordar los logros, títulos y reconocimientos que tiene. Me sombro por lo fantástico que es.
Ahora entiendo por qué padre lo eligió para mí.
No dejo de mirar cada una de sus facciones rígidas y serias hasta que la voz de mi padre interrumpe.
—Margaret, el es el profesor Gareth Rouxel Meyer —la mirada de papá se dirigí a mi madre —. Winter, hija. El joven Rouxel es tu nuevo profesor —la mirada de mi padre cae en mí.
Por un momento dejo de mirar al serio hombre y miro el rostro de emoción de mi padre.
—Hija, preséntate.
Conmocionada, de nuevo miro al extraño y me doy ánimos para hablar.
Su presencia me dejo sin habla.
—Un placer conocerlo señor Rouxel — ¿estuvo bien llamarlo señor o es joven? Es mayor que yo —. Soy hija única del doctor Thomas Petrov y su amada Margaret Evans. Mi nombre es Winter Jerim Petrov Evans.
Para demostrarle mi educación y respeto hago una breve inclinación y me levanto de nuevo mirándolo de frente.
Sin decir nada, Rouxel se inclina sin hacer gesto alguno.
—Será un placer el invitarlo a cenar para que pueda conocer bien a mi querida hija y tenga mejor comunicación.
Mi madre se percata de la seriedad del extraño y decide invitarlo a comer para brindarle confianza.
—Gracias por la invitación, la acepto —la resonante voz aguda del extraño me impresiona y me eriza la piel.
Mis padres se emocionan al escuchar su respuesta. Thomas es el primero en guiarlo al comedor, mientras mamá sale corriendo avisando que sirvan la comida. Y yo, me quedo de pie contemplado los fascinados que están mis padres.
«A mí no me tratan con esa atención»
Dejo de mirar la espalda ancha del extraño y noto la advertencia en los ojos de mi madre.
—No te quedes ahí parada —me habla en voz baja al salir de la cocina.
De nuevo se dibuja su sonrisa al entrar de prisa al comedor. Respiro profundamente y me encamino al comedor. Al llegar, la intimidante mira de profesor Rouxel se posa en mi y me paralizo ante la oscuridad de su mirada.
Mi mirada lo evita y me enfoco en sentirme al lado izquierdo de mi padre, mi lugar correspondiente. El extraño Rouxel se sentó al lado contrario de mi padre, el cual tengo de frente.
—Espero que se sienta como en casa. A partir de hoy estará toda la mañana con mi pequeña Winter —finjo una sonrisa al ver el entusiasmo de Thomas.
—Es un placer para mí el confiar en mis habilidades para orientar el futuro de su hija —de nuevo mi ambiente vibra con su voz masculina.
Me encojo en mi lugar hasta que madre llega con la comida junto a la empleada de la casa. Entre ambas comienza a servir, mi madre a mi padre, la empleada al extraño y luego a mí.
Al mirar el plato repleto de pollo con verduras hervidas hago una cara de asco, arrugo la nariz y miro a mi madre.
—Madre… —estoy por despreciar la comida, pero me detengo, recuerdo que tenemos invitado; debo ser cuidadosa con mis palabras —. La comida no es de mi agrado.
Una inaudible sonrisa proveniente del extraño nos deja en desconcierto que los tres le prestemos atención al hombre. Rouxel se percata de nuestras miradas y de inmediato borra la ligera sonrisa. Levanta la mirada, regresando a ese ambiente misterioso que lo caracteriza.
— ¿Hay algún inconveniente joven Rouxel? —pregunta mi padre.
Con seriedad, habla.
—Ninguno.
Y comprendo. El gesto que hizo puede que lo haya hecho por el comentario que hice respecto a mi comida.
No le doy más importancia y olvido lo sucedido. Regresando a mi comida mamá le dice a la empleada que remplace mi comida por una crema de zanahoria mientras me prepara otro platillo digno de mi apetito.
Mientras comemos mi padre le platica al extraño sobre mí, más bien, sobre mis estudios y en los planes que tienen sobre mi futuro. En cortos momentos Rouxel le presta tención a mi padre al escuchar sus palabras, pero la mayor atención la posa en mi ser.
No comprendo porque su mirada de intimida.
¿Por qué me mira con esa profundidad? Es irrespetuoso y engreído.
Me molesto al conectar mi mirada con la suya. Y como si sus ojos hablaran, puedo notar su altivez. Al parecer, madre y padre no se percatan de la batalla que estamos teniendo.
Profundizo mi mirada y lo reto. Parece comprender el mensaje y baja la vista a su platillo y después mira a mi padre quien le platica el suceso que pasó con la escuela.
¡Gane!
Grito de la emoción en mi interior al ya no sentir la mirada del extraño.
Terminando de comer mi crema la empleada posa un plato de verduras azadas gratinadas de queso con pequeños cortes de carne. Gustosamente como y al terminar nos sirven de postre tarta de manzana.
Para despedir al extraño lo acompañamos hasta el portón, un carruaje lo espera.
—Lo vemos mañana —comenta papá.
—Así será.
De nuevo siento esa penetrante mirada oscura en mí. Dejo de ver el hermoso carruaje y lo miro a la persona. Al tener mi atención, habla.
—Los veo mañana. La veo temprano señorita Winter.
Sin decir más, sube al carruaje y este avanza dejándonos atrás llevándose al extraño.
Me adentro a mi casa con molestia. Es un engreído y me molesta, no soporto a las personas con un ego y altivez por los cielos.
Primera impresión, es desagradable.