CAPÍTULO 4

4600 Words
FAMILIA A la vuelta de la playa, en el jeep de Paxton, todos volvimos como habíamos llegado aunque Conrad se había echado, literalmente, en todo el asiento trasero así que Dafne tuvo que subirse al regazo de su novio, cosa que no pareció molestarle para nada. —Si la policía me llega a parar, ustedes van a pagar la maldita multa—les advirtió Paxton antes de arrancar el motor de la camioneta. Primero pasamos por su departamento, regalo de sus padres me contó Dafne, para que Conrad se quedara porque según él estaba muy cansado, bajó del jeep saludándonos a todos con una sonrisa. Luego Paxton nos llevó al departamento de Dafne y Zac, cuando llegáramos yo me bajaría con ellos e iría hacia la casa de mis abuelos caminando, que estaba a dos cuadras de ahí. Paxton aparcó en la entrada del complejo de departamentos. Zac y Dafne fueron los primeros en bajarse y en despedirse, yo iba a hacer lo mismo cuando él me detuvo. —Eloisa yo te llevaré, no irás caminando. —No hay problema, si solo tengo que caminar dos cuadras, no es nada. —Aprovecha que anda de buenas—acotó Zachary riendo. Paxton lo miró mal. —Ya es bastante con que nos haya llevado y traído de vuelta—le dije tímida. —¡Si no es nada, pues! —Acepta Els, es tarde—me obligó Dafne. Ni siquiera era tarde, era la hora donde todo el mundo aprovechaba a salir ya sea para ir a cenar, juntarse con amigos a beber, ir a fiestas, entre otras cosas más. Los tres me miraban impaciente esperando una respuesta, así que acepté. Solo porque estaban apurándome y no me quedó otra opción. —Cuidas a mi amiga o te cortaré las bolas, Pax—le advirtió Dafne. —Son dos cuadras, exagerada—Paxton le sacó el dedo del medio. —Els me avisas cuando llegues y tú—Dafne señaló a Paxton—le avisas a Zackie. —Sí, mamá—le sonreí—. Nos vemos luego. Esperamos que nuestros amigos entraran así que Paxton, nuevamente, arrancó el motor del jeep. Él manejaba con una sola mano, su otro brazo estaba apoyado en la ventanilla del coche y con su mano libre sostenía su cabeza. No sé cómo hacía para manejar tan relajado de esa manera, yo cada vez que me subía al auto de mi hermano tenía que agarrar el volante con las dos manos, poner el asiento lo más adelante posible y estar rígida, de esa manera podía conducir. —Me dices cuando estemos llegando—me avisó Paxton. —Es en esa casa—le señalé la casa que tenía una puerta con doble entrada del mármol y una pared de piedra que estaba iluminada por unos difusores de exterior. —¿Vives en la mansión Kardashian? —bromeó cuando aparcó en frente de la casa. Largué una carcajada—. No...Es de mis abuelos, aparte es una casa normal. —Eloisa, eso es una mansión. Casa normal sería el departamento de Dafne y Zachary. —Pero no es lo mismo una casa que un departamento. —Tienen las mismas cosas pero en versión pequeña. —En fin, tus abuelos son ricos. —Que no. —Que sí. —Que no. —Que no. —¿Qué? —¿Qué de qué?—me miró divertido. Comencé a reírme y me di cuenta que todavía seguía con él adentro de la camioneta. —Creo que es momento de que me baje así puedes ir a descansar—le dije tímidamente. Desabroché el cinturón rápidamente y puse mi mochila arriba de mis piernas. —No te estoy echando, Eloisa—dijo seriamente mientras veía como hacía las cosas con rapidez. —¡Lo sé!—agregué rápidamente—. Solo fue porque has tenido que traerme hasta aquí cuando podría haber venido caminando—jugué con la correa de la mochila, me había puesto nerviosa. —Pero no es nada, yo me ofrecí—estiró sus brazos hacia arriba y clavó su mirada en mi rostro—. Aparte, quería pasar un rato más contigo sin los otros bobos. Las mejillas se me acaloraron en micros segundos y las manos me sudaban. —¿P-por qué? —pregunté insegura. Él se rio pero de una manera que me pareció bastante seductora. —Porque me agradas y es interesante hablar contigo. Maldecí por dentro al recordar que el alcohol ya no tenía el mismo efecto que hace un rato en mi organismo, por lo menos estando un poco "tomada" me ayudaba a ser más extrovertida. —Lo mismo pienso de ti—lo miré sonriendo. No te costó casi nada, ¿eh? —Y también porque me pareces muy linda—acarició mi brazo desnudo con la yema de su pulgar. En menos de segundos mi piel ya estaba erizada por su contacto. Boba. —A mí también me pareces muy lindo—rematé. Paxton cortó la distancia que había entre nosotros y tomó mi rostro con una de sus manos libres. Pude sentir su olor corporal que era una mezcla entre aceite de coco y de un perfume varonil caro. Me puse rígida, pero realmente quería besarlo y sabía que al otro día iba a arrepentirme por haber hecho eso media ebria. Cerré los ojos esperando el beso que nunca llegó, ni siquiera las narices rozaron porque la puerta de entrada se abrió y mi madre se dejó ver con un brazo cruzado mientras que el otro lo tenía extendido levantando un vaso que contenía vino. —Mierda, mierda...—susurré. Paxton se alejó de mí y se dejó recaer en el asiento, su semblante era de lo más relajado que había visto en mi vida. —Perdón—musité y me colgué la mochila en el hombro, lo más rápido que pude. Pensé que iba a mandarme a la mierda. Pero no. Agradecida con el de arriba. —Tranquila Els, después nos vemos—me sonrió mostrando sus dientes perfectamente en hileras y me acarició de nuevo el brazo. Y mi piel, una vez más, se erizó. Bajé del jeep, cerré la puerta y le di un saludo corto a Paxton con mi mano, quien me lo devolvió con un movimiento de cabeza, arrancó y se fue de allí. Esto es Esparta. Prepara la espada, colócate bien el casco y la armadura de hierro. Mi madre no se había movido de la puerta en ningún momento, maldecí por dentro. Mientras subía los escalones de la entrada ella no dejaba de mirarme y tomaba pequeños sorbos del vaso. —Hola—murmuré. Me puse a su lado, teníamos la misma altura cuando ella estaba sin sus tacones, intenté pasar pero ella no se movió. Perfecto, justo ahora tendremos una conversación. —Llegas tarde, ni siquiera me avisas lo que has hecho en todo el día y te encuentro arriba de una jeep de mierda que le pertenece a un desconocido—no gritó, pero su tono de voz era firme y estaba enojada. —No es una—hice comillas con mis dedos—"jeep de mierda", ni siquiera es un desconocido. Es amigo de Dafne y Zachary. —No lo conozco, por lo tanto es un desconocido—protestó—. Pareces una puta besándote arriba de una camioneta y en esas fachas—me señaló de pies a cabeza. ¿Qué? Solo traía un short, una remera y zapatillas, añadiendo que mi pelo era un desastre. Tragué saliva y conté hasta tres para calmarme, porque iba a empezar a gritarle e insultarla, aunque este último lo hice igual. Aparte ni siquiera nos besamos porque ella lo había arruinado, por una parte mejor que haya sido así. —Y tú eres una mierda—la desafié—. Ahora pégame, seguro los abuelos se sorprenderán cuando vean que su hija, la madre perfecta con ética y moral no es lo que dice ser con su nieta. Noté que se tensó y apretó con fuerza el vaso, sabía que le había dolido lo que le dije pero no me arrepentí. —Eres de lo más irrespetuosa, Eloisa—me miró fijamente y se acercó a mí—. A veces maldigo el día que decidí ser madre de nuevo—susurró. Me dio una sonrisa y volvió a entrar a la casa. Cínica. Yo me quedé parada en la puerta, agarrando las correas de mi mochila con las dos manos. Era la primera vez que me decía algo así y fue realmente doloroso, los ojos se me llenaron de lágrimas y algunas empezaron a rodar por mis mejillas, debía calmarme y dejar de llorar si quería entrar porque los abuelos empezarían a preguntarme qué había pasado. Respiré hondo y me sequé la cara con la remera, que por cierto estaba llena de arena. —¡Eloisa!—dijo mi abuela sonriendo apenas me vio entrar. Estaban en los sillones pero con mi abuelo, mi mamá al parecer se había ido a su habitación. Me relajé. —Pensábamos que no te veríamos en todo el día—acotó mi abuelo que comenzó a palmear el almohadón del sillón para que me sentara a su lado. Me dirigí hacia él y me dejé caer en el cómodo mueble—. Hola—le sonreí. —¿Qué tal el primer día de playa? —¡Genial!—chillé—Dafne está aquí con su novio así que pasé el día con ellos—omití la parte donde conocí a Paxton y Conrad. —Es bueno que tus amigos hayan decidido venir, así no pasaras las vacaciones sola—el abuelo me dio golpecitos tiernos en el hombro. —¡Sí! —agregó la abuela—. Sabes que puedes invitarlos cuando quieras, aquí tienen todas las comodidades. —Es buena idea, la próxima se los comentaré—le sonreí agradeciéndole. —Mañana hemos decidido pasar todo el día en la playa. —Genial, abuelo—agregué—¿Vas a enseñarme a pescar en el mar? —Mejor que eso—me guiñó un ojo—, arriba de la lancha. ¿Qué te parece? Mi cara se iluminó al recordar esa lancha, con Noah éramos fanáticos de viajar en ella por el mar, mientras mi padre con el abuelo la conducían. —¡Eres el mejor! Lo sabías, ¿no? —lo abracé—. Bueno por si no lo sabes lo eres, chico. Ellos comenzaron a reír. El abuelo Julio revolvió mi cabello, un poco enmarañado por el agua salada, como lo hacía cuando era una niña. —Ve a descansar, mañana saldremos temprano de aquí—me dijo la abuela quien me miraba tiernamente. —Está bien—sonreí—. Hasta mañana, los quiero. Le di un abrazo a cada uno y me desaparecí escaleras arriba. La puerta del dormitorio de mi madre estaba cerrada, de todas maneras no iba a entrar a saludarla. Cuando llegué a la habitación dejé la mochila en el escritorio y saqué el celular para poder tirarme a la cama con él. Desbloqueé la pantalla y tenía dos solicitudes de amistad en i********: de Paxton y Conrad, y en w******p tenía miles de mensajes de Dafne preguntándome si había llegado: > > > > Reí por la exageración de mi amiga y le respondí: > ♡ >> Dejé el celular cargando en la mesa de luz así iba a tomar una ducha, ya que estaba llena de arena y necesitaba despejar un poco la mente después de lo que había pasado con mi mamá y Paxton. Recordé lo del casi beso con él y me dio un poco vergüenza, no sé por qué me había puesto tan nerviosa si siempre era yo la que daba el primer paso cuando quería besar a algún chico. Me miré en el espejo del cuarto de baño y comencé a reírme de cómo me veía, tenía el cabello enmarañado, la nariz, cejas y pestañas con arena por lo que había utilizado mi remera como pañuelo para secarme las lágrimas de hace un ratito. Estás resplandeciente, por suerte... Mientras me desvestía abría el agua de la ducha y una vez que el agua estuvo cálida me coloqué debajo de ella. Estuve un rato largo, cuando salí me sequé el pelo, me coloqué el pijama y me metí a la cama. *** El sonido de las cortinas abriéndose de par en par me despertó de un salto. No distinguía muy bien de quién era la silueta que estaba al costado de mi cama. —Hora de levantarse—Reconocí la voz de mi madre al instante. Loca. Me tapé hasta la cabeza con el edredón blanco y me acurruqué como un bebé. —¡Eloisa, levántate ya!—gritó. —¿Puedes dejar de gritar? Odio que me hablen en las mañanas y más si me gritan—refunfuñé. Cuando pude verla bien estaba con un vestido blanco, pegado a su cuerpo y llevaba unos lentes de sol colgados en este. Estaba cruzada de brazos al costado de la cama. —Hoy iremos a la playa y no pienso retrasar a tus abuelos por tu culpa. La miré mal, luego me destapé y me senté en la orilla de la cama. —A partir de ahora tienes diez minutos para bajar. O te quedaras aquí—me señaló con un dedo. Ni loca iba a perderme un día en la playa y menos si iríamos en la lancha. Ella cumplía con sus amenazas por lo que apresuré a levantarme, sabía que hasta que no me viera con los pies en el piso no se iría de la habitación. —Me voy a cambiar, ¿te puedes ir? —Eso voy a hacer. Nueve minutos con cincuenta y nueve segundos...—salió contando los segundos cerrando la puerta detrás de ella. Me restregué los ojos bostezando, di un suspiro y comencé a revolver la ropa de la valija, que de hecho no había desempacado todavía pero lo haría cuando volviera, tomé un vestido de tiritas turquesa con flores pequeñas y unas sandalias blancas bajas tipo ojotas. Pero antes me puse mi bikini, la de Dafne debía lavarla así podía devolvérsela. Mis pies se dirigieron hasta el baño donde me levé la cara y los dientes, y me peiné. Cuando terminé tomé la mochila guardando el protector solar junto con los lentes y bajé a la cocina. —Buen día—dije cuando ya estaba abajo. Mis abuelos estaban sentados en la mesa junto con mi mamá que tomaba un jugo y leía su celular. —Alguien madrugó—bromeó mi abuelo. —Gracias a mí—acotó mi mamá sin sacar la vista del aparato—sino estaríamos esperándola todavía. La miré mal y mis abuelos lo notaron, pero no dijeron nada. —Termina tu desayuno y nos iremos, tomate tu tiempo—me dijo mi abuela con una sonrisa cálida. Después comerme media tostada y tomarme un vaso de jugo salimos de casa. *** —Yo me quedaré aquí—dijo mi madre apenas llegamos—, no pienso subirme a esa cosa. —Mientras seamos menos, mejor. —Muy graciosa Eloisa. —¿Qué? No podemos ir tantos en la lancha... Era mentira. —Els tiene razón, Julia—me apoyó la abuela. Gracias abuela Esme por sostener la mentira. —Como sea, no iré. Mucho problema no nos hicimos porque con mis abuelos nos fuimos hasta la orilla del mar para subirnos a la lancha, antes de ingresar le dije a mi abuela que me tomara una foto y luego nos tomamos otra los tres juntos, que se la pedimos al hombre que iba a manejar el bote. Una vez mar adentro el abuelo me enseñó a colocar la carnada en el anzuelo de la caña de pescar y luego lanzó el sedal hacia el mar, girando rápidamente el carrete. —Mientras más desenrollemos el sedal, más profundo llegaremos—aseguró. Di saltitos de felicidad. —No te alegres mucho Eloisa, el abuelo ya perdió sus dotes de ser un buen pescador—bromeó la abuela. —No escuches a tu abuela Esme, Els. —Ya verás que tendré razón—dijo con confianza la abuela. Largué una carcajada. No estábamos tan lejos de la costa y el chofer había parado el motor de la lancha por lo que podía ver perfectamente lo que pasaba en la arena, había la misma cantidad de gente que cuando llegamos pero mi vista se posicionó en mi madre, recostada en el camastro, hablando con alguien, para ser especifica un hombre que estaba sin remera y tenía un sombrero playero, pensé en Polo pero él se había vuelto a la ciudad por la noche el mismo día que llegamos a la casa de los abuelos. Me pareció algo raro ya que nunca les dirigía la palabra a desconocidos, pero no pude seguir mirando porque mi abuelo comenzó a llamarme. —¡Els!, ¡Els!, ¡Eloisa! Me acerqué rápido. —¡He agarrado algo!—dijo apenas llegué. —¡Entonces comienza a enrollar carrete!—lo apresuré. Quise agarrar la caña de pescar pero mi abuelo no me dejó porque según él un profesional debe hacerlo. La abuela se nos unió y entre las dos lo apurábamos, realmente queríamos saber si había pescado algo. —¡Y con ustedes un hermoso pez salm... El abuelo había sacado un montón de bolsas de color naranja que contenían piedras adentro y las risas por parte de nosotras dos no tardaron en llegar. —¿Y-y el pescador profe-profesional?—le dije sin parar de reírme. —¿Viste que tenía razón Els?—la abuela se reía cada vez más fuerte. Mi abuelo Julio había largado la caña de pescar hacia un costado de la lancha y nos miraba serio con los brazos cruzados, pero a la vez le daba una miradita a la bolsa con las piedras. —Esto no me había pasado nunca—se rascó la cabeza—, pero hay una primera vez para todo—el abuelo comenzó a reírse de él mismo uniéndose a nuestras carcajadas. Ya nos empezaban a doler las mejillas de tanto reírnos, de hecho mi abuelo nos dijo que se había manchado el calzoncillo con un chorrito de orina; ahí explotamos de la risa los tres. No habíamos podido pescar nada aunque estar pasando el día en la lancha con ellos era mejor que sacar peces del mar... Me recosté en el piso del bote dejando que los rayos de sol se colaran en mi piel, el vestido que tenía puesto estaba hecho un bollo a mi costado porque me había quedado en traje de baño. —Me imagino que te has colocado protector solar. —Sí, abue. —Espero... Acuérdate que los rayos ultravioletas pueden ser muy dañinos para nuestra piel si no la cuidamos con protector...—me decía mi abuela. Yo solo me limitaba a asentir con la cabeza, ella repetía la misma conversación todos los veranos. Hasta cuando no nos veíamos me enviaba noticias sobre cáncer de piel>, radiación ultravioleta>, acudir al dermatólogo por posibles manchas y/o lunares nuevos en la piel>, etc., realmente estaba como muy paranoica y era entendible porque todo lo que veía en internet se lo tomaba muy en serio, aunque claro algunas cosas eran mentiras pero ella se lo creía igual. Estuvimos como dos horas arriba de la lancha hasta que nos dio hambre y decidimos volver hacia la orilla para comer en un restaurante que estaba por ahí cerca. Cuando nos bajamos los tres nos dirigimos hacia mi madre que tenía el vestido puesto y los lentes también. Apenas nos vio dijo: —Tengo que volver a la ciudad. —¿En serio? ¡Es el segundo día que estamos aquí!—tiré el vestido a una reposera que estaba a un costado. —¿Y por qué te vas?, ¿ha pasado algo?—le preguntó mi abuelo preocupado. —Sí—suspiró—, es sobre Adam. Le clavé la mirada y me dejé caer a su lado. —¿Qué ha pasado?, ¿qué te han dicho?—le pregunté desesperada. —Tranquilízate cariño—la abuela me tomó de los hombros. —Eloisa primero que nada no vendrás conmigo. La miré horrorizada porque la situación se posicionaba en mi padre. Mi mamá bufó—. Es sobre el juicio, creo que condenarán al asesino—dijo relajada. —¡¿Y por qué lo dices así?!—le grité y volví a quedar parada. —Porque el caso se está llevando a cabo como debe ser. —¡Entonces es necesario que vaya! —¡NO!—me gritó mi mamá—¡No pienso llevarte conmigo y menos para que veas la cara del asesino! —¡¿Acaso estás loca?! ¡Por eso mismo tengo que ir!—me desesperé. Mi madre iba a responderme, pero mi abuelo la interrumpió. —¡Basta las dos! No vamos a discutir esto aquí. Nos vamos a la casa. Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos e intenté ponerme el vestido que hacía unos momentos había tirado, pero por los nervios de la situación que no me dejaban pensar me lo estaba colocando mal así que la abuela me ayudó y nos fuimos hacia donde estaba el auto estacionado. —¡Tengo que ir, por favor!—le rogué a mi madre una vez que estábamos adentro del auto. —No, Eloisa—. Tendrás noticias de mi parte. Pero no presenciaras eso y menos que menos para estar en frente de ese hombre peligroso. —Mamá, por favor... —¡No! Y es mi última palabra—luego se dirigió a su padre—. Arranca papá, tengo que cambiarme e irme al aeropuerto lo más rápido posible. En el camino no hablábamos de nada así que había un silencio sepulcral horrible, tenía la cabeza apoyada en la ventana del coche y solo pensaba en querer irme con mi mamá, pero sabía que eso no iba a suceder. Vaya día de playa. *** Apenas entramos a la casa me tiré en el sillón de la sala, mi mamá subió rápidamente las escaleras y los abuelos se dirigieron a la cocina, seguramente a hablar sobre lo que había pasado recién. Al fin el caso de mi padre había sido llevado a la corte, habíamos estado un año sin expectativas porque según el perito había irregularidades en la escena del crimen, así que mi mamá había tomado la decisión de cambiarlo por otro y fue lo mejor que pudo haber hecho, ya que por fin el asesinato de mi padre iba a tener la justicia que merecía. Los minutos se pasaron rápido porque de un momento a otro mi madre estaba parada en frente mío. —Me voy, tu abuelo va a llevarme al aeropuerto. ¿Vendrás a despedirme? —No, suerte. —Eloisa...—suspiró cansadamente—No hagas las cosas más difíciles. Ya sabes porque no puedes ir. —No quiero seguir escuchándote. Avísame cuando tengas noticias—me levanté para irme a mi habitación. La peché un poco con el brazo y subí las escaleras, cuando llegué me senté en el último escalón. —Ya no sé qué hacer con ella—la escuché decir. —Entenderla, Julia—acotó el abuelo. —No es una adolescente. —¿No te das cuenta lo que está pasando? —¡Claro que sí! —Entonces ponte en su lugar, si no es una adolescente entonces debería ir contigo. —Ya vámonos, necesito conseguir un vuelo para esta tarde—era experta en cambiar de tema. Escuché como la puerta se abría y luego el ruido de la llave para cerrarla desde afuera. Fui directo a mi habitación, entré y comencé a sacar toda la ropa de la valija tirándola al suelo para poder acomodarla en el armario. Tenía que distraerme con algo sino iba terminar volviéndome loca y no había mejor idea que ordenar lo que había pospuesto. Al cabo de un rato ya todo estaba organizado en el placard, por lo que me recosté en la cama con mi celular y vi que tenía un mensaje de mi amiga: > Le respondí al instante: > Respondió rápidamente: > Bufé por la intensidad de mi amiga, pero tampoco podía enojarme con ella porque no sabía lo que estaba pasando y no iba a contárselo por mensaje. La puerta de la habitación se abrió dejando entrar a mi abuela y ella se acercó hasta mi cama sentándose en la orilla de esta. —Siento lo que pasó recién con tu mamá. Sé que querías ir. —Está bien... Ya sabes cómo es ella. La abuela comenzó a acariciar el edredón. —Es una buena noticia, ¿no?— cambió de tema. La miré y sonreí. —Claro que lo es. Por fin va a haber justicia. La abuela se me acercó y me abrazó, me emocioné un poco pero no lloré. —¿Harás algo? Sé que no ha sido un buen día pero deberías salir a despejarte, aparte estás de vacaciones. —Dafne me obligó a salir con ellos—me encogí de hombros. —¡Y eso está muy bien!—se alegró. —Sí, pero no tengo muchas ganas. —Eres joven, Eloisa. Disfruta—me señaló con su dedo y se levantó de la cama—. Ponte un vestido lindo y sexy si van de fiesta—agregó guiñándome un ojo. —¡Abuela!—la miré horrorizada y empecé a reír. ¿Desde cuándo mi abuela hablaba así? Sé que la edad no tenía nada que ver, pero desde que tengo memoria no la había escuchado decir algún comentario así, ni siquiera a Noah. Me dirige hacia el baño así podía ducharme, mientras dejaba que el agua se calentará me desvestí así podía meterme debajo de ella. *** Tenía el toallón en la cabeza así el pelo se secaba más rápido, me había puesto la ropa interior pero arriba una bata para cubrirme y mientras tanto elegía lo que iba a ponerme en la noche. No había nada que me convenciera por lo que me quedé sentada en la cama esperando que el espíritu de la moda entrara en mi cuerpo así podía elegir algo decente para la noche. Seguramente Dafne me ayudaría a elegir la ropa, pero tenía que esperar que llegara. Bajé hacia la cocina y me encontré con mi abuelo sentando en la mesa revisando su celular muy atentamente. Apenas me vio, dejó el aparato a un lado y me dedicó una sonrisa. Comenzamos a hablar y como mi abuela él también me pidió perdón por lo que había pasado, ellos no tenían la culpa de nada y sé que se sentían responsables porque habían tratado de convencer a mi madre para que yo pudiera ir, pero no lo lograron. Finalizamos nuestra conversación y él se fue a preguntarle a mi abuela que iban a cenar esta noche. En cambio yo fui a tirarme, nuevamente, al sofá así esperaba a Dafne, que seguro pegaría el grito en el cielo porque no estaba lista.
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