Zelek gruñó con su rostro tenso por el placer de verla así, pero su naturaleza de lobo no estaba satisfecha. Con un movimiento fluido, la levantó de las pieles, girándola para colocarla de rodillas. —No hemos terminado, mi amor —dijo con su voz baja, llena de una promesa que la hizo estremecerse. Se posicionó detrás de ella con sus manos acariciando sus caderas, sus dedos la apretaron con una intensidad que era casi animal pero nunca cruel. Entró en ella de nuevo, esta vez con un ángulo que la hizo jadear, con su cuerpo respondiendo al instante a la profundidad de sus embestidas, cada una enviando oleadas de placer que la hacían arquearse hacia atrás. Vera no se rindió al papel de receptora; empujó hacia atrás contra él, encontrando su ritmo mientras tomaba el control tanto como él. E

