Zelek extendió su mano y una llama verde brotó de su palma. Pero en lugar del calor abrasador habitual, emanaba una calidez suave, reconfortante, justo como él deseaba que saliera. —No, no me duele, para nada, mi Vera —explicó con asombro—. El Pyroclastes no solo aumentó nuestro poder; lo transformó. Sadrac asintió, llegando a la misma conclusión. —Entonces hagámoslo —declaró el Rey Lobo—. Juntos. Como hermanos. Como debió ser siempre… —dijo Sadrac mirando a Zelek, pensando que quizás… debía decirle “ciertos secretos” que le había guardado durante mucho tiempo, pero por el momento eso era algo que quedaría en segundo plano. Así pues, los dos se posicionaron en lados opuestos de la plataforma circular de la torre. Brielle y Vera retrocedieron del centro, dándoles espacio mientras observ

