UN AÑO DESPUÉS MONTE IGNIS - CÁMARAS DEL PYROCLASTES El pequeño Sadrac de seis años se encontraba frente al Pyroclastes con una compostura que habría sido imposible el año anterior. Ya no temblaba, ya no lloraba, eso era de cachorros, y él era un Alfa, un príncipe heredero. El entrenamiento brutal de su padre había cumplido su propósito, forjando algo casi irrompible en el núcleo de su ser. La criatura ancestral de fuego se alzaba ante él como una montaña viviente de lava y llamas, con sus ojos ardientes fijos en el niño que representaba la próxima generación de la línea Volcaris. El aire mismo se sentía con un calor que habría sido letal para cualquier otro, pero Sadrac se mantenía erguido, esperando. —¡Recibe la bendición del fuego sagrado, hijo mío! — rugió Mesac desde una distancia

