Y así, conforme las otras familias reales descendían de sus trineos y comentaban el recorrido con entusiasmo, Sadrac se acercó a Zelek con pasos que intentaban parecer casuales. —Hermano —murmuró Sadrac en voz baja—, necesito hablar contigo. Hay asuntos… que requieren una discusión privada entre nosotros. Zelek notó de inmediato el tono serio en la voz de Sadrac, reconociendo que esto no sería una conversación casual entre hermanos sino algo más formal y potencialmente problemático. «Ya se dio cuenta de mi debilidad con Vera…, no me esperaba menos, quizás la notó desde que nos vio juntos», pensó Zelek sintiendo una pizca de preocupación porque sabía lo delicado que era mostrar “debilidad” entre ellos. —Por supuesto —respondió Zelek con la diplomacia que había aprendido durante años de

