La expresión de Sadrac se oscureció de inmediato. Sus ojos verdes se estrecharon peligrosamente, y Brielle pudo ver cómo las llamas de los candelabros cercanos se elevaron un poco, respondiendo a su irritación que crecía con cada pregunta que le hacía la Elfa. —Te he dicho que ese no es asunto tuyo, mujer —gruñó con una voz que había bajado varios tonos—. Y te he advertido sobre hacer preguntas que no te corresponden. ¿Acaso debo enseñarte de manera más... directa lo que sucede cuando no obedeces las intrucciones de tu Rey? ¿Quieres aprender por las malas, acaso? Para enfatizar su punto, Sadrac dirigió su mirada verdosa hacia Frosty, que descansaba cómodamente en los brazos de Brielle. El mensaje implícito era tan claro como si lo hubiera gritado: el cachorro podía convertirse en su próx

