Pero incluso mientras expresaba su frustración, no podía apartar la mirada de la manera en que Sadrac se movía. Había algo primitivo y atractivo en su gracia letal, algo que despertaba respuestas en ella que no comprendía por completo. Fue entonces cuando una terrible posibilidad cruzó por su mente. «¿Y si lo está haciendo a propósito?», se preguntó Brielle, entrecerrando los ojos mientras analizaba el comportamiento de Sadrac desde una perspectiva diferente. «¿Y si todo este entrenamiento excesivo, toda esta imprudencia, es deliberada? ¿Una manera de asegurar que su pierna nunca se cure completamente, para que yo no pueda irme nunca?» La idea tenía cierta lógica retorcida. Si Sadrac había desarrollado algún tipo de... apego hacia ella, como había sugerido su comportamiento de la noche

