—Dos aves —murmuró Zelek, distinguiendo claramente los sonidos separados de múltiples criaturas de fuego aterrizando en el patio exterior—. Han llegado al mismo tiempo. Lo mas probable es que sean las aves que enviamos al norte, llegaron a tiempo. Sadrac se levantó de su silla, guardando su daga recién afilada en la vaina que llevaba al costado, mientras su expresión de irritación por los reportes financieros cambió de forma drástica a una de curiosidad por saber las respuestas que habían recibido de ambos reinos élficos. —Maestro Idris —declaró el Rey Lobo con autoridad—, deja los libros. Esta conversación continuará mañana temprano. Zelek, ven conmigo. Algo me dice que estas cartas son exactamente lo que hemos estado esperando —dijo con una sonrisa algo maliciosa. Los tres hombres lob

