Observo mi pintura recién terminada y sonrío porque al final no fue lo que había planeado, pero estoy más que satisfecha con lo que he logrado. Miro el reloj de la pared; aún faltan como cuarenta minutos para que Alex llegue por mí, así que decido salir a comprar un pretzel a uno de los puestos de fuera. No guardo mi pintura porque aún hay unas partes que están frescas, pero como tengo llave del salón puedo cerrar con seguro y así dejar todo a salvo dentro, de cualquier modo, a esta hora no está muy solicitado el aula. Salgo del edificio y apenas voy dando unos cuantos pasos cuando alguien me grita un “buh” y me toma de la cintura. La verdad es que sí suelto un gritito y un salto pequeño. Mateo sonríe abiertamente y yo también lo hago. — ¡Hola! ¿Cómo estás? —lo saludo con mucha emoción

