Deber cumplido, promesa rota.

2497 Words

Al día siguiente, el Café cierra por las noches como siempre y Alex me espera fuera del carro estacionado justo al frente, sonríe al verme y me da un beso en la coronilla, luego saluda a Helen que se ha quedado viéndonos. —Hola, Helen. ¿Cómo estás? Bien, muchísimas gracias —responde ella, luego me dice a mí:— este joven es un encanto, cariño. No lo sueltes.  —No pienso hacerlo —aseguro mientras me abrazo al tórax de Alex y lo miro a los ojos, sus bellos ojos.  —Exageran mi persona —dice Alex—. ¿Te llevamos a algún lado, Helen?  —Ay no, no te preocupes. Ya viene mi esposo por mí. —Podemos esperar a que llegue, si quieres.  —Sí, no hay problema —corroboro yo.  —No, no, no. Ustedes ya váyanse a sus locos lugares para jóvenes.  Me río. Después de un par de negativas más por p

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