Detalles pequeños.

3103 Words
April y yo no podemos localizar ni a Dave ni a Mat, así que les mando un mensaje para saber dónde están y que sepan que ya hemos llegado. Es Mat quien va por nosotras, con su característico aspecto relajado. —Señoritas, vengo a escoltarlas a la mesa. Me han dicho que este bar está lleno de depravados—bromea.  Paso junto a él y nos va conduciendo por el camino hasta la mesa, la cual no está vacía. Dave por supuesto se levanta al vernos, a mí me da un beso en la mejilla y a April sólo la mira directamente con una ceja alzada mientras ella entorna los ojos hacia él. Está Sebas, con quien nunca he hablado, pero conozco su nombre, es el más alto de todos (quizá de todos en el bar), su cabello llega a los hombros y casi la totalidad de sus brazos están tatuados, algunos quizá estarían intimidados por su apariencia, aun así, es el primero en levantarse y buscar la silla extra que falta. A su lado hay una chica, que obviamente es su novia, con un cuerpo de impacto, el cabello teñido de morado completamente y un delineado grueso que hace que sus ojos se vean rasgados (¿Cómo un gato, quizá? ¿De ahí el apodo?). Un chico más en la esquina, creo que es el baterista, sí, su cabello rojo y sus gafas son inconfundibles. Y, por último, un chico rubio, o al menos creo que su cabello es rubio, porque lo trae tan rapado que apenas está creciendo, tiene la barba partida y aunque creo que podría ser lindo, su ceño fruncido le quita el atractivo.  —Ella es Issa, es prima de Dave —me presenta Mat. Me invita a sentarme, y April y yo nos acercamos a la mesa—. Ellos son Sebas y Kitty-Kat.  —Me llamo Kat —corrige la chica, aunque no se ve molesta—, pero todo mundo me dice Kitty-Kat. —El pelirrojo es Spencer y él es Wayne. Y todos ya conocen a April ¿no?  —Si quieren una cerveza pueden tomarla —dice Sebas, señalando las botellas cerradas en la mesa—. Están limpias y son gratis.  Tomo una cerveza de la mesa, sólo para beber algo, y April hace lo mismo. — ¿Te la destapo? —le pregunta Spencer a April de forma apresurada. Ella lo agradece y le pasa la botella. Intercambio una mirada con Mat, quien está a mi lado, pero sólo pone los ojos en blanco ante la… triste forma de llamar la atención de April por parte de Spencer; los demás no dicen nada, pero puedo notar que KittyKat me hace una cara confirmando que ella también lo notó, se ríe y con una mirada empatizamos por el pobre Spencer. — ¿No se la vas a abrir a Issa? —pregunta Mat con sus palabras llenas de burla. —Iba a terminar con esta primero —se excusa Spencer, pero su cara se pone muy roja.  Ya no hace falta que Spencer destape mi botella, porque Mat saca unas cosas de sus bolsillos, toma una de sus llaves y la usa como destapador. —Gracias. —Estábamos hablando de un tema controversial —dice Sebas para iniciar una conversación—, ¿Qué opinan ustedes? Miren, Mat quiere que hagamos un cover de una canción interpretada por una mujer, pero ya le dijimos que no es buena idea.  — ¿Por qué no? ¿Por qué es mujer? —se lanza April de inmediato, indignada. —Claro que no. Mat quiere una canción que consideramos es un sello de la artista —responde.  —Será un cover —insiste Mat, parece que pierde la paciencia un poco. Y no deja de jugar con su plumilla roja, mientras señala algo en algún lugar—. La música y los tonos serán diferentes, la haremos nuestra.  — ¿Qué canción es?  Mateo parece dudar un poco cuando pregunto.  —Set fire to the rain, de Adele —habla finalmente Wayne, su voz es mucho menos grave de lo que imaginé y parece ser más amable de lo que aparenta. Su tono es algo así como: ¿puedes creerlo? April se ríe, como lo haría entre amigos.  —Entonces tienen razón, no puedes. Esa es una canción con demasiado poder, mucha fuerza.  —Fue lo que le dije —cuenta Spencer, casi avergonzado de hablar—. Nadie se va a identificar con cuatro chicos arriba del escenario cantando una canción de Adele.  —Bueno, en realidad la canción no es para él o ella —menciono.  —Pero es una canción con… sentimientos potentes, la gente se identifica con ella y si no haces una interpretación buena, se pueden hundir antes de subir.  —Además, todos lo van a relacionar con Adele. Ya te lo hemos dicho —insiste Wayne.  —Ya les dije que va a ser totalmente diferente.  —Creo que están siendo pesimistas, chicos —interviene Kitty-Kat. Se acerca un poco a la mesa, no es como si ella fuera realmente parte de la banda, pero por la forma en la que la escuchan es obvio que es importante—. Ustedes los han escuchado ¿Verdad? —nos pregunta a April y a mí, nosotras asentimos—. ¡Son fantásticos! Pueden hacer suya cualquier canción.  Su novio le deja un beso en la cabeza. —Gracias, Kitty-Kat. Por fin, alguien con visión —dice Mat.  —Yo también te apoyo —le reclamo a Mateo por no tomarme en cuenta—. Si tú dices que puedes cambiar totalmente la canción, yo creo que puedes. No pierden nada con intentarlo.  —Gracias a ti también, Alissa —me sonríe y me guiña un ojo—. Ahora somos Sebas y yo contra ustedes dos, idiotas —les dice a Wayne y Spencer.  —Yo nunca dije que sí.  —Güey, tú haces todo lo que Kitty-Kat mande, muy rudo no eres.  — ¿Qué es güey? —pregunta April, como si eso no la dejara dormir.  Mateo se ríe y voltea a ver a Dave, como si fuera un chiste que sólo ellos pudieran entender.   —Es como… amigo. Sí, esa es la traducción más… cómoda. — ¿Y a qué hora tocan? —pregunto. —Como en veinte minutos. —Siguiendo con el tema de la canción ¿Por qué no sólo hacen canciones originales? —pregunta April—. Ya tienen algunas ¿no?  —Porque las canciones no nos salen un día sí y al otro también —le responde Mat.  —Y porque no sabemos componer —agrega Spencer—. Sólo Mat sabe, él ha hecho todas las canciones. —También Sebas compone —protesta Mat, como si le molestara que alabaran su trabajo. Eso me hace sonreír un poco, porque puede que Mateo finja tener un ego del tamaño del mundo, pero cuando se trata de un asunto serio siempre se retira un poco de la jugada.  —Yo sólo te ayudo a terminar las canciones que tú empiezas.  —Ya, idiota —dice Dave, le da una palmada demasiado fuerte en la espalda cuando ve que Mat quiere protestar—. La falsa modestia no es una virtud. —Odio cuando insultas en español —reclama Wayne a Mat por la contestación que éste último lanzó en su primer idioma; y luego le avienta unas gotitas de cerveza que le sobraron en su botella—, no entiendo nada y siento que me pierdo de un buen chiste.  El único que entiende bien es Dave, así que los dos se ríen.  Un mensaje me llega, es de Alex diciendo que ya llegó y preguntando dónde estoy, le respondo de inmediato y ya me siento nerviosa y feliz por verlo. —Invité a Alex, no hay problema ¿verdad? —pregunto a Mat. —No, está bien que la realeza nos visite de vez en cuando —se burla en voz baja. No me agrada la burla, pero al menos aprecio que no lo dijera en voz alta. Le lleva diciendo realeza desde que le conté sobre el padre de Alex, de lo cual ya me arrepentí—. Chicos, viene el novio… amigo —corrige y pone los ojos en blanco al ver mi expresión— de Issa, hagan espacio. Iré por agua, ya casi subimos.  Mat se va hacia la barra y se pierde entre la gente, Alex no tarda en llegar junto con Dean. Le presento a todos cuando llega y los saluda con un choque de manos, casi al final de las presentaciones Mat está de regreso y Alex lo saluda. —Tú debes ser Mat. Issa me habló de ti. —Qué onda —le responde como si nada. —Lo siento ¿Este era tu lugar?  —Quédate, no te preocupes. Ya casi subimos de todos modos —contesta Mat sin darle importancia, se queda de pie detrás de Kitty-Kat y Sebas y bebe grandes cantidades de agua. — ¿Y cómo se conocieron ustedes, chicos? —nos pregunta Kitty-Kat a mí y a Alex. Él le relata la historia de cuando vio a una dulce chica en problemas por un gran idiota, según sus palabras; no menciona nada que me haga sentir avergonzada, pero lo explica como si fuera la historia más romántica del mundo cuando obviamente no lo es.  —Recuerdo esa pelea —dice Wayne, esforzándose al máximo por recordar los detalles—. Yo estaba muy cerca, me iban a golpear, creo. Después Sebas me jaló y dijo que teníamos que tocar. —Pues sí, no íbamos a arruinar nuestra reputación antes de tener una.  — ¿Y ustedes cómo se conocieron? —le pregunto a Kitty-Kat—. ¿Llevan mucho tiempo juntos?  —Casi cuatro años. Para ese entonces yo trabajaba en un Starbucks de la quinta avenida, diario va muchísima gente así que yo no me fijaba en nadie, después de varias semanas noté que Sebastián iba cada mañana a la misma hora por la misma orden de café.  —Ni siquiera me gusta el café —añade él. —Un día, yo creo que se le acabó el dinero para comprar café, porque llegó con un vaso con su nombre y su número escrito en él, después se fue sin más. — ¿Por qué no hablaste con ella simplemente?  —pregunta Dean, con los brazos cruzados y una expresión de incomprensión. Son las primeras palabras que pronuncia en lo que va de la noche.  —Parece linda, pero es aterradora —se explica Sebas—. Es más, esperó tres semanas enteras para llamarme. — ¡Qué hermosos! ¿Y cuándo es su aniversario? —pregunto, conmovida. —A Sebastián le encanta contestar eso ¿verdad, mi amor? Diles.  Pero es obvio que Sebas no sabe la respuesta, sí hace el intento por recordar e incluso me siento mal por preguntar, porque lo he puesto en una incómoda situación. Quiero salir a su rescate, Alex hace una cara de lamentación por Sebas.  —Es una tontería que lo condenes por no recordar la fecha —le dice Mat a KittyKat, está justo detrás de ellos así que ella se da la vuelta y Sebas se queda en su lugar más relajado—. Y sí, las mujeres siempre están dando lata con las fechas —dice mirando a April—. Yo con trabajos me acuerdo del cumpleaños de mi mamá. ¿Qué importa cuándo fue que se hicieron novios o el momento en que se vieron primero? Éste pobre infeliz compraba café diario sólo para verte, y ni le gusta el café.  — ¿No crees que es un buen detalle? —inquiere Alex. Lo que me hace preguntar si él sabe la fecha exacta en la que nos conocimos, quizá sí. Sonrío. —Exacto, sólo un detalle. Hay cosas más importantes en una relación que una maldita fecha.  — ¿Cuándo fue tu última relación, güey? —No lo recuerdo. Pero si es burla, no me afecta, pendejo —le responde con calma a Dave. Luego mira su celular y le da un zape a Sebas, sin ninguna razón aparente, pero se dirige a sus amigos al hablar—. Ya casi. Hay que preparar el audio. Ahorita nos vemos.  Los chicos de la banda se van casi de inmediato. Sebas le da un beso a su novia y parece más relajado. —Mat es un idiota ¿no? Idiota bueno, pero idiota —se queja Kitty-Kat—. A mí me gusta que se acuerden de las fechas. ¿A ustedes no, chicas?   —A mí sí. —Pues… sí, también. Pero… —a April le cuesta decirlo— quizá no sea tan relevante como dijo Mat. Claro que los hombres no tienen que saberlo.  —Mmm ¿Hola? —dice Dean. —Espera, estamos descubriendo los secretos de una plática de chicas. Le doy un empujoncito a Alex por su comentario. Iba a decirle algo, pero en ese momento llega Mat con apremio. — ¿Han visto una plumilla roja?  —Estabas jugando con una hace un rato.  —Sí, pero ya no la encuentro. ¿Puedes ver si está tirada? —hago lo que me pide, reviso en el suelo y hasta le pido a Alex que levante sus pies sólo un poco, pero no hay nada. Al menos lo que se alcanza a ver. — ¿Es tu plumilla de la suerte? —le pregunta April en burla.  Y por primera vez desde que lo conozco, Mateo no responde a la burla, sino que busca debajo de la mesa con una expresión de ansiedad.  —Mateo siempre ha tocado con esa plumilla —explica Kitty-Kat.  — ¿Eres supersticioso? —pregunta Alex.  Creo que todos tienen mil preguntas escépticas, pero yo sólo me siento mal por Mat.  —No, no lo soy. Sólo… me gusta tocar con ella.  Creo que es una mentira a medias, pero hablo yo antes de que alguien más le pregunte algo.  —No la necesitas, Mat. Eres un fabuloso artista y una plumilla no hará la diferencia. —Lo sé —asegura, y creo que lo dice sin pretensiones, sólo como un hecho—, sólo… bueno, no importa. Gracias.  Sonríe con amabilidad, no está del todo tranquilo, pero quiero pensar que mis palabras lo animaron un poco. Se va corriendo hacia el escenario y lo sube de un único salto. El muy engreído seguro sabe lo bien que luce haciéndolo. La banda empieza a tocar luego de unos minutos. Obviamente son buenos tocando, siguen sin un nombre definido, pero eso no hace menos su talento. Me gusta que Alex lo reconoce, habla de lo seguros que se ven ahí arriba y que él jamás podría tocar un instrumento. Los dos toman una interesante plática en la que incluso Dean entra, porque Alex lo incluyó de una forma muy sutil. Resulta que esos tres son demasiado inteligentes y estando juntos se entienden bien, lo cual me deja satisfecha. Alex jamás suelta mi mano y de vez en cuando me mira con una sonrisa. En algún momento Kitty-Kat llega conmigo y me lleva a bailar con ella, porque su pareja de baile no la convence y dice: una tabla baila mejor que Dave. Lo cual quizá sea cierto. April dice que estará bien con Alex y Dean, le creo porque a los tres se le ve bien hablando. Resulta que Kitty-Kat es muy linda, es fácil llevarse con ella, es demasiado alocada al momento de cantar o bailar, también parece que no le importa nada, pero me toma confianza rápidamente y eso me gusta. Cuando el turno de los chicos termina, Kitty-Kat obliga, en serio obliga, a Sebas a bailar con nosotras y él obliga a Mateo a ir también, aunque parece que no le importa demasiado y va de buena gana. No duramos mucho bailando, lo cual es una pena porque Sebas tiene los pasos más graciosos que he visto en mi vida, al contrario de Mat que se mueve bastante. Él quiere ir a la barra por agua, sólo lo acompaño porque tengo la intención de buscar a Alex después. —No necesitaste tu plumilla roja. —No, soy muy bueno. — ¿Sí era de la suerte?  —No lo sé —confiesa. Me explica lo que a los otros no, me gusta que confíe en mí porque siento que nos hemos hecho cercanos en poco tiempo—. Siempre he pensado que el rojo es el color del triunfo y esa plumilla me la regaló mi mamá, dijo que si te la regalaban era de buena suerte. Seguro lo inventó porque no he vuelto a escuchar eso, pero como sea… era algo que me gustaba tener. Da igual —sé que no es así, pero no comento nada—, de todos modos, nunca tengo suerte. ¿Quieres agua?  —No, gracias. Voy con Alex, te veo ahorita ¿Si?  Él me guiña un ojo.  Cuando me acerco de nuevo a la mesa, Alex ya está de pie mirando en mi dirección con una sonrisa hermosa. Sus ojos se entrecierran cuando sonríe, siempre es así. El resto de los chicos discute con April sobre algo que seguramente es tonto. —Venía a verte, lamento haberte dejado.  —No te preocupes, son tus amigos —Alex se encoge de hombros—. Vamos a bailar tú y yo. No es pregunta y eso no me molesta. Toma mi mano con suavidad y nos vamos hasta el centro de la pista; la música no es exactamente suave ni demasiado movida, pero aun así Alex pone sus manos en mi espalda y me lleva hasta él, como si el resto no importara, como si el centro del bar fuera el centro de nuestro universo. Desde que conozco a Alex ha tenido ese poder sobre mí, me hace sentir especial y única, como si fuera la chica más afortunada de todas por estar con él, tengo la sensación de que movería cielo, mar y tierra por mí, me siento segura y feliz a su lado y eso es lo único que yo puedo pedir en una relación. Y mi plan secreto funcionó totalmente, porque en el departamento, ya estando solas al final de la noche, April dice: —Totalmente tuyo. Es un caballero, parece buena persona y se ve que te adora. Además, es voluntario en un programa de perros para adopción.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD