Alexei Volkov estaba recostado en su silla, con los pies sobre el escritorio, revisando sin mucho interés un informe. La noche anterior había sido otra más de las tantas que venían repitiéndose desde hacía años: sexo sin compromiso, una cama extraña, y una salida rápida al amanecer. Para él, nada fuera de lo normal.
Un golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos. Su compañero, Sergei, entró sin esperar invitación, con una sonrisa burlona en el rostro.
—¿Qué tal estuvo Natalia anoche? —preguntó Sergei, dejando caer un expediente sobre el escritorio de Alexei.
Alexei apenas levantó la vista, encogiéndose de hombros.
—Un polvo, nada más —respondió con indiferencia, dejando claro que no había nada más allá de lo físico.
Sergei soltó una carcajada.
—No sé de dónde sacas tantas mujeres, Volkov. Me encantaría tener esa suerte —dijo, aún riendo.
Alexei le lanzó una mirada de reojo, con una leve sonrisa en los labios.
—Si Ana te escucha decir eso, te va a matar —respondió con una pizca de humor seco.
—Bueno, no para acostarme ahora, pero me hubiera gustado tener esa suerte antes de estar con Ana. Alguien tímido como yo no hubiera tenido chance. Pero tú, con esa aura misteriosa, lo tienes fácil.
Alexei sonrió con un toque de ironía.
—Debe de ser por eso de perder la memoria que me da ese aire misterioso —dijo, riendo suavemente junto a Sergei.
La risa de ambos se fue apagando, y Sergei adoptó una expresión más seria.
—Hablando de misterio, el jefe te está buscando. Parece que hay un caso nuevo, algo de máxima prioridad. No han dado muchos detalles, pero suena a que te va a gustar. Ya sabes, uno de esos que no son para cualquiera.
La mención de un caso serio despertó el interés de Alexei, quien se enderezó en su silla, dejando de lado la despreocupación. Sergei, al verlo así, sonrió de nuevo.
—Me cuentas después de qué va todo esto. —dijo Sergei, dando un golpe ligero en la puerta antes de salir.
Mientras Alexei se dirigía a la oficina del jefe, su mente empezó a recorrer posibilidades. Casos de máxima prioridad solían ser los más jodidos, los más complicados. Y también los más interesantes. El sonido de las conversaciones de sus colegas, el tecleo incesante de los computadores y el murmullo de las radios se mezclaban en el fondo, pero Alexei estaba concentrado en lo que podría estar a punto de enfrentar.
Cuando llegó a la puerta, respiró hondo antes de golpear y entrar. Richard Callahan, un hombre de mediana edad con expresión adusta, lo saludó con un gesto serio.
—Volkov, cierra la puerta y toma asiento. Tenemos una situación delicada —dijo, sin rodeos.
Alexei obedeció, y se sentó frente al escritorio, observando cómo Callahan abría una carpeta gruesa. Un silencio tenso se instaló en la oficina, y Alexei sintió la gravedad del asunto antes de que siquiera comenzara a hablar.
—Este es un caso de alta prioridad. No es algo que podamos tratar con ligereza. —Abrió la carpeta y la empujó hacia Alexei. —Te presento a Nina Baranova.
Alexei se inclinó hacia adelante y examinó la fotografía de una mujer de rostro imponente. Ella tenía una mirada intensa, como si conociera todos los secretos del mundo. El nombre Nina Baranova le resultaba familiar, pero no podía recordar de dónde.
—Nina Baranova fue enviada a Vytegra hace seis meses, infiltrada en la mafia Bratva Krestov, una de las organizaciones más temidas y poderosas en el comercio de narcóticos. Su misión era obtener información sobre sus operaciones. Sin embargo, algo salió terriblemente mal.
—¿Qué pasó?
—Ella debía encontrarse con su compañero, Ivan Sokolov, en un almacén en las afueras de San Petersburgo. El informe indicaba que estaba en el sitio, pero Sokolov nunca regresó. Lo encontraron muerto con un tiro en la cabeza, y los indicios apuntan a que Nina lo mató. Los datos que tenemos la vinculan fuertemente con la mafia.
—¿Cómo están tan seguros de que fue ella? Tal vez la mafia descubrió su identidad y la incriminaron.
—Investigamos su departamento después de su desaparición. Encontramos documentos que nunca reportó, informes detallados sobre la Bratva Krestov, y lo que es peor, evidencia de que ha estado pasando información a la mafia desde hace años. Todo apunta a que ha sido una doble agente desde el principio. Si lo que encontramos es cierto, ha traicionado todo lo que representa.
—Diablos, esto no pinta nada bien. Es peligrosa... y sabe cómo jugar este juego mejor que nadie. Lo que estás diciendo es que esto podría ser una trampa.
—No podemos descartar esa posibilidad. Es por eso que este caso es de clase A. Vida o muerte. Ella es peligrosa, la mafia es peligrosa, y cualquier error podría costarnos caro. Es vital que la encuentres antes de que la información que tenga caiga en las manos equivocadas. Pero recuerda, Alexei... la queremos viva. Necesitamos respuestas.
—Lo entiendo. Haré lo que sea necesario para traerla de vuelta.
—Confío en ti para esto, Alexei. Eres nuestro mejor agente, y eres el único que puede detenerla. Recuerda, cada paso que des, cada decisión que tomes, podría cambiar el curso de esta misión. No subestimes a Nina Baranova. Sé que te estoy pidiendo mucho, pero no estarás completamente solo en esto. Tendrás acceso a todo lo que necesites: armas, dinero, tecnología de rastreo y comunicación. Lo que sea necesario para traerla de vuelta. Sin embargo, estarás operando solo en el terreno, tendrás a agentes en la zona para tu protección, pero no actuarán contigo en la misión.
El jefe hizo una pausa y observó a Alexei con un aire de preocupación.
—Alexei, hay algo que necesitas tener en cuenta. Hace años, durante una operación en Rusia contra Bratva Krestow, te encontraron malherido en una escena de crimen en Moscú. No tenías identificación ni antecedentes, y cuando despertaste, no recordabas nada. Esa fue la razón por la que te mantuvimos bajo observación durante tanto tiempo, esperando que tu memoria regresara y pudieras darnos alguna pista sobre lo que sucedió.
Alexei asintió, recordando vagamente lo que le habían contado cuando lo reclutaron. Esa sensación de estar perdido, sin recuerdos, lo había acompañado desde entonces.
—Sabemos que tu memoria nunca volvió por completo —continuó el jefe—, pero has demostrado ser un agente excepcional. Ahora, te estamos pidiendo que vuelvas a ese mundo del que escapaste. Puede ser peligroso, pero también puede darte una ventaja. Tal vez, al estar de nuevo en ese entorno, puedas recordar algo que nos ayude a encontrar a Nina y desmantelar esta red de una vez por todas.
—Entiendo. Haré todo lo posible —respondió Alexei, decidido.
—Empieza en Vytegra. Los de Inteligencia han trazado la última aparición de Nina en el almacén donde fue encontrado el cuerpo de Sokolov. Deberías empezar por ahí —respondió el jefe, señalando un punto en un mapa desplegado sobre el escritorio.
—¿Cuándo quieres que inicie? —Alexei se levantó, listo para lo que vendría.
—Ahora mismo. De hecho, ya estás retrasado para salir. —El jefe hizo una pausa antes de continuar—. Hazme llegar un reporte cada 15 días para saber que estás sano y salvo. Esto podría complicarse rápido.
Alexei asintió y comenzó a dirigirse hacia la puerta, pero el jefe lo detuvo una vez más.
—Una cosa más. Si necesitas conocer más detalles sobre Nina, busca a Mikhail Kozlov. Él trabajó de cerca con ella en varias misiones encubiertas antes de que todo esto se complicara. Nadie la conoce mejor que él, aunque ten en cuenta que no es alguien con quien sea fácil lidiar.
—Lo tendré en cuenta —respondió Alexei.
Mientras salía de la oficina del jefe, Alexei sentía la gravedad de la misión asentándose sobre sus hombros. Su siguiente paso sería prepararse para la cacería. Sabía que tendría que ser meticuloso, no podía permitirse errores.
Caminaba con pasos firmes, consciente de que lo que estaba a punto de emprender podría cambiarlo todo. Apenas cruzó la puerta, se encontró con Sergei, quien parecía haber estado esperando a que terminara su reunión.
—¿Qué te dijo el jefe? —preguntó, notando la seriedad en el rostro de su amigo.
Alexei miró a su compañero por un instante, sopesando cuánto podía compartir. Sergei era uno de los pocos en los que confiaba plenamente, pero esta misión requería discreción absoluta.
—Tengo que irme por un tiempo, Sergei. —Alexei decidió no dar más detalles, pero la preocupación en los ojos de Sergei fue evidente.
—¿Es algo grave? —preguntó Sergei, bajando la voz.
—Podría serlo. No puedo decirte mucho, solo que voy a estar fuera de contacto por un tiempo. Si todo sale bien, volveré con más respuestas que preguntas.
Sergei asintió, comprendiendo la situación. Sabía que, en este mundo, había cosas que era mejor no preguntar. Pero no podía evitar preocuparse por su amigo.
—Si necesitas algo, lo que sea, llámame. No importa dónde estés o qué hora sea. —Sergei puso una mano en el hombro de Alexei, mostrándole su apoyo.
—Lo haré. Gracias, Sergei. Cubre mi puesto mientras no estoy, y cuídate. —Alexei le devolvió la mirada, agradecido por la amistad que compartían.
Después de la breve charla, Alexei se dirigió hacia las instalaciones de logística, un área del edificio que no solía visitar a menos que se preparara para una misión especial. Sabía que esta misión requeriría algo más que solo armas; necesitaría equipo especializado y la ayuda de su equipo para organizar todo en el menor tiempo posible.
Al llegar a la sala de logística, el encargado lo saludó con una mirada seria. Estaba al tanto de que Alexei había recibido una misión de alto nivel, y su equipo ya estaba preparado para actuar.
—Volkov, ¿Qué necesitas? —preguntó el encargado, esperando las instrucciones.
Alexei repasó mentalmente todo lo que podría necesitar. Sabía que el clima en San Petersburgo sería un desafío, y la misión podría extenderse más de lo planeado.
—Voy a necesitar un equipo completo para una misión Clase A. Preparen una mochila táctica con lo esencial: ropa térmica, abrigo, guantes, botas resistentes. Quiero también un kit de primeros auxilios, cerraduras, ganzúas, un cuchillo Ka-Bar y municiones para mi Glock y el rifle de precisión. Además, preparen un dispositivo de interferencia de señal y algunas granadas de mano.
El encargado asintió y se giró para dar las órdenes a su equipo. Inmediatamente, varios operativos comenzaron a llenar una mesa con el equipo solicitado. Mientras tanto, Alexei añadió más detalles.
—Voy a necesitar billetes en efectivo en varias divisas: rublos, euros y dólares. También quiero varios teléfonos desechables con varias tarjetas SIM internacionales, un pendrive encriptado y una laptop que no pueda rastrearse. Todo debe estar listo en diez minutos.
El equipo trabajó con precisión militar, armando rápidamente varias maletas con todo lo necesario. Una maleta en particular fue preparada con ropa y equipo esencial que Alexei llevaría consigo. Las demás maletas, llenas de suministros adicionales y armas, serían cargadas en el todoterreno.
Antes de partir, decidió hablar con Mikhail, tal como le había sugerido el jefe. Sabía que Mikhail era conocido por su temperamento difícil, un hombre que no toleraba tonterías y que podía ser tan cortante como el filo de un cuchillo. Esto no le preocupaba a Alexei, pero era consciente de que debía manejar la situación con cuidado.
Entró en la oficina de Mikhail, quien lo recibió con una expresión hosca y sin mucho preámbulo. Mikhail era un hombre de mediana edad, de hombros anchos y una barba gris que le daba un aire severo.
—¿Qué quieres, Volkov? —preguntó Mikhail, sin molestarse en disimular su impaciencia.
—Necesito información sobre Nina Baranova —respondió Alexei directamente—. Callahan mencionó que tú podrías darme más detalles sobre ella, sobre cómo trabaja.
Mikhail suspiró, como si el tema lo fastidiara. Se recostó en su silla, cruzando los brazos. Pasaron los siguientes minutos hablando sobre Nina: su personalidad, sus métodos, cómo se manejaba en el campo y cualquier peculiaridad que pudiera darle a Alexei una ventaja. Mikhail mencionó cómo Nina era excepcional en el camuflaje y la infiltración, pero también comentó sobre su habilidad para prever los movimientos de sus enemigos, lo que la hacía increíblemente peligrosa si realmente había cambiado de bando.
—Ella tiene un don para leer a las personas, Volkov. Es algo instintivo en ella. Si vas a acercarte a Nina, tendrás que ser más impredecible que nunca.
—Lo tendré en cuenta.
—No puedo decir que la conozca al cien por ciento, pero sé que no es culpable de lo que se la acusa. Algo turbio debió haber pasado. Esa chica es inteligente y leal. Si está metida en esto, fue obligada.
Alexei lo observó detenidamente, buscando alguna señal de duda en las palabras de Mikhail, pero no encontró ninguna.
—¿Crees que podría haber sido manipulada? —preguntó Alexei.
—Es posible. Conozco a Nina lo suficiente para decirte que no se habría vuelto contra nosotros por su propia voluntad. Pero, en este juego, nunca puedes estar completamente seguro de nadie, ni siquiera de ti mismo —Mikhail mantuvo su mirada fija en Alexei, con una intensidad que demostraba su preocupación genuina—. Lee su expediente, está todo allí, pero no confíes solo en lo que veas en papel.
Alexei asintió, agradeciendo la información. Se levantó para irse, pero Mikhail lo detuvo con una advertencia.
—Volkov, sé que tienes una historia con la mafia, y esta misión no será fácil. Estás volviendo al infierno del que apenas saliste con vida. Mantente alerta. Si alguien puede hacer esto, eres tú, pero no subestimes a nadie, especialmente a los tuyos. Si Nina es inocente, entonces alguien más está implicado en todo esto.
Con esas palabras resonando en su mente, Alexei dejó la oficina y se dirigió al hangar de operaciones. Al llegar, encontró todo listo para su partida. Uno de los técnicos le informó que lo acompañaría Dmitri Petrov, un agente especial que estaría a cargo de asistirlo durante toda la misión.
—Durante el viaje, viajarás solo conmigo, —dijo Dmitri, mientras le entregaba un maletín con provisiones. —Me hospedaré cerca de la zona, a unos diez minutos de aquí, para evitar levantar sospechas. Cualquier cosa que necesites, armas, dinero, provisiones, me lo haces saber, y te lo traeré sin problema.
Alexei asintió, comprendiendo la importancia de mantener un perfil bajo. Sabía que Dmitri no intervendría en la misión a menos que fuera absolutamente necesario, pero su presencia cercana le daba una seguridad adicional.
—También estaré chequeando el área cada tanto, —continuó Dmitri, —para asegurarme de que todo esté en orden y asistirte en caso de cualquier contratiempo. No te preocupes, no intervendré a menos que sea crucial.
El viaje sería largo, y tomaron la ruta por carretera para evitar levantar sospechas. Mientras se adentraban en los densos bosques nevados que rodeaban a Vytegra, la belleza helada del paisaje contrastaba con la oscuridad de la misión que tenía por delante.
La casa que le habían preparado estaba situada en las afueras de la ciudad, un lugar discreto y alejado de las miradas curiosas. Al llegar, Dmitri se aseguró de que todo estuviera en orden antes de despedirse momentáneamente.
Alexei, observando el paisaje desde la ventana, se preparaba mentalmente para lo que estaba por venir. Sabía que la verdadera cacería comenzaba ahora, y con Dmitri como apoyo, tenía un resguardo confiable sin comprometer su operación.
El silencio de la noche en Vytegra era palpable, y mientras se instalaba en la casa, Alexei se preguntaba cuánto tiempo tardaría en encontrar a Nina. Pero una cosa era segura: no se detendría hasta encontrar la verdad, sin importar lo que costara.