Me desespera saber que me acabo de despertar sin la compañía de ella. Estoy pensando en dejarlo todo por irme a donde ella está... ¿Por qué debe ser tan difícil levantarse? Pero aquí estoy, riendo frente al espejo como un idiota, como si ella me estuviera viendo. Sé poco de ella, apenas duré dos días bajo su y**o, pero ha causado estragos en todo mi ser.
La noche cae y en casa reviso el teléfono, buscando mensajes. Encuentro uno que llama mi atención, es de una niña con la que hace mucho no hablaba. Nos conocimos en una página de citas y su primer mensaje fue directo: "Mándame un desnudo". Sin dudarlo, lo hice, y ahora otra vez siento una erección. Esto no puede ser. Ni siquiera he abierto el mensaje y mi cuerpo reacciona como si una tormenta de hormonas se avecinara.
Le contesto con un simple "Hola, ¿cómo estás?", y le recuerdo el apodo que le puse: "mi pervertidita". Su respuesta me deja perplejo. "Hola, ¿aquí tú eres el pervertido que quería hacerme sexo oral? ¿Todavía lo quieres hacer? ¿Es eso todo lo que quieres de mí?"
Me quedo sin palabras. Olvido el cansancio del trabajo, el sueño que me pesaba. Una erección muy fuerte me recuerda que estoy vivo, que hay deseos que me arrastran, aunque sean impulsos fugaces y simples como una conversaci