El sonido de los pasos del enfermero la sobresaltó. —Señora… es momento de salir. Necesitamos realizar un control y permitirle descansar. Freya se giró, aún con la mano de Alexander entre las suyas. —Solo un poco más —suplicó con los ojos—. Solo un momento más, por favor… El enfermero bajó la mirada con un gesto comprensivo, pero firme. —Lo siento. Regrese más tarde. Se lo prometo, la dejaremos entrar en cuanto sea posible. Con el alma arrastrándose detrás de cada paso, Freya soltó la mano de Alexander. Se levantó sin decir nada, acomodó la sábana con suavidad, y salió de la habitación con la mirada clavada en él hasta el último segundo. Cuando llegó a la sala de espera, el mundo parecía no tener forma. Se quitó el gorro quirúrgico, el cubrebocas, los guantes, y se sentó con los hom

