—Mañana hay que trabajar —dijo Freya, dejando el vaso en la barra. Alexander asintió, cruzando los brazos con esa postura suya que decía tanto con tan poco. —Gracias por la cena. Y por no romperme los tímpanos en el coche. Freya rio. —Gracias por el whisky… y por no corregirme cuando olvidé la letra. Se quedaron de pie un momento más, mirándose. Él dio un paso atrás con elegancia contenida. —Duerme bien, Lennox. —Tú también, Dorne. Cada uno se fue por un pasillo distinto. Cada uno se llevó algo del otro. El diario de Freya – Entrada nocturna Querido diario: Esta noche… canté desafinado en el coche con un hombre que alguna vez me intimidó más que el concepto de matrimonio. Ahora sé que tiene buena voz, buen gusto en whisky… y que cuando baja la guardia, puede ser humano. No

