Fecha: El día en que la locura se desató (literalmente) Hoy Alexander Dorne me propuso matrimonio. Sí. Matrimonio. Con M mayúscula, sin flores, sin anillo y por supuesto, sin amor. La escena fue tan absurda que por un momento creí estar dentro de una mala telenovela empresarial. Entró su padre —impecable, intimidante, con ese bastón que seguramente es más valioso que mi cuenta bancaria— y le soltó un ultimátum: "Te casas o pierdes todo". Y entonces, en su infinita arrogancia, Alexander decidió que yo era la candidata perfecta. ¿Suena romántico? No. ¿Suena conveniente? Tal vez. ¿Suena como algo que voy a aceptar sin pensar? Ni loca. Salí de esa oficina sin decir una sola palabra. Solo agarré mi tablet y me fui como si tuviera el control. Spoiler: no lo tengo. Tengo el corazón acel

