Bajó las escaleras con pasos ligeros, aún con el cabello ligeramente desordenado, y al girar hacia el comedor… Ahí estaba Alexander. Vestido con ropa deportiva: joggers oscuros, camiseta blanca entallada, y una chaqueta ligera. El cabello peinado hacia atrás, con algunas gotas de agua que aún no se habían secado del todo. Y lo más impactante: estaba sonriendo. Una sonrisa discreta, pero real. La vio entrar y alzó la taza de café como si brindara por ella. —Buenos días, Freya. Ella intentó no derretirse. —Buenos días… Alexander. Él señaló la mesa. Había frutas frescas, pan recién horneado, café humeante, y un par de jugos de colores vibrantes. —Espero que tengas hambre. Hoy me esfuerzo por ganarme ese segundo beso. Freya arqueó una ceja, cruzando los brazos con una sonrisa ju

