—¿¡QUÉ!? —gritó Dyl, pero con suerte coloqué mi mano en su boca a tiempo. Lo reproché con la mirada y le señalé el camino. Dyl tenía que preocuparse en conducir. —¿Qué fue eso? —preguntó Cory en llamada. —Nada. —respondió Tayler negando con la cabeza y suspirando—. ¿Te cambias de instituto, Cory? —Sí, transfirieron a mi padre y yo le dije que estaba bien, así que... Dejamos Denver. —No me jodas. —murmuró Dyl volviendo a voltear. Si seguíamos así íbamos a morir. —Estaciónate. —ordené. —Estamos bien, no volveré a voltear. —respondió mi testarudo novio. —Estaciónate. No pienso morir por tu culpa. Dyl puso los ojos en blanco y estacionó el auto a un costado de la carretera. Suspiró y volteó con calma. Miro a Tayler. —Me parece genial. —respondió Tayler algo incómodo. En realidad, no

