Eso lo había pensado como mil veces en una sola tarde. No tenía idea de que Dyl podía llegar a ser tan desesperante como lo era.
Cuando llegué a mi cuarto me tiré a mi cama y grité con la cara hundida en mi almohada.
Llevaba unos pocos días empezando mi nueva vida desde cero y ya estaba pasándola mal.
No puedo creer que días como estos se repetirán.
Cada vez que trataba de enseñarle algo al idiota de Dyl, solo coqueteaba conmigo y lo peor es que ni siquiera lo hacía porque yo le resultaba atractiva, simplemente lo hacía por molestarme. Jugaba con mi cabello y susurraba estupideces en mi oído. ¡Y tiene novia! Aunque, bueno, es típico de esos chicos coquetear con todas las chicas. Incluso cuando no coqueteaba conmigo, se hacía el distraído y me pedía que le explicara todo de nuevo.
En poco tiempo había entendido que él era prácticamente intocable. Yo realmente pensaba que no podría hacerme nada porque no quería relacionarme con él de ningún tipo. Pero aun así encontró la forma de fastidiarme.
Mi castigo será pasar tiempo con él.
Mátenme. Ahora. No los demandaré, lo juro.
Eran las seis de la tarde. ¿En serio había estado con Dyl solo dos horas? Oh, vaya, si parecía una eternidad.
En ese momento tocaron la puerta. Bajé corriendo temiendo que fuera Dyl, ya que podría haber vuelto para molestar un poco más, pero me sentí muy aliviada cuando vi a Violeta y Jennifer paradas en la puerta. Pero mi alivio duró muy poco ya que mi madre estaba ahí con ellas.
—¡Mamá! —exclamé antes de que ella pudiera decir algo vergonzoso sobre Dyl, especialmente porque ellas no sabían nada del tema—. Ya conoces a Violeta... Y ella es Jennifer.
—Un gusto señora, dígame Jenn.
Un momento, ¿dijo señora?
Nooo.
—¿Señora? Dime Laura, chica.
—Hola, seño... —siguió Violeta pero educación, pero mi mamá le dio una mirada de advertencia—. Laura. —terminó Violeta finalmente.
—Así me gusta. Bueno, chicas, me voy a mi habitación.
Se fue y las hice pasar.
—Lamento eso... Así es ella.
—No te preocupes, Heather, pero sería peor si a ella no le importaran tus amigos, ¿no crees?
Reflexioné unos segundos.
—Supongo que tienes razón.
Fuimos a mi cuarto y fruncí el ceño cuando vi a Jennifer reaccionar igual que Violeta al ver mi cuarto.
—Qué lindo esta todo.
—Gracias, Jenn.
—Bueno, ya. —dijo Violeta sentándose en mi cama—. ¡Cuenta! —animó.
—Okay, supongo que será bueno desahogarme—. Jenn, siéntate.
—Claro.
—Bien, ¿recuerdan cuando estaba riéndome de Dyl por hacer el ridículo? —pregunté. Ellas asintieron—. Bueno, cuando ustedes se fueron a su otra clase, habló conmigo y...
—¿Él habló contigo? —dijeron ambas.
—Sí, me dijo que no me riera de él y no sé que más, pero yo lo callé. —las dos hicieron un sonido de sorpresa—. En realidad solo me burlé un poco y me fui, pero él se enojó. Mucho. Y decidió vengarse de mi inocente alma.
—¿Cómo? —preguntó Violeta.
—Habló con el maestro y me hizo su tutora.
—Vaya. —Jennifer rió—. Él sí es un maldito.
—Pero, ¿por qué eso te molestaría? ¿Quién no quiere pasar tiempo con Dyl Daniels?
Levanté la mano.
Dyl Daniels. Hasta su nombre era estúpido.
—Oh, Violeta, lo detesto. Es un engreído poco caballeroso que solo piensa en sí mismo y tengo muchas formas de comprobarlo. —me crucé de brazos—. Jennifer, ¿qué crees tú?
—Estoy de acuerdo contigo. —respondió ella y yo sonreí victoriosa.
—¿Lo ves, Violeta? —cuestioné—. Él no es la gran cosa.
—Okay, okay. —suspiró rendida—. ¿Puedes creer que son tus primeros días en este instituto y ya tienes problemas?
—Sinceramente no me lo esperaba.
Hablamos un rato, pero al cabo de una hora se fueron ya que al día siguiente habían clases.
Suspiré cuando se fueron. Ya les había dicho todo y me había servido desahogarme, pero mi sufrimiento no acababa aún. Tenía que encontrar la forma de hacer que Dyl se alejara de mí, pero... ¿Cómo?
Sin poder responder esa pregunta, fui al baño, hice todo lo que tenía que hacer y me fui a dormir.
Ay, como te amo, cama.
* * *
Ay, como te odio despertador.
El horrible sonido que me indicaba que tengo que levantarme de mi adorada cama estaba sonando, ¿por qué?
Mundo cruel.
Como soy así de floja voy resumir todo: Me bañé, desayuné, caminé por las calles mientras tarareaba torpemente una canción y pues aquí estoy, en el instituto.
—Ay, tengo una clase sin ustedes ahora... —se lamenta Violeta y yo río un poco.
—Ja, ja, sufre... Yo estuve así mucho tiempo. —bromeé. Ella entrecerró los ojos—. Vamos, Jenn. —le digo a Jennifer para fastidiar a Violeta. Jenn se ríe.
—Muy graciosas las dos. Y malas. —respondió—. Bueno, igual ya debo irme. ¡Nos vemos luego!
—Bye. —respondemos Jenn y yo al mismo tiempo. Violeta se fue y nosotras caminamos por los pasillos.
—Oye y sinceramente, ¿cómo te sientes con Dyl? No te lo he preguntado porque Violeta... Ya sabes... Tiene una obsesión con él.
—Entiendo. —sonreí. Supongo que a veces es difícil conversar cuando Violeta está siempre exclamando cosas sobre Dyl y su belleza—. Me siento terrible y definitivamente no es justo. Él me trató mal desde el principio y porque no caí a sus pies como él quería, decide hacerme esto y ahora mi arruina todos los días de la semana.
—No dejes que lo haga.
—Pues es difícil y yo tengo muy poca paciencia.
—Solo trata de encontrar la manera de que te deje en paz.
—Eso también es difícil.
—Claro que no, busca la forma. De todas formas, tal vez él mismo se termine aburriendo de la situación, solo tienes que esperar un poco. Ya verás que de alguna forma, todo cambiará.
Le sonreí por sus lindas palabras.
—Gracias.
Ella tiene razón, tal vez todo cambie muy pronto.
Llegamos al salón y nos sentamos en carpetas juntas. Me alegré de tener una amiga que fuera parecida a mí (Jennifer) y también una que era totalmente opuesta (Violeta). Eso hacía las cosas más divertidas.
Lo que me había dicho Jenn me dejó pensando... ¿Cómo encontrar la manera de que me dejara en paz? Él solo no lo haría jamás, pero estaba segura de que a pesar de su horrible y oscuro corazón, tenía que haber alguien que pudiera convencerlo de dejarme en paz, solo necesito saber quién podría tener tal influencia en Dyl.
En ese momento el don Juan abre la puerta del aula, llegando tarde a otra clase una vez más, sólo que esta vez no venía está solo, venía acompañado de alguien: Tayler, el otro chico lindo.
—Pasen. —dice el profesor y ellos entran.
—Gracias. —responde Tayler.
Y claro que Dyl no dice ni pío.
Dyl pasa por mi costado, pero felizmente no hace nada molesto.
Siento una mirada en mí, noto que Tyler está dándome una mirada rápida y entonces la respuesta llega a mí como si me hubieran tirado un balde de agua helada.
¡Tayler! ¡Tayler puede convencer a Dyl de que me deje en paz!
Violeta y Jennifer me dijeron que él era su mejor amigo. Pero había un problema: los chicos como Dyl no tienen mejores amigos, al menos no tienen un mejor amigo real.
Perfecto. Justo cuando creía que por fin tenía una solución todo se arruinaba otra vez.
* * *
Al salir de la clase Jennifer y yo nos encontramos con Violeta, quien se burlaba de de mí por ser la que esa vez tenía una clase separada, luego yo me despido con un simple "¡Bye!" y camino por los pasillos. Cuando paso por una esquina vi a dos personas que hablaban a escondidas en un aula vacía. Después de unos segundos los reconozcí, eran Dyl y Tayler.
Lentamente me acerqué a ellos sin que se dieran cuenta.
Quiero aclarar que me acerqué por simple curiosidad. ¿Y si el idiota le está hablando de mí? O peor, ¿y si le estaba hablando mal de mí?
Bueno, tampoco voy a creerme el centro del universo. Solo chismosearé unos pocos segundos.
Frunzo el ceño mientras trato de escuchar la conversación.
—Dyl, solo pídele disculpas.
—Estás loco, Tayler, ¿por qué tengo que hacerlo?
—Por como la trataste el otro día. Cuando le tiraste los libros y cuando la amenazaste. Además, ¿hacerla tu tutora? ¿En serio?
—Ella se estaba burlando de mí.
—Es normal que lo hiciera, ¡cómo no vas a saber la raíz cuadrada de ciento cuarenta y cuatro! ¡Dios!
—Sabes que no soy bueno en Matemáticas, Tayler.
—Pídele disculpas.
—Nunca.
Después de decir eso Dyl se fue dejando a Tayler con la palabra en la boca.
Wow, Dyl es la persona más terca que haya conocido.
Me sentía agradecida con Tayler por ser tan amable sin siquiera conocerme. Por desgracia, parecía que él tampoco podía hacer mucho aunque quisiera.
Mi plan que incluía a Tayler para ayudarme nació y murió en menos de un día. Cada vez me iba quedando con menos esperanzas.
Mientras seguía ahí para como tonta, recordé las palabras de Jennifer.
"Ya verás que de alguna forma, todo cambiará".
Y sí. Tenía razón. Definitivamente todo cambió, pero no como yo creí que lo haría.
* * *
Al día siguiente me encontraba otra vez en clase de Química.
En el aula había mesas para dos personas, y como ya había mencionado antes, por llegar a mitad de año yo me había quedado sin compañero. Claro que eso tampoco era un problema para mí.
Era consciente de que Dyl estaba sentado justo detrás de mí, al lado de Tayler, y de verdad me alegraba que no había dicho nada para molestarme, ya que él lo hacía cada vez que podía.
—Esta tarde iré a tu casa. Ya estoy pensando en las cosas que le diré a tu madre. —me habló Dyl al oído.
Y ahí está.
—Tal vez le diga que es una mujer muy...
—Ni se te ocurra, Dyl. —interrumpió Tayler jalándolo para que se alejara de mí.
Le agradecí mentalmente a Tayler y volví poner mis ojos en la pizarra. Aún no podía atreverme a hablarle, su belleza me intimidaba. En algún momento la de Dyl también lo hizo, pero él ya no me agradaba nada y eso lo hacía todo más fácil.
—Alumnos y alumnas, voy a dejarles un trabajo que presentaran en diapositivas y lo harán con su compañero de mesa. —sentenció el profesor. Uf, menos mal, lo podré hacer en solitario—. Pero voy a hacer unos cambios de compañero para que no haya problemas.
Varios empezaron a reclamar, pero eso era lo de menos para el maestro. Empezó a cambiar a varios, pero por suerte, yo seguía sola.
Y entonces...
—Daniels, siéntese con James.
Osea yo.
Mierda.
—No, disculpe, el que se sentará con James serás tú Tayler.
Sonreí. Aleluya, por fin algo bueno en mi vida.
Tayler se levantó de su asiento y se acercó a mi mesa. Cruzamos miradas y me sonrió. Aquel gesto me puso muy nerviosa, pero le sonreí de vuelta antes de que fuera demasiado tarde y quedara como tonta.
—El trabajo lo presentarán dentro de un mes, alumnos. Hagan un buen trabajo.
—Pero yo estoy solo. —reclamó Dyl alzando la mano.
El maestro suspiró—. Lo siento, pero lo conozco, Daniels, si lo junto con alguien se las ingeniará para no hacer nada. Ya lo ha hecho antes.
—Pues no pienso hacer el trabajo solo.
—Bien, puede hacer el trabajo con ellos. —respondió el profesor señalando a dos compañeros que lucían como "nerds".
Y eso lo sé, porque yo luzco como ellos.
—¿Los sabelotodo? ¡No!
Sé que fue grosero para aquellos dos chicos, pero quise reír solo por el hecho de verlo actuar con una actitud tan infantil.
—Usted elige. Ni una palabra más. —dijo con más seriedad.
Dyl se levantó de su asiento y se fue del salón, después de eso Tayler pidió permiso para salir y se fue, supongo, a buscar a Dyl.
Tayler actuaba como su niñero a mi parecer. Y Dyl parecía el niño rebelde.
El profesor dio unas indicaciones más sobre el trabajo y luego de unos minutos, ambos chicos guapos regresaron al salón.
—Haré el trabajo solo. —masculló Dyl entrando salón seguido por Tayler que se sentó junto a mí, pero justo en ese momento tocó el timbre y todos se levantaron de su lugar para salir, yo incluida.
Cuando salí pensaba seguir caminando, pero Tayler me detuvo.
—Tayler...
—Hola. —dijo él mostrándome una sonrisa que fácilmente podría derretir a cualquiera—. Quiero saber cuándo empezaremos con el trabajo.
—Sí, sí, cierto. No lo sé. ¿Cuándo quieres empezar? —le sonreí.
¿Por qué le sonrío?
—¿Qué te parece si empezamos mañana en la tarde?
—Claro, ¿crees que pueda ser en tu casa? Es que me acabo de mudar y mi casa es un perfecto desastre. —expliqué. La cocina ya estaba hecha, al igual que mi cuarto, pero aún faltaban algunas cosas y no quería que lo viera. Además, si mi mamá lo veía era capaz de decirme: "Esa es mi hija, acabas de llegar a esa escuela y ya tienes a dos chicos babeando por ti", en serio, con esas mismas palabras. Definitivamente sería una vergüenza.
Mi cerebro comparó lo mucho que me importaba que Tayler viera mi casa y a mi madre, con lo poco que me importaba si Dyl lo hacía. ¿Por qué le daba tanta importancia a Tayler?
Muchas preguntas y no voy a responderlas.
—Claro, no te preocupes. Esta es mi dirección... —dijo apuntándola en un papel—. Aquí está. O si quieres yo puedo pasar por ti.
—No te preocupes por eso, yo iré. —respondí y él asintió, le mostré una última sonrisa y me fui.
Tayler es muy lindo. Y amable. Y lindo, otra vez.
¿En qué estoy pensando?
Sacudo la cabeza y decido ir a la cafetería. Agarré una manzana porque no había sándwich de jamón y queso, una botella de agua y voy a la mesa donde estaban Violeta y Jennifer esperándome.
—¡Hola, chicas! —saludé animada. Tal vez más de lo normal y no debería ser así.
—Hola... —respondió Violeta mirándome de manera extraña—. ¿Heather, sucede algo?
—No. ¿Por qué piensas eso? —mentí dándole un mordisco a mi manzana.
—Pues porque en el poco tiempo que te conozco me he dado cuenta de que tú eres una persona un poco seria, pero hoy suenas animada.
—Bueno, solo estoy feliz y ya.
—Como digas... Pero nosotras sabemos que algo te pasa. —continuó Jennifer y yo reí.
Pero ellas tenían razón. Dios. Sentirme así solo por haber hablado con Tayler. ¿Qué me estaba pasando?
Fuera lo que fuera no era nada bueno. Yo no era así, pero reconocía que me sentía emocionada por ir a la casa de Tayler. Demonios.
Decidí no pensar en eso y continué con mi almuerzo con mis amigas tranquilamente. Cuando por fin tocó el timbre, Jennifer y yo nos despedimos de Violeta porque otra vez tenía una clase diferente a la nuestra. Jennifer y yo caminamos por los pasillos hablando de cosas sin sentido y finalmente llegamos al salón de Aritmética.
Cuando estaba sentada en mi carpeta vi que Tayler estaba entrando. Inconscientemente me acomodé el cabello con disimulo. Cuando nuestras miradas se encontraron me sonrió, entonces le devolví la sonrisa. Tayler se fue a su asiento y yo regresé la mirada al frente, pero noté que Jennifer me estaba observando con una expresión divertida.
—¿Qué?
—Por eso estabas tan feliz... ¡Tayler te gusta!
—¿Qué? No, ¡cállate! —le digo. Felizmente Tayler no oyó nada—. Él no me gusta.
—¿Y esas sonrisitas?
—Él es muy amable y yo soy muy estúpida.
—Okay, okay.
—Solo... No le digas a Violeta, ¿sí? Ya sabes cómo se pone.
—Okay, está bien.
Por desgracia, Jennifer y sus caritas habían hecho que me emocionara un poco más respecto a Tayler.
—Tal vez pueda comentarle algo a Violeta más tarde.
Ella sonrió sabiendo que había ganado. Es un simple gusto, algo muy común.
Para mi suerte el profesor llegó en ese momento, así que no hubo más conversación. Me concentré en clase y luché por no voltear a ver a Tayler. Y tengo que reconocer que estaba muy tentada.
* * *
Me encontraba en casa esperando a Dyl en el balcón sentada en mi silla mecedora. Esperaba encontrarlo antes de que tocara el timbre, así podía hacerlo entrar por el balcón para evitar una horrible conversación entre Dyl y mi extraña madre.
El día avanzó normal después de la incómoda conversación con Jennifer. Quedé en decirle todo a Violeta mañana cuando regresara de la casa de Tayler, aunque realmente no sabía que era lo que le iba a decir. "Haré un trabajo con Tayler" era lo único que se me ocurría y no tenía mucho sentido, pero tampoco quería decirle directamente "Me gusta Tayler", era demasiado.
Veo a Dyl y él a mí.
—Dyl... Por favor... —ruego y él sonríe maliciosamente en respuesta. Curiosamente hasta ahora es el único tipo de sonrisa que he visto en su rostro.
Salgo disparada al cuarto de mi madre cuando escuché el timbre sonar. Cuando llegué le puse el seguro a su puerta así quedaba encerrada.
—¿Heather? ¿Qué haces? —pregunta ella desde el otro lado—. Iba a abrir la puerta.
—No te preocupes, mamá, yo iré.
La escucho hacer más preguntas pero simplemente me voy de su cuarto y suspiro antes de abrir la puerta. Dyl aparece en mi campo de visión y gruño.
—¿Y Laura? —pregunta divertido.
—Para ti es señora.
—Claro que no. —pongo los ojos en blanco ante su respuesta—. ¿Dónde está?
—¡Aquí! —responde mi... ¿Mamá?
—¿No estabas en tu cuarto?
—Salté por la ventana. —me responde ella tomando aire.
Esta. Mujer. Está. Loca.
—Hola, Laura. —dice Dyl y le da un beso en la mejilla.
—Hola, Dyl. —responde mamá y me cubro la cara con las manos.
—Mátenme. —susurro.
—Bueno, ya, váyanse a estudiar. —continúa mi mamá empujando a Dyl por las escaleras.
¿Mamá piensa llevarlo a mi cuarto? Repito: Esta mujer está loca.
—¿Qué? No, mamá. —replico agarrando a Dyl del brazo—. Estudiaremos aquí en la sala.
—Que aburrida. —responde ella y se va por las escaleras sin decir más.
—Laura me cae mejor que tú. —dice Dyl finalmente, quien había estado callado oyendo la conversación.
Con brusquedad lo jalo del brazo hasta llevarlo a la sala. Él trata de agarrar mi mano en un intento de fastidiarme, rápidamente quito mi mano y le pego en el brazo.
—Asno.
No entendía porque las chicas se morían por él, como Violeta, por ejemplo. Ni que él fuera la gran cosa. Era un niño engreído y torpe que solo sabía enseñar abdominales, como me dijo una vez Jennifer. Y tampoco entendía como un chico como Tayler podía ser su mejor amigo, él era totalmente opuesto, dulce, caballero, amigable... Y muchas cosas más. Mejor dejo de pensar en todas las cosas buenas sobre él, sino nunca terminaré.
Me siento en el sofá y Dyl se pega a mí. Me separo al instante.
—Estas serán las horas más largas de mi vida.