Mirar al cielo se ha vuelto un dulce placer que nunca en mi vida pensé disfrutar realmente. La vida no siempre me jugó a mi favor, pero estoy seguro de que entre tantos problemas que he tenido, mantenerme cuerdo siempre fue uno de ellos, pero ahora creo que he encontrado mi único polo a tierra, la única persona capaz de hacer que mi mundo siga girando y me haga mantener los pies en el suelo.
Eres creado creyendo que no existe nadie para ti, eres creado y tus pensamientos son tus mayores amigos, o en mi caso, enemigos. No puedo decir que me sentí solo en totalidad, porque ellos siempre han estado rodando cada espacio de mi mente, llegando a ser parte de una familia un poco diferente.
El estéreo en el auto nos hace sentir un poco más unidos, la música llena nuestros oídos logrando que nuestro cuerpo se mueva al ritmo imperceptible de la música. De la nada una canción tan simple como lo es “Come and get your love”.
Quiero cerrar mis ojos y dejar que mi cuerpo se mueva al ritmo mientras veo a mi chica mover su cuerpo como si durante un tiempo determinado este no le perteneciera en absoluto, sonrió ladeando un poco mi cabeza y girándola hacia ella para admirar la dulzura que ella desprende.
Debra, mi chica ideal llenando mi corazón de alegría. Su cabello castaño claro, casi rubio se mueve en ondas porque su ventana esta hasta al tope inferior dejando que el viento golpea parte de él. No tiene una preocupación exacta porque yo me he propuesto a mantenerla a salvo, me he propuesto a darle el amor que nadie le otorgo, y a mí por situaciones de la vida, me quitaron.
Agito mi cabeza porque me dé he dado cuenta que el cassete que ha puesto Debra solo posee una canción, y esa canción. Nuestra canción.
Mis hombros se mueven alzándose y niego cuando ella capta lo mismo que yo.
-¡Ellos nos estafaron!- golpeo sus muslos con sus palmas abiertas como si estuviera decepcionada, pero por el brillo de sus ojos puedo ver a la perfección como es que no lo está, ama esa canción y por eso insiste tanto en que la comprara a ese hombre por un simple dólar. Dinero que no hace falta en términos generales.
Muerdo mi labio y paso mis manos por la parte superior de mi labio y luego apoyo mi codo en la base inferior de la ventana abierta de mi lado. Respiro con calma porque a lo lejos puedo ver lo único que estoy tratando de evitar a toda costa. Paso mi lengua por la parte exterior de mis dientes, trago hondo cuando puedo ver la patrulla más cerca de nosotros.
Veo de soslayo como es que Debra se remueve incómoda en su asiento, no me parece extraño, esta vía está llena de policías detrás de las características pancartas gigantes, pero como puedo asumir existen algunos, puede que otros ni siquiera se percaten de nosotros por usar la velocidad necesaria.
Llevo mi mano hacia mi frente y trato de cubrirme como si estuviera preocupado por algo, Debra mira hacia las afuera del auto como si de repente la arena a nuestro alrededor fuera mucho más interesante.
El sonido de la patrulla se aleja detrás de nosotros y siento como el aire de mis pulmones comienzan hacer su trabajo.
-Eso estuvo…- asiento y vuelvo a ver hacia la vía desolada.
-No te preocupes cariño- ella ladea una sonrisa y asiente.
-Come and get your love…- ella se mueve de un lado a otro –Oh yeah, get it from the main vine, all right…- ella cierra sus ojos esperando que la canción termine cuando ella ha dicho aquellas frases.
Miro como a la algunas pequeñas cosas aparecen en mi visión, pero esas pequeñas cosas no son para nada pequeñas, y se empiezan a transformar en pequeños locales que cada vez se están haciendo más grandes a nuestra vista.
-Un pueblo- asiento a lo que dice Debra.
-Hail, with it, baby, cause you’re fine. And you’re mine, and you look so divine…- giro mi rostro dejándome llevar por la melodía y tomo su mano besando el dorso de ella con mis labios dejando en claro que ella es todo lo que necesito –Eres hermosa mi vida, y que nadie te diga lo contrario- me acerco lo suficiente y dejo un beso en su mejilla antes de ver como un concesionario esta siento dejado atrás.
Mi pie se aprieta con fuerza y rapidez causando que frenemos de golpe, yo golpeo mi cabeza con el dorso de mis manos tomando el volante y Debra si se mantiene un poco más estable gracias al cinturón.
-¡¿Qué pasa?!- ella pregunta y niego.
-Ve atrás y ordena dos pacas de dinero, el resto mételo bien en la mochila y cierra- ella asiente y desabrocha su cinturón y pasa a la parte trasera –Póntelo y no te lo quites- ella asiente y veo como algunas personas paradas a las afueras de algunos pequeños locales están viendo hacia nuestro auto.
Nuestra Wagoneer ya no es de mucha ayuda, hemos pasado varios pueblos con ella y lo que menos necesitamos ahora es que alguien siga viéndonos con ella. Suelto un suspiro y veo como Debra pasa dos pacas de dinero por parte central. Sonrió porque mi chica es astuta.
Doy la vuelta en la camioneta alzando un poco la tierra de la vía y conduzco con un poco más de calma hacia el lugar.
-Cuando te dé la señal sales del auto, si no, ni siquiera te muevas de aquí ¿Entendido?- miro por el retrovisor a mi chica que asiente a mi instrucción.
Abro la puerta y siento la tierra en la suela de mis zapatos, la cierro escuchando el característico sonido del chasquido de un auto viejo, camino alejándome, pero aún puedo escuchar en el fondo la canción, las ventanas siguen abiertas y el sonido sigue retumbando en la parte interna de la Wagoneer.
-Hail (Hail), what’s the metter with your head, yeah… Hail (Hail), what’s the meter with your mind and your sign…- el sonido a lo lejos ya no me hace mover la cabeza, pero me hace sentir paz porque sé que mi chica está allí.
Trago hondo porque llevo las dos pacas de dinero metido en la parte trasera de mi jeans, pero no solo eso, también está mi arma cargada por si algo puede pasar.
Camino hacia el lugar bajo la mirada de algunas personas, no es como si estuviera del todo limpio, o quizás me haya dado una ducha, quizás tenga gotas de sangre seca aun en mi camiseta, no me interesa mucho la situación, únicamente quiero seguir mi camino e ir hacia mi destino.
Abro la puerta y el sonido de la campana me retumba, pero me recuerda el característico sonido que hacia la puerta cuando entraba al local en donde trabajaba mi chica, el sonido es parecido y me parece desubicado que esté en un sitio así.
Mi cerebro termina asociando sonidos a sitios, y este no parece una cafetería para que usen dicho artefacto, pero no ahondaré mucho, mientras más rápido salga de aquí me sentiré menos estresado.
-Buenos días ¿Qué desea?- un hombre con una revista mal leída me mira. Veo que se gira a ver hacia dentro como buscando ayuda de alguien, sonrío de lado y me acerco al mostrador.
-¿Qué se viene hacer en un sitio así? ¿A pedir agua?- alzo la ceja con arrogancia. Jhon ya no está a la superficie, no el chico que puede compaginar con Debra, no, ahora soy yo y me parece que es momento de dejarlo ser.
-No… yo- el chico tartamudea hasta que se escuchan los pasos de un hombre.
Me giro a verlo, no me parece un hombre de negocios, es parecido al padre de Matilda en la película, solo que es de mi altura.
Chaqueta a cuadros y unos pantalones negros gastados, sus zapatos negros con polvo de la tierra, una camisa vino tinto y un sombrero ridículo en la cabeza.
-Buenas tardes, señor ¿Desea uno de nuestros autos?- sonrío hacia el hombre.
-El sí sabe lo que una persona necesita- digo con arrogancia hacia el chico y asiento al hombre que me señala la parte trasera que da a los autos. Antes de salir doy un vistazo a Debra dentro del auto.
-¿Qué está buscando?- miro alrededor y veo todos los autos que me parecen han pasado de moda a lo largo de los años. Dejo salir un suspiro y veo alrededor.
Tengo dinero hasta para lanzar al techo, soy un maldito asesino que trabajo para saciar su necesidad de sangre, el dinero me sobra.
Quisiera darle a Debra un auto que se merezca, un auto que la haga ver como una chica de ciudad que va con el hombre millonario recorriendo el mundo.
Pero por ahora no puedo aparentar ser quien no soy, tengo mi identificación falsa en el bolso que lleva Debra, y el maletín al costado tiene una parte de los millones en efectivo. El resto está en mi banco, mi cuenta pasa por varios ceros, y es porque no quise gastar ni un centavo hasta tener a mi chica en mis manos, en mi regazo y montando mi pene como tantas noches fantasee.
Pero ahora la tengo y la hare cantar una sinfonía mientras gime mi nombre, y cuando estemos estables le compraré la casa o el pent-house que desee, un auto deportivo y la hare comer caviar, si es lo que ella quiere.
Aun así, por el momento me conformaré con el auto de segunda mano que este ser me está proponiendo.
-Dos puertas, cuatro asientos, veloz, cómodos y con buen reproductor- digo mirando alrededor hasta que mi rostro se queda pegado a uno en específico. Camino hacia mientras el hombre mira alrededor buscando algo.
-Señor…- sus palabras quedan a medias cuando alzo mi mano y lo dejo con la palabra en la boca. Sigo caminando y me detengo delante de ese. –No creo…- me giro.
-Este- digo pasando mis dedos por el hermoso capo n***o con dos rayas color blanco. Muerdo mi labio porque puede que no tenga la mejor apariencia por el momento, puede que parezca que soy un chico pobre, pero este auto hará ver a mi chica muy dominante luego de comprarle algo de ropa.
Asiento dejando que la textura recorra mis dedos.
-Ese auto es costoso- me giro a ver al hombre. Sonrió de lado y no hago otra expresión mientras me inclino a ver debajo de él, abro la puerta y veo su interior, paso mis manos por el cuero –Tiene un estimado de 5.000 $- salgo del auto y alzo mi vista hacia el hombre. Lo veo tragar hondo esperando mi respuesta, sonrío de lado -¿Lo va a querer?- asiento y sus ojos se abren.
El hombrecito entra corriendo al local y yo voy detrás de él, miro a Debra que está ansiosa mirando hacia afuera, la veo soltar un suspiro cuando me ve.
-Tome, firme aquí- alzo la vista al hombre y miro los papeles en regla, asiento y muerdo mi lengua con mis dientes mientras firmo el papel. El hombre se me queda mirando – ¿Cuál sería su método de pago?- sonríe.
Meto mi mano en la parte trasera de mis jeans y saco una paca de dinero y la dejo sobre la mesa. Tomo los papeles mientras veo al hombre contar el dinero.
-Tenga buen día, siempre es bienvenido- casi murmura lo último y alzo mi mano escuchando la característica campanita que me está estresando, indicando de que estoy saliendo.
El chico de la recepción me pasa las llaves y asiento hacia Debra que sale corriendo del auto, el chico se la queda mirando y cuando me giro a verle ladeando la cabeza negando en su dirección, él traga hondo.
-Vamos princesa- digo cerrando su lado del auto –Has lo que quieras con eso- le digo al chico señalando el auto –Y nunca mires a la mujer de alguien más ¿Entendiste?- traga hondo cuando le susurro lo último.
-Sí, sí señor- asiento y me subo a mi nuevo auto.
-A casa- digo arrancando el Malibu Chevelle 1970.
La tomo de la cintura y beso su hombro izquierdo cuando veo como su camiseta de tirante ha caído a un costado, el caminito de besos sube hasta su cuello, muerdo un poco el área causando que ella se retuerza entre mis brazos. Cierro mis ojos e inhalo el suave olor a lavanda y vainilla de su cuerpo.
-Eres tan dulce- no evito decir causando una risilla proveniente de ella. Se remueve en mis brazos y se gira para tomarme en un beso suave y dulce.
-Gracias por todo esto- niego besando sus labios con lentitud –No pensé que tuvieras tanto dinero- niego y beso sus mejillas.
-Tengo tanto que no puedes imaginarte, pero el único vacío que deseaba llenar era el tuyo, el sentirte, el tocarte y besarte- confieso en sus brazos –El dinero era la recolección de todo lo que deseaba darte-ella mira a mis ojos con ternura y no puedo evitar fundirme en la suavidad del azul tan parecido al mar que está detrás de ella.
-¿Esta casa cuanto costaba?- miro hacia ella y sonrío –Sacaste unas cuantas pacas del maletín y de repente era nuestra- miro alrededor y beso sus belfos con suavidad.
-No vale ni una cuarta parte de lo que tú vales- la sincera es algo que no puedo controlar con ella –Daria todo mi dinero con todo tenerte en mis brazos, y no son solo unos cientos de miles- trago hondo.
-Erick, tú…- se hacia dónde se dirige la pregunta, pero niego apretándola de la cintura para acercarla más a mi cuerpo.
-Debra, yo no me arrepiento de nada, sé lo que hice para ganarme el dinero, sé lo que he hecho bien y lo que he hecho mal y no me interesa asesinar, nací siendo bueno en ello y no me molesta en absoluto- ella toca mis mejillas.
-Pero con todo ese dinero puedes tener hasta una multinacional de algo. Tendrías uno de esos edificios grandes en el centro de Nueva York y estarías vestido de traje todo el tiempo- sonrío de lado y asiento.
-¿Y cómo es que hubiera conocido a mi princesa?- niega con una sonrisa.
-Podrías tener una vida mejor- asiento.
-Está por verse Debra, pero estoy seguro de que detrás de un escritorio no sería del todo feliz- ella deja salir un suspiro –Pero estaría bien estar detrás de un arma- ella niega.
-Erick- ella me reta, pero me hace reír.
-Negocios son negocios, nena- beso sus mejillas dejando latente esa conversación.
Quiero alejarme de todo, pero sé que a la final no lo podrá hacer del todo, tengo dinero suficiente para vivir varias vidas, pero no estaré del todo satisfecho. Tengo a Debra y trataré de darle todo lo bueno de este mundo, incluso si es manchando mis manos de sangre constantemente.
La sensación es abrumadora, mi cuerpo es pesado, está adolorido y no puedo con él. Miro alrededor algo desorientado, me trato de levantar, pero lo único que hago es caer de nuevo al suelo con fuerza.
Una voz hace eco en mi mente, pero no le doy la atención necesaria, mi garganta duele, está irritada y no dejo de toser con fuerza sacando parte del agua salada que termine ingiriendo al ser lanzado al mar. Una mano se posa en mi hombro y me hace moverme con brusquedad hacia un costado.
Un hombre me mira desde arriba, modula algo, pero no puedo entender, me trato de sentar como puedo mirando hacia la nada. Todo es agua y arena, tal cual como en nuestra casa.
-¿Estás mejor?- escucho con más firmeza alejándome del brazo del hombre. Miro hacia todos los lados buscando a la única persona que necesito en este momento, pero no la veo, no puedo ver a Debra por ningún lado. Así que hago lo que menos pienso y es alzar la mirada para ver al hombre frente a mí.
-Debra- digo con voz débil llevando mi mano hacia mi garganta –Debra- miro hacia el océano esperando que ella aparezca de la nada.
-No sé quién es Debra- él niega y me alejo un poco –Eres el único que ha llegado- niego con fuerza y me trato de levantar. Me giro y apoyo mis rodillas para impulsarme, pero es inútil y termino cayendo de nuevo en la arena.
Cierro mis ojos y no puedo evitar sollozar, mi cuerpo se agita por el llanto y mis manos se hacen puño por la impotencia de no proteger a la única persona que estaba a mi cargo.
-Joven- el hombre frota mi espalda y siento otras manos tratando de tirar de mi cuerpo. Abro mis ojos como puedo y el destello del sol cae da de nuevo en ellos, se sienten pesados, arenosos y cansados –Joven- dicen mientras cierros mis ojos al tiempo que más lágrimas bajan por mis mejillas -¡Joven!- me agitan con fuerza -¡RIQUELME!- gritan antes de caer de nuevo en la oscuridad y él vació que me aflige.
Dos hombres miran al cuerpo inconsciente del chico, no hacen más que negar a la notable herida que tiene en su abdomen y con un suspiro, junto a sus rostros llenos de preocupación, arrastran al joven hombre hacia su pequeña cabaña.
¿Quién es este ser misterioso para ellos? ¿Y por qué busca a una tal Debra?