Capítulo 6
La parrilla está calentando, las salsas están hechas, el pie de manzana está cortado, tengo todo listo para una mini cena de cuatro de julio. Miro mi reloj, ya son las ocho, la hora en la que normalmente Pippi deja de trabajar. Corro de regreso a la casa y atravieso las extensas habitaciones hasta el salón de baile, la chica tiene la música encendida en una canción de Whitesnake, sonrío al verla coser mientras mueve la cabeza al ritmo de la canción. Me aclaro la garganta y ella alza la mirada, quitándose los alfileres y demás cosas de las trenzas.
— ¿Señor McAlister?
— Eh… — me aclaro la garganta — Pensé que querrías algo de comer y preparé la cena para los dos
— ¿En serio?
Me mira extrañada, aunque sonriente.
— Sí… — me encojo de hombros — Algo para celebrar cuatro de julio
— Oh… gracias señor McAlister
— Bien, vamos, está en el jardín…
— De acuerdo…
Camino hacia las puertas dobles de cristal y las abro, dejando entrar el aire fresco. Salimos al jardín y lo atravesamos en silencio. Pippi juguetea con una de sus trenzas como siempre, es uno de los gestos que más me gustan de ella. Llegamos a la zona de parrilla, Pippi sonríe.
— Ta da… — extiendo los brazos, la pelirroja ríe, es que no tengo nada armado, solo una humeante parrilla sin nada en ella — Me diste una razón para venir a esta área de la casa
— Gracias señor McAlister
— Espero que te gusten las hamburguesas
— Sí, con queso…
— ¿A quién no le gusta la hamburguesa con queso?
Bromeo, lanzando las hamburguesas sobre la parrilla y sirviendo las papas fritas en una pequeña canasta que dejo sobre la mesa donde Pippi se acaba de sentar.
— Sin embargo, odio los pepinillos
— ¿En serio? — frunzo el entrecejo — Yo también los detesto
— Wow…
— No me gusta las hamburguesas totalmente cocidas… — digo, girándolas — ¿A ti?
— Término medio por favor…
— Ok…
— ¿De veras nunca usa esta área?
— Nunca… — pongo los panes sobre la parrilla y el queso sobre la carne — Cheyenne y yo no somos mucho de las barbacoas, pero esta era una ocasión especial — saco los panes de la parrilla, las coloco sobre unos platos y coloco las verduras — Así que sí… nunca uso esto
— ¿Y cuál es la ocasión especial?
Me giro a verla, ella sonríe.
— Pues… — dejo los platos sobre la mesa y me siento — Que has estado trabajando arduamente y te mereces una cena en tu honor
— Gracias señor McAlister…
— Oh… casi lo olvido, haré coctel de frutas para beber
— Y agréguele alcohol
— No, niña…
— Vamos… — la miro, de nuevo sonríe — Es una ocasión especial
— Eh… — trago saliva — Está bien…
— En cuatro de julio yo solía ir a casa de mis vecinos con mamá, solo las dos — comienza a decir — Papá nunca estaba para esa fecha, ahora sé por qué… — suelta un suspiro — Pero en fin… cuando me mudé dejamos de hacerlo, obviamente…
— Ummm… debió ser duro
— Sí… — le da una mordida a su hamburguesa — Esto está rico… — abre al máximo sus ojos — Señor McAlister, abra ya su camión de comida
— Te tomaré la palabra Pippi…
Dejo las bebidas sobre la mesa.
— Salud…
Pippi le da un sorbo a su bebida, pasando su lengua por sus labios como siempre.
— ¿Qué te pareció?
Pregunto, bebiendo un sorbo, ella solo se relame los labios.
— Está rico… — mira su vaso — Diría que más rico que la versión sin alcohol…
— Bueno… eso no me alegra mucho, aún no eres legalmente mayor como para tomar alcohol
— Ay, señor McAlister… — esboza un puchero — No sea aburrido
— Solo soy responsable, ni a mi hija le dejo tomar alcohol y confío que no lo hace cuando sale…
— Pues tiene suerte, no lo hace… no mucho al menos…
— ¿Qué…?
Pippi ríe.
— Solo bromeo, señor McAlister — le da otro trago a su bebida, relamiéndose por enésima vez los labios — ¿Ha hablado con ella?
— Sí, en la tarde — contesto — Con ella y con su madre
— Wow… — sonríe — Me hubiese gustado que mis padres se llevaran así de bien como usted y su ex…
— Bueno… es que nos conocemos de toda la vida — le doy una mordida a mi hamburguesa — Y supongo que eso significa algo para ambos
— ¿Por qué se divorciaron? — pregunta, me quedo callado — Porque… al verlos, uno dudaría de que ya no se aman, lo cual deja sin sentido el que se hayan divorciado…
— Bueno… — me termino mi bebida de un solo trago — La verdad, el amor se fue desvaneciendo entre nosotros sin que nos diéramos cuenta — le doy otra mordida a mi hamburguesa — Ella viajaba todo el tiempo y casi nunca estaba en casa, solo en verano para aprovechar el máximo de tiempo con Cheyenne
— Ummm…
— Y, sin darme cuenta, lo único que nos unía era nuestra hija y lo físico… nada más… — miro mi hamburguesa a la mitad — Sin ningún sentimiento de por medio, solo eso… — miro a la chica — Creo que necesito un trago…
— Ok…
Me levanto y camino hacia el bar, tomo la primera botella que logro alcanzar, whisky… perfecto.
— ¿Quieres?
Pregunto, destapando la botella.
— ¡Sí! — contesta ella con emoción, me río, era obvio que aceptaría — ¿Y entonces por eso se divorciaron?
— Más o menos — me sirvo un poco en mi vaso y me lo tomo de un solo trago, Pippi me imita — Al fin y al cabo, solo nos unía eso, Cheyenne… — bebo otro shot, sacudo la cabeza — Y lo físico
— ¿Se refiere al sexo?
Pippi también se sirve otro trago.
— Sí… precisamente — me sirvo mi tercer shot de whisky — Nada más que eso…
— ¿Y ella sentía lo mismo?
— Ambos conversamos — la miro, los ojos de la chica brillan como siempre — Ambos llegamos a esa conclusión, de que no había amor, ya no, que se había ido y no nos habíamos dado cuenta
— Señor McAlister… ¿Aún le afecta?
— ¿Qué…? — sonrío, tomando mi cuarto shot — No, para nada… — Pippi también sigue bebiendo — No creas que estoy bebiendo como cosaco por ello, es solo que… — miro mi vaso vacío — Tal vez si ella hubiera sido diferente o yo hubiera sido diferente, seguiríamos juntos… — creo que beber tanto de forma tan rápida ya me está afectando — Es decir, éramos muy jóvenes cuando tuvimos a Cheyenne, apenas teníamos quince — bebo otro trago — Éramos muy buenos amigos, los mejores, juntos con Josh, el tío de Cheyenne, éramos como Cory, Topanga y Shaun, eramos muy unidos y… que ella quedara embarazada no fue algo esperado, obviamente — miro mi vaso — Pero ambos nos hicimos cargo, responsables y creo que lo hemos hecho muy bien, la hemos criado muy bien pese a todo — sonrío, amo a mi hija — Cuando Cheyenne tenía tres años, su madre quería ir por el mundo, viajar, conocer otros lugares, modelar, hacer ropa y me dijo que fuera con ella, que los tres viajemos juntos como una familia de mochileros fashionistas — río — Pero no lo hice y pude hacerlo… pero preferí que ella vaya sola, sobre todo porque yo tenía que hacerme cargo de los hoteles y no podía darme el tiempo libre… o eso creía en ese entonces, porque ahora me doy todo el tiempo libre que deseo, pero solo lo empleo para seguir en casa… — me río — Y le pedí que se case conmigo… quería que se estableciera aquí conmigo… — bebo otro shot — Éramos tan jóvenes… — sonrío — Apenas teníamos dieciocho — miro mi vaso vacío y de nuevo a la pelirroja — Y al principio todo fue bueno, ella estuvo en el país hasta que nuestra hija cumplió cuatro años, inició su marca de ropa con la ayuda de mi familia — me encojo de hombros y río — Sabes… Chantal es la clase de persona que, si hace algo malo, te lo terminará confesando, tarde o temprano y te lo intentará compensar — miro a la pelirroja, esta tiene las mejillas rojas — Y un día, en el año que nos divorciamos, me preguntó si yo aún la amaba… — río — Me quedé callado, no sabía qué contestar, y entonces ella dijo “Yo siento lo mismo, que ya no siento eso por ti, solo deseo… solo ganas de tener intimidad contigo”, en síntesis, me dijo que solo me veía como un pedazo de carne para satisfacerse
— Pero usted sí la amaba aún
— No, la verdad que no… ella era solo una visita, un familiar que venía a quedarse en el verano y nada más
— ¿Entonces?
Nos miramos fijamente.
— Me confesó que se había acostado con uno de sus empleados, que se había acostado con uno de sus fotógrafos y me dijo que se había acostado con su chofer — bebo otro shot — Estuvo acostándose con otros hombres en sus múltiples viajes — Pippi abre al máximo los ojos — Y es que, al parecer, la señora no puede estar ni un solo momento sin tener a un hombre entre las piernas
— Wow…
— Sí… — me río — Cuando yo podía estar veinticuatro por siete con ella, no tenía mayor inconveniente, pero cuando comenzaron sus viajes, esas largas ausencias, aguantaba un par de días y luego buscaba a una presa — miro a la pelirroja — Se sentía culpable de hacerme eso, porque yo siempre esperaba en celibato hasta el día en que ella volviese — me río — Pero bueno…
— Yo creo que sí le afecta
— No, la verdad que no… — niego con la cabeza — Lo que me afecta es la imagen de portarretrato que no pudo ser ¿Entiendes? Esa ilusión de poder tener la familia perfecta, viviendo en un vecindario perfecto en una casa perfecta, como mis padres, como muchos esperan, y yo tenía esa ilusión, pero no pudo ser… esa desilusión es lo que realmente me afecta, que no podré tener esa imagen de portarretrato…
— Oh… lo siento señor McAlister
— No te preocupes…
— Bueno… — nos miramos — Venga… — se levanta — Debe animarse un poco
— ¿Qué quieres hacer?
Me levanto.
— Hay que bailar un poco…
Propone, caminando hacia el equipo de sonido.
— ¿Bailar?
— Sí, para quitar las tensiones y comenzar de nuevo — me sonríe — ¿Sabe bailar?
— No seré el mejor, pero me defiendo…
— Bien, entonces venga — me acerco a la chica, la música comienza — ¡Amo esta canción! — me mira sonriente — ¿Vio la película? ¿Se sabe la coreografía?
— ¿Te gusta “Dirty Dancing”?
— Sí… — contesta sonriente — ¿Se sabe la coreografía?
— ¿Qué si me la sé…? — le tomo por la cintura, ella suelta una risita — Algo…
Comenzamos a bailar, tomados de las manos y mirándonos el uno al otro. Pippi mueve muy bien las caderas, es obvio que sabe marcar el paso ya que sabe llevar el ritmo, la he visto cuando mueve la cabeza al ritmo de la música. La hago girar, me sé la coreografía y es obvio que ella también, me pregunto cuántas veces habrá visto la película. Nos movemos al centro de la terraza, ella suelta una risita, estamos muy bien coordinados. Cuando era pequeño mi mamá nos hacía ver esta película unas quinientas veces, aprendí a bailar con ella. La hago girar y ella se aleja, sonriéndome de oreja a oreja, extendiendo la mano hacia mí. Tiro de ella, su cuerpo y el mío chocan, no podemos evitar reír, esto es realmente divertido. Vuelvo a tomarla de la cintura, continuamos bailando. Ella gira y gira, sonriendo y riendo, debe de estar pasándola realmente bien. Nuestros cuerpos vuelven a chocar y nuestras caderas se mueven al son de la música. La tomo con fuerza de los brazos y la elevo, girando junto con ella, Pippi solo ríe emocionada. La suelto y me alejo, es el solo de Patrick Swayze y me encanta. La miro, me sonríe, no me siento nada avergonzado, en otra época de mi vida quizá no me hubiera atrevido a hacer este baile con público, pero en serio me estoy divirtiendo. Ella se coloca en una de las esquinas de la terraza, yo en la esquina opuesta. Le hago una seña con las manos, ella sonríe de oreja a oreja, corriendo hacia mí. La tomo en brazos y la elevo sobre mi cabeza, es ligera como una pluma, y ella solo sonríe y eso me gusta. La deposito en el suelo, nos miramos fijamente, ella sonríe y no puedo evitar hacer lo mismo, y es que ella es tan bonita y agradable. Me inclino hacia adelante y junto mis labios con los suyos… y ella me devuelve el beso… como si ambos lo hubiésemos estados deseando desde hace tiempo… espera… ¡¿Qué demonios estoy haciendo?!
— Lo siento…
Susurro, separándome de ella.
— Yo también…
Ambos nos miramos, separándonos. Me alejo de ella, apoyándome en el bar, dándole la espalda, ahora sí me siento avergonzado ¿Qué demonios acabo de hacer? ¡¿Qué demonios acabo de hacer?! Esto no es posible, esto no está bien… esto no está nada bien.
— Eh…
— Señor McAlister…
— Creo que hemos bebido demasiado — me giro, ella tiene las mejillas sonrojadas y solo asiente con la cabeza — Te pediré un taxi, no creo que pueda conducir…
— Está bien…
Ambos nos volvemos a mirar, ella aparta la mirada. Mierda… ¿Qué he hecho? ¿Qué demonios he hecho? Aunque, lo que más me sorprende es que ella no se haya alejado, que ella no se aleje o me grite o me trate como un abusador. Ella está delante de mí, luciendo tan avergonzada como yo ¿Es que ambos no sabemos qué pasó? ¿O es que ahora me ve como una clase de hombre pervertido capaz de fijarse en una menor?
— El taxi ya va a llegar — informo, estamos en la sala y ella abraza su mochila sentada en uno de los sofás — Eh… Pippi…
— No diga nada — pide, con seriedad — Solo finjamos que no sucedió y vivamos tranquilos… — me mira — Y ni una palabra de esto a Cheyenne
— De acuerdo…
Acepto, estoy bien con esas condiciones.
— Bien…
El timbre suena, miro a la pelirroja.
— ¿Vendrás mañana?
— No lo sé señor McAlister — nos volvemos a mirar — ¿Quiere que venga?
— Estás haciendo un trabajo, no vienes por mí
— Tiene razón…
Asiento.
— Bien… — camino hacia el recibidor, ella me sigue — Nos vemos Pippi
— Nos vemos señor McAlister…
Vuelvo a asentir con la cabeza, la chica sale de mi casa, cierro la puerta y activo la reja principal. Me dejo caer en el suelo… ¿Cómo diablos voy a lidiar con esto? ¿Cómo diablos voy a mirarla ahora…? Esto no es posible… esto no sucedió… Me cubro el rostro con ambas manos y suelto un gruñido, esto ha sido un error garrafal de mi parte y ahora tengo que atenerme a las consecuencias. No obstante, en algo concuerdo con Pippi, no le vamos a decir nada a Cheyenne, para nada, no le pienso decir nada de esto, sobre todo porque realmente es nada, solo un beso entre dos personas un tanto ebrias que estaban recreando una escena icónica. Mierda… espero que esto no me traiga problemas…