Miro a los estudiantes ir y venir, cada uno buscando su salón, hago lo propio y subo al quinto piso, donde se encuentra mi aula, entro y una gran cantidad de jóvenes se encuentran ahí, busco una butaca en la primera fila y me siento frente al escritorio del profesor, de esa manera no me distraeré de mis clases, los estudiantes siguen llegando, el salón se va llenando y luego entra un señor muy alto y distinguido, me parece demasiado joven para ser maestro de matemáticas, a todas nos llamó la atención, mi compañera de al lado no puede disimular su admiración, se acerca a mí de forma disimulada y me dice:
— ¿Te fijaste al tremendo bombón que nos tocó de profesor de matemáticas?
Asiento con la mirada y luego nos colocamos en posición, la clase continúa, tomo notas y me concentro en la clase, luego me percato que mi compañera y la mayoría de las chicas de la clase apenas lo hacen, han quedado hipnotizadas, embelesadas en la figura del profesor, éste se da cuenta y empieza a preguntar, todas se quedan en blanco, ninguna pudo responder y nos ganamos una buena reprimenda como inicio de semestre.
Los chicos comienzan a reír, mi género ha quedado pésimo en su primer día del primer semestre de administración de empresas, las burlas suben de tono, el profesor les dirige una mirada de molestia y lentamente alzo mi mano para contestar la pregunta, el maestro suelta el aire y con una sonrisa se da por satisfecho, —al menos a una le interesa— se le escuchó decir, todos se quedan callados y la muchacha junto a mí me regala una sonrisa de agradecimiento.
Al terminar la clase y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo todas soltamos un suspiro, los varones vuelven a reír al darse cuenta de la admiración que le pusimos al profe, de pronto desde el fondo se escucha un grito de —El profesor está casado—, todas lanzamos un uhhhhhhhhhhh, de desilusión.
Las demás horas de clase siguen, los maestros y maestras se presentan y luego termina el primer día, la chica de al lado me aborda y vuelve a agradecerme por haberlas “salvado”, es una persona muy simpática y amable, me cae muy bien, charlamos mientras salimos de la facultad y ella se reúne con otros compañeros, yo me dirijo a la estación de bus, espero por largo rato, al llegar subo y a poco de que el conductor arranque se escucha un grito de ¡Espere!, completamente agitada mi compañera de clase se sube, agradece al chofer y pasa, me mira y se sienta a mi lado.
—Hola no sabía que tomabas el mismo autobús ¿Dónde vives?
—Vivo en el barrio de las Flores.
—Yo vivo cerca de ahí, qué suerte, podemos encontrarnos para venir juntas.
—Claro, me encantaría.
—Me llamo Vanessa ¿Tú?
—Soy Isabel, me da gusto conocerte.
—El gusto es mío Isabel, ahora seremos grandes amigas.
Vanessa se convirtió en mi mejor amiga, hicimos un grupo excelente con todas las muchachas que ocupábamos la primera fila, nos ayudábamos en todo, salíamos a divertirnos —Tomar leche y pan de chocolate—, suspirábamos al ver a nuestro guapo y casado profesor —Una vez le tomamos una foto camuflada— y nos reuníamos para hacer las tareas —En casa de Vanessa—.
Un sábado que el profesor de ese día no llegó, todo el grupo se puso de acuerdo para ir a bailar y tomar cerveza, todos aceptaron y lentamente tomé mis cosas para retirarme del lugar, pero, mis compañeras me interceptaron y me arrastraron —literalmente— al sitio, yo les rogaba que me dejaran ir, en mi pensamiento y con la educación que me dio mi padre el entrar a un lugar así era más o menos lo mismo que entrar al infierno, pero nadie me escuchó, me amenazaron con decirle al hermoso profesor que no había hecho el trabajo de grupo, me molesté con ellas y les dije que eso no era justo a lo que mi compañera presidenta de clase intervino, respiré aliviada, pero ese alivio no duró cuando me dijo que ella apoyaría esa versión y luego el resto de mis compañeros se unió al chantaje.
No sé si fue la amenaza o el miedo de que mi guapo profesor me vea como una alumna incumplida y ociosa lo que hizo que mis pies lentamente pasaran por la puerta del lugar, temblaba como una hoja al viento, la oscuridad del sitio, las luces de colores, la música estridente, todo era nuevo para mí, con mucho enojo me senté en el lugar que me indicaron y no me moví de ahí, estaba muy enojada, entonces llegaron las cervezas, la mía la dejé ahí todo el tiempo, no la tomaba y me moría de sed, iba al baño para tomar agua, veía como todos se divertían, pero yo estaba tan molesta que me negaba a pasarla bien, hasta que lo vi, en un grupo de muchachos que vino después de nosotros, eran de último año, me miró y me sonrió, le devolví la sonrisa y volví a mi lugar, entonces llegaron mis compañeras y me abuchearon por no haber probado mi cerveza, les dije que no la quería y empezaron a jugar con ella, me dijeron que si no la tomaba me la arrojarían a la ropa, estaba que echaba chispas, ellas se reían de verme así, entonces me dijeron que bailara para no hacerlo y realmente perdí los estribos, estaba a punto de insultarlas cuando sentí que alguien tomaba mi mano y me llevaba a la pista, solo veía bultos que pasaban cerca de mí, cuando llegamos a la pista y dio la vuelta para ponerse a bailar a mi lado me quedé parada, el joven que me sonrió estaba conmigo, se acercó a mi oído y me dijo:
—Te salvé de que te echaran la cerveza, ¿podrías moverte un poco para disimular?
—Ehhhhh, yo no sé…
—Soy David, alumno de último año ¿Y tú?
—Me llamo Isabel.
—Chabela, me encanta tu nombre.
El resto de la tarde se me pasó sin sentir, el grupo de David se unió al nuestro e increíblemente el enojo por haber sido “obligada” a entrar allí se me pasó, me uní al regocijo y mis compañeras estaban muy contentas de haber logrado que entrara en ambiente, David se tomó mi cerveza y me compró una gaseosa, dijo que si no estaba cómoda con eso no deberían presionarme, así que nadie más se atrevió a volver a amenazarme.
Ya empezaba la noche cuando salimos del lugar, Vanessa estaba mareada así que fuimos a comer algo para que se le pasara, David y sus amigos se quedaron allí, no sin antes darme su número de teléfono, en realidad fue un momento muy agradable, después de que mis compañeras devoraran literalmente la comida se sintieron mejor, tomamos un taxi y luego de dejar a Vanessa segura en su casa me dirigí a la mía para encontrarme con la fiera mirada de mi padre.
— ¿Qué horas son éstas de llegar hija?
—Buenas noches papi.
— ¿Dónde estabas?
—Con Vanessa.
— ¿Haciendo qué?
— ¡Basta Andrés!, deja tu paranoia, ya llegó, además no es tan tarde, si estaba con su amiga, seguro estaban estudiando.
—Gracias mami.
—Deja de socapar a tu hija Margot, a ver, ven sopla mi ojo.
— ¿Qué?
—Sopla mi ojo —me acerco donde mi padre y hago lo que me pide, se me queda viendo y después de hacerme un escaneo general me muestra una mueca y luego me señala la mesa para ir a comer en donde mi hermana me veía muy divertida—
—Ya comí con Vanessa.
—Al menos ten la decencia de avisarnos la próxima vez.
—Bueno papi, disculpa.
No tenía idea de por qué me pidió tal cosa, luego me explicaron que era para sentir mi aliento, pero como no bebí no pudo sorprenderme en nada y luego con el viento cualquier olor extraño pudo disiparse.
Me fui al cuarto y me tendí en la cama recordando la espectacular tarde que pasé, era la primera vez que asistía a un lugar de esos y no lo vi tan malo, me divertí, no necesité beber alcohol, me gustaba bailar y luego de que el enojo se me fuera realmente lo disfruté, pero, sobre todo, me encantó bailar con él, metí mi mano en el bolsillo de mi pantalón y miré el papel con su número de teléfono, mi mente se debatía en pensar si era conveniente llamarlo, no quería que me viera como desesperada así que lo volví a guardar y me dormí enseguida.