—Tienes toda la razón, a mí ese niño me importa de la misma manera que a ti tu hija no te interesa— encara Hellen a James que lejos de molestarse, está vez se ríe y le dice que ella no entiende nada.
Y es lo más seguro, la mujer se va rauda a su habitación y lo hace tan rápido que casi tropieza renegando y dándose cuenta que no siente nada más que miedo por ella, su situación no es la que ella pensaba mucho menos acompañada de las náuseas que tiene y eso no la puede hacer sentir más tonta e infeliz por sus decisiones.
—¡Soy una estúpida!— golpea la cómoda viendo su reflejo en el espejo— pronto seré una pelota— levanta su camiseta y mira su abdomen plano sabiendo que son solo apenas semanas las que tiene— te pasa igual que a mí— le habla a su vientre— no parece pero nadie te quiere, solo eres un objetivo para cada una de las personas que estamos aquí— sigue viendo su barriga— me incluyo porque Sandra está obsesionada con darle gusto a su padre, tu padre ni siquiera está feliz por tenerte, es decir odia saber que yo te traeré al mundo, tus abuelos quieren seguir con su legado a través de ti y yo— toca su vientre con delicadeza y nervios— yo quiero dinero y tú vida me lo dará.
—¿Puedo pasar?— la voz de Bennett la saca de sus pensamientos y abre rápido, preguntando que pasa.
—¿Porque lloras?— le pregunta limpiando la lágrima que ni siquiera sabía que tenía con delicadeza haciendo que se aleje intrigada— yo no lloro— se da la vuelta y pregunta qué pasa— ¿En qué te puedo ayudar?.
—Necesito ver cómo está el bebé— habla el hombre y decirlo le hace sentir una plenitud en el pecho— debemos ir a ver a Nicolás, quiero saber su tiempo exacto, su peso y demás.
—¿Peso?— se sorprende extrañada Hellen yendo nuevamente al espejo levantando su camiseta haciendo que Bennett la mire— no pesa— dice ella— sé que va a crecer pero no tiene peso— se mueve de un lado a otro frente al vidrio— ¿eso es malo?— se soba el vientre haciendo que Bennett sienta una emoción más allá de lo común— ¿es malo?— se pone frente a él aún con el vientre al descubierto haciendo que el empresario se ría y le diga que no.
—No, el tiene que estar bien— el impulso de tocar a su hijo hace que sus ojos brillen y su mano vaya al estómago de la mujer que se sobresalta pero no se mueve de dónde está— se que tiene que estar bien— su tacto cálido hace que Hellen lo mire aunque él no se de cuenta— está vez tiene que ser diferente— sus ojos se cristalizan y la mujer lo sigue viendo sintiendo tristeza— este no se puede morir.
—No lo hará— ahora es ella quien posa la mano en la mejilla de él haciendo que la mire— él va a vivir, yo me encargaré de eso— le asegura sintiendo que su corazón late muy fuerte al sentir la mano del magnate sobre la suya.
—Lamento la interrupción— aparece Elba muy elegante apoyada en su bastón preguntando si todo está bien e incapaz de ignorar la escena que acaba de ver— todo muy bien abuela— se pone rígido poniendo distancia y Hellen lo mismo.
—Me alegra que todo esté bien— dice la abuela— linda, es necesario que veamos a mi bisnieto— dice la señora que recibe un abrazo lleno de felicidad a su abuela— ¿Estás lista?.
—Por supuesto, me puedo cambiar rápido y vamos.
Habla la joven nerviosa y aunque Elba lo nota sus años le han dado la experiencia y el don de aprovechar la oportunidad de observar y ahora es a lo que se va a limitar, los Hamilton están reunidos en la sala de su bonita mansión y después de algunos minutos hablando emocionados pueden ver no solo que los Smith también apuntan a ver al bebé si no que Hellen baja las escaleras vestida con la naturalidad que le gusta, unos jeans, zapatillas deportivas y una casaca que la hace ver juvenil y espontánea.
—¡Joder!— dice la mujer al ver a tantas personas— ¿Es que irán todos?— sus ojos van directo a James que tiene una sonrisa maquiavélica de oreja a oreja.
—Por supuesto que si— la voz de Sandra aparece de la nada— no te imaginas con cuanto amor esperamos a este bebé, vámonos me muero por verlo.
Las sonrisas reales y fingidas aparecen en los rostros de cada uno y con eso los choferes se preparen haciendo que cada día Hellen se sorprenda más por el lujo que los rodea, autos increíblemente caros y brillantes se abren para que ingresen y entre ellos está el que maneja Dennis, el novio de la joven la mira como si no la conociera y saluda como un extraño más mientras ella no lo deja de mirar.
—¿Pasa algo?— le pregunta Bennett mientras Sandra ya está en el auto— no, todo bien.
—Vamos— sube para manejar el mismo mientras Sandra es su copiloto y Hellen va detrás— vamos por ese niño— sonríe emocionado sin poder disimular a lo que la mujer se regaña por notar lo bonita que es su sonrisa.
—Ves que esto no solo me hace feliz a mi— Sandra besa la mejilla de su novio— muy pronto tendremos a nuestro bebé con nosotros, los meses pasan tan rápido y me muero por tenerlo en mis brazos.
—Así será— sonríen ambos mientras Sandra voltea para ver a Hellen con agradecimiento— realmente muchas gracias.
—No me agradezcas— habla la joven— recuerda que esto es un negocio, yo lo tengo en cuenta, por favor tenlo tú también— contesta haciendo que Sandra se sienta incómoda, Bennett molesto y el camino a la clínica termina en silencio para ser atendidos.
El médico y amigo de la pareja les da la bienvenida y haciendo uso de su carácter alegre extiende sus felicidades a la pareja y además a Hellen que no tiene buena cara pues definitivamente la situación lejos de satisfacer sus ambiciones empieza a ser más agobiante sobre todo cuando se abruma al ver que todos quieren estar presentes en la primera ecografía del bebé.
—¡Dios mío!— las ganas de vomitar la invaden siendo calmada por Elba que la ayuda a respirar para que se relaje— siento que me estoy ahogando.
—Es porque tienes a tantas personas cerca de ti pero tranquila linda— acomoda su cabello— serán solo los padres que entren— ordena la matriarca de los Hamilton y aunque no están de acuerdo, obedecen— supongo que es mejor.
—Todo va a estar bien— habla Nicolás viendo la emoción de sus amigos— acuéstate— dice y Hellen obedece sintiendo nervios al dejar su abdomen al aire— ¡Está helado!— casi salta de dónde está cuando el gel se esparce— respira, todo está bien empieza a pasar el aparato.
—¿Si está embarazada?— pregunta Sandra bastante nerviosa— sin lugar a dudas— sonríe el médico viendo las lágrimas en los ojos de sus amigos— tienes dos semanas— se dirige a Hellen que parece no estar interesada— es demasiado pequeño pero si miran con atención lo pueden lograr ver.
Dice el médico moviendo un poco el monitor y señalando el lugar exacto donde está el bebé, hasta el se nota emocionado y ni hablar de la pareja comprometida, Sandra llora en el pecho de su novio recordando todas las pérdidas que tuvo mientras él la consuela besando su frente sin poder dejar de mirar la pantalla donde apenas se aprecia el milagro de la vida y a Hellen que tiene la cabeza a un lado sin reacciones.
—¿No quieres verlo?— le pregunta el banquero demasiado intrigado por su frialdad.
—No— responde sin mirarlo y limpiando su abdomen— ¿ya nos podemos ir?.
—¡No!— la voz de Bennett suena con dureza y ni hablar de su rabia al exigir que salgan de la habitación y lo dejen solo con Hellen.
—Mi amor por Dios, Ben, cálmate— le pide Sandra totalmente sorprendida por su actitud.
—¡Vayanse!— vuelve a exigir mientras que Hellen está intrigada pero también quiere salir— yo no me tengo porque quedar— se aleja mientras los ojos verdes del hombre la ven con rabia— no me quiero quedar.
—Te vas a quedar— la sostiene fuerte del brazo ante los gritos de calma de Nicolás y Sandra pero son en vano.
—¡Déjame!— Hellen forcejea pero la molestia del banquero no cede— te vas a quedar aquí y vas a ver esto— la agarra con fuerza de la cintura mientras ella se remueve pero es imposible salir.
—Bennett que diablos haces la puedes lastimar— dice Nicolás— ¿No has escuchado eso de que hierba mala nunca muere?— habla y mueve la pantalla de la ecografía hasta ponerla frente a ella.
—Eres un animal.
—No, el animal aquí eres tu, eres una hiena— la obliga a mirar el monitor donde ha quedado grabada la imagen mínima del bebé— una cosa tan vacía— Hellen lo escucha pero no deja de mirar la pantalla— realmente odio que un ser tan detestable como tú seas la madre
—Yo no soy la madre— finalmente reacciona gritando y llorando al mismo tiempo— todos ustedes son unos hipócritas— tiembla como una hoja— ninguno quiere a esto— señala su vientre ante la sorpresa de los demás— solo quieren a través de él lograr sus propios cometidos y odio saber que estoy en medio de todo esto.
—Hellen, aquello es una imagen maravillosa.
—La única imagen que les importa son la de ellos— limpia sus lágrimas señalando a la pareja— son unos hipócritas— dice sintiendo que todo se pone oscuro, hay gritos a su alrededor pero todo queda en el vacío cuando ya no siente ni oye nada.
—Hellen, Hellen por Dios háblame, por favor reacciona— el banquero la sostiene para ponerla en la camilla— por favor, diablos por favor reacciona, abre los ojos, hazlo.