Capítulo 4: La respuesta a su propuesta

1387 Words
Narra Anna Durante la noche no pude dormir, no lograba conciliar el sueño luego de tener aquel sorpresivo, inesperado y falso momento. ¿A quién se le ocurre decir una mentira de ese nivel? ¿Qué tiene ese hombre en la cabeza? Pasé el resto del día en un trance, no sabía como reaccionar, es un completo dilema. Por un lado, está la oportunidad que tanto he esperado, trabajar con el equipo de diseño sería lo mejor que me podría pasar y por lo que tanto me he esforzado; pero por el otro lado está una mentira tan grande que no se si la pueda llevar en mis hombros por mucho tiempo. —¡Ay! Debí negarme justo cuando dijo eso de casarnos, debí decir en frente del señor Pablo que era una mentira, ¿Por qué me quedé callada? Me levanto de mi cama y voy hasta la cocina, no he comido porque mi digestión se hizo nada desde que tengo eso en la mente; he ido al baño cinco veces durante la tarde y noche. —¿No piensa en lo delicado que es? No quiero tener que pagar alguna multa, o en el peor de los casos terminar en prisión. Muerdo mis labios preocupada. Miré en el interior del pequeño refrigerador que tengo en el apartamento y solo veo pan y algo de jamón. —Necesito hacer compra —digo con desilusión. Esto de ser foráneo tiene sus desventajas, ya estoy cansada de ahorrar, lavar ropa y tener que prepararme de comer. No entiendo en que momento crecer y ser independiente se hizo tan difícil. —Si tan solo tuviera el pago de diseñador. Cerré la nevera considerando en mejor tomar un vaso de jugo, el pan y el jamón lo dejaré para la mañana. Estuve durante un rato caminando en círculos, caminar o correr me ayuda a pensar, pero salir a esta hora sería exponerme. —Bien, Anna. Eres una mujer adulta, sabes lo que te conviene, puedes tomar una decisión inteligente. ¿Qué haría una mujer sabia en mi posición? —me pregunto a mí misma. Claramente no tengo ni idea, pero consideré en poner toda la situación en una especie de balanza imaginaria. Si me caso con el señor Fernando, puedo entrar al equipo de diseño; si ingreso al equipo de diseño, puedo tener un mejor salario y si tengo un mejor salario, podré rentar un lugar más grande, tendré el refrigerador lleno de todo lo que me gusta y no tendré que limitarme cada vez que quiera comprarme algo. Levanto mis cejas y asiento con la cabeza, es muy tentador. Ahora, si me caso con el señor Fernando, tendré que fingir una relación, pasar tiempo con él —parece ser buena persona, no creo que eso sea un problema— ¡Nah! No creo que sea complejo, será como el compañero de habitación que nunca he tenido, creo que podemos manejar la convivencia como personas adultas que somos, lo único malo es que corro el riesgo de ir a prisión, fin. —Las posibilidades de ser descubiertos es muy baja —me digo minimizando las posibilidades de enfrentar problemas—. A menos que él o yo le digamos a alguien, pero como tenemos cuatro dedos de frente, nos quedaremos calladitos. ¿A quien le estoy mintiendo? Claramente quiero salir de ese cargo en el que estoy, no le daré más vueltas al asunto y le diré que sí. ¿Qué es lo peor que pueda pasar? Voy a mi habitación para buscar todos mis cuadernos de diseño, algo me dice que muy pronto los tendré que llevar a Style industries para que el coordinador del área los revise. Desde que tengo uso de razón amo la moda, me dedicaba a coleccionar recortes de grandes revistas y las pegaba en un rincón de mi habitación en la casa de mis padres, usaba todo lo que veía como inspiración y de manera empírica aprendí a elaborar bocetos. Estudié diseño apenas terminé la escuela, fueron años llenos de experiencias únicas, aún recuerdo la primera pasarela que organicé junto a mis compañeros —suelto un suspiro— como pasa el tiempo, quisiera volver a ese momento en donde todo en mi vida era moda. Nací en Barcelona hace veinticinco años. En mi bella Barcelona no conseguí un trabajo para laborar en lo que estudié, me esforcé en encontrar algo digno y bueno para mí, pero no había opción. Por lo que me dejé llevar por algunas recomendaciones e hice un curso corto en administración y secretariado, fue algo que hice para sentir que no perdería el tiempo en mi casa sin hacer nada; pero para mi sorpresa, fue lo que realmente me ayudó a adquirir dinero. Sí, es extraño, pero conseguí trabajo como secretaria en varios lugares. Con el pasar del tiempo me mudé a Madrid, seguía trabajando como secretaria en una fábrica de libretas y a su vez seguía buscando las oportunidades. Siempre tuve a Style industries en la mira, estaba al pendiente de las fechas en las que abrían las convocatorias y me postulaba, en total lo hice unas tres veces y siempre rechazaban mi solicitud de empleo. Mi cuarto y ultimo intento fue como secretaria de los directivos de la empresa y fue la única manera de quedar seleccionada, no me sentí mal, por lo menos ya había dado un paso; estaba dentro de la compañía —por lo menos. La mañana siguiente me desperté muy temprano, me puse mi ropa de hacer ejercicio y me quedé pegada a la ventana como una bisagra. Esperaré a que el señor Fernando salga a su recorrido matutino, saldré de manera casual y le daré una respuesta definitiva; no quiero que sienta que estoy desesperada, es mejor que vea que él necesita más de mi que yo de él. Estuve casi media hora mirando hacia el edificio de enfrente, no tengo ni idea de cuál sea su apartamento. Cuando estuve por resignarme, vi que el portero abre la puerta y él sale saludando de manera gentil. Me despegué de la ventana y corrí hacia la salida, una vez que él empiece a correr no podré alcanzarlo. La ultima vez que quise seguirle el ritmo para hablarle de mi trabajo, casi me da un infarto, me tuve que esforzar demasiado. Salí de mi edificio y me percaté de que aun el señor Fernando hablaba con el chico de la portería, hice la que no lo vi y empecé a estirar mi cuerpo; estaba calentando para luego hacer la ruta de todos los días. —Bien, que tengas un buen día, Luis —dice el hombre alejándose. Fernando se pone sus auriculares y cruza la calle sin notarme. Caminé con paso ligero para alcanzarlo, pero cuando estuve a punto de abrir la boca para saludarlo; corre como si no hubiera un mañana. ¡Carajo! —Buen día —digo detrás de él. El hombre sigue corriendo, no me escucha. —Señor Fernando —repito agitada. Voy alcanzando sus pasos, intentando rozarlo de “manera accidental” estiré mi brazo izquierdo para tocar con la punta de mis dedos su hombro, lo que fuera para que se detuviera. —Buenos dí… El jefe de repente cambia su dirección y cruza la calle, ¡mierd*! ¿Por qué no se detiene? No lo pierdo de vista, pego mis ojos a su cuerpo y voy tras él, aceleré un poquito más y estiré mi brazo; estuve a punto de tocar su piel cuando sin querer casi caigo al pisar el cordón suelto de mí zapato. Me detuve para amarrarlo rápidamente, no pensé en donde estaba solo me enfocaba en atarlo para luego seguir en la persecución que había empezado. Sostuve las dos orejitas de conejo para luego entrelazarlas, pero no pude hacerlo por el fuerte ruido de una bocina que me hace saltar del susto ¡Piiiiiii! —¡Anna! —grita Fernando. El hombre me toma del brazo y me hala hacia él. —¡Demonios! —grita el conductor del vehículo—. ¡Tenga más cuidado! No puede detenerse en la mitad de la calle así. —¡Lo siento! —responde Fernando levantando su mano. El conductor sigue su vía y las personas no dejan de observar lo que pasó. —¿Está bien?
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