El olor estaba fresco.
Damian se agachó junto a los árboles, los dedos hundidos en la tierra húmeda.
El rastro de Aria serpenteaba entre raíces y piedras… pero había algo más.
Otro aroma.
Más antiguo. Más dominante.
Su lobo gruñó.
—No es del clan —murmuró, con los ojos plateados—. Y la tocó.
Su beta tragó saliva.
—Alfa… usted la rechazó. No hay por qué—
Damian lo miró, y el silencio cayó como una orden.
—Una cosa es rechazarla —dijo—. Otra… es dejar que alguien más la reclame.
Se incorporó. La luna invisible ardía por debajo de su piel.
Aria jadeó cuando Elias corrigió su postura otra vez.
—De nuevo —dijo—. No bloquees por miedo. Bloquea para terminar la pelea.
Ella alzó los brazos.
El golpe llegó rápido. Lo desvió… y el impacto vibró como una descarga.
—Mejor —admitió Elias, con una chispa de orgullo—. Te estás transformando.
Transformándose.
Sobreviviendo.
Siendo… otra.
Pero también estaba eso: el tirón extraño, intenso, cada vez que él se acercaba demasiado.
—¿Por qué te importa tanto? —preguntó.
Elias tardó en responder.
—Porque eres clave para algo que viene. Y porque… —se detuvo— no quiero verte caer.
La confesión quedó flotando. Aria bajó la mirada.
—Igual soy una loba rechazada.
Elias negó suavemente.
—No. Eres una loba marcada por la Luna. Y eso asusta a quienes no pueden controlarte.
Sus miradas se encontraron. Algo chispeó entre ambos.
Entonces, el viento cambió.
Elias se tensó.
—Lo sienten. Ya nos encontraron.
—¿Damian?
—Él… y otros. No te separes.
El bosque guardó un silencio depredador.
Un aullido rasgó el aire.
Damian emergió del claro, a medio transformar. Sus colmillos brillaron.
—Aria.
No fue un llamado.
Fue una orden.
Elias se interpuso.
—Llegas tarde, Alfa. Ya no es tuya.
Los ojos de Damian ardieron.
—No me desafíes.
—Entonces no intentes reclamar lo que dejaste ir.
El aire se tensó. El pulso de Aria golpeó en sus venas.
—Basta —dijo ella, temblando pero firme—. Yo decido.
Damian la miró, sorprendido por el filo nuevo de su voz.
—Te están usando —escupió—. Ese lobo pertenece a un linaje prohibido. El Consejo lo busca.
Aria giró hacia Elias.
—¿Es verdad?
—El peligro no soy yo —respondió—. Es lo que harán cuando sepan quién eres tú.
Un rugido lejano vibró en el suelo.
—Vienen cazadores —advirtió Elias—. Humanos. Preparados.
Damian frunció el ceño.
—¿Quién los guió?
La respuesta cayó como un cuchillo:
—El Consejo.
El primer disparo sonó.
—Luchamos juntos —dijo Aria—. Después hablaremos.
Los dos asintieron. No por acuerdo. Por necesidad.
Sombras humanas irrumpieron con ballestas y cuchillas plateadas.
—Objetivo: la heredera.
La luna —invisible— respondió.
Y el poder dentro de Aria… empezó a despertar.
Gracias por leer 💜 Esto recién empieza… seguí la novela y volvé mañana: subo capítulos nuevos todos los días 👀✨