Capítulo 2

909 Words
—Lo siento que los interrumpa. La nueva voz nos hace dar un respingo sobre nuestro sitio. Nos separamos de golpe y dirigimos nuestra atención hacia donde hemos escuchado a Andrea. —Discúlpenme que no pueda unirme al segundo round. —Tengo el impulso de girar los ojos, pero lo reprimo—. Tengo que irme. Mi novio quiere que salgamos a ver una película. —Mándale saludos de mi parte —dice Elisa, debajo de mí. Y sin perder más tiempo, su mejor amiga le guiña un ojo, se despide de mí y sale por la puerta, dejándonos completamente solos. Haciendo caso omiso que Andrea nos ha interrumpido en el mejor momento, Elisa me toma del mentón y me hace besarla de nuevo; su boca es dulce y se mueve con habilidad contra la mía. El contacto es una caricia suave donde aprovecho esos segundos para escabullir una de mis manos hacia la piel desnuda de su cintura, al tiempo que me acerco más al calor de su cuerpo —tomando en cuenta que ambos seguimos desnudos—. Su sabor se mezcla en mi boca casi al instante y estoy tan embriagado por ella, por lo bien que sabe y lo mucho que, extraño admitir, ya quería tener intimidad con ella. Solo con ella. Una de las manos de ella se posa detrás de mi cabeza, para así poder profundizar aún más el beso, al mismo tiempo que mi lengua se abre paso para encontrar la suya. Nuestros cuerpos están tan juntos, que ni siquiera hay un solo milímetro que los separe. Mi cuerpo se siente tan liviano, y menos tenso que momentos atrás. «¿Esto es lo que necesitaba?». Me pregunto a mí mismo. «¿Necesita estar a solas con Elisa para dejar de sentirme extraño y confundido?». Quizás sí. Rompemos el contacto, justo cuando siento la necesidad de respirar, y ambas respiraciones se encuentran entrecortadas y agitadas por el reciente beso. Sus ojos están más oscuros de lo normal y puedo ver reflejado el intenso deseo en ellos. Llegados a este punto, mis pensamientos coherentes se han drenado de mi cabeza y solo le ha abierto paso a los impulsos que nacen en mi interior. Solo quiero dejarme llevar. Solo quiero dejar de sentirme extraño y confundido. Lo malo de esto, es que no es la primera vez que me siento así; llevo meses de esta manera y aún no logro de terminar de entender por qué. Justo ahora, mi mente se encuentra nublada por el deseo y lo único que hago es dejarme llevar. Dejarme sentir todo eso que Elisa provoca en mí y ha provocado desde que nos conocimos. Dejo que fluya y no la detengo cuando siento una de sus manos escabullirse entre nuestros cuerpos para tomar mi m*****o entre ellas. Le doy la libertad de tocarme. Su palma se mueve por toda la longitud, de arriba abajo, en movimientos ágiles que arrebatan de mi boca jadeos que no puedo contener. Entre la oscuridad de la habitación soy capaz de notar la pequeña sonrisa que se asoma en sus comisuras. Al cabo de un rato, en que siento que los sentidos están por explotarme por el placer tan violento que siento, guío mi mano hasta su feminidad; allí, mis dedos le acarician los pliegues húmedos. También dirijo mi dedo medio a su clítoris, el cual muevo en círculos. Me gusta ver cómo entrecierra los ojos cuando la toco. Me gusta cómo abre la boca para soltar jadeos. Me encanta escuchar su respiración agitarse con cada segundo que pasa, con cada movimiento. Sonrío al ver su expresión de completo deseo. Eso me anima a introducir uno de mis dedos largos en su interior. Ya solo escuchar el gemido alto que evoca, me hace enloquecer. Me hace olvidar todo eso que estaba dudando y me transporta a un lugar un poco menos desagradable que el anterior. Se me ha puesto dura de nuevo, e incluso las venas se me han marcado de la excitación que experimento. Entonces introduzco otro dedo. Primero empiezo lento; sus labios se abren un poco más, los gemidos son cada vez más constantes y solo puedo observarla alzar la espalda del colchón con cada embestida. Abre un poco más las piernas a mi disposición, y es ahí cuando aumento el ritmo de mis caricias. —¿Te gusta así? —Le pregunto, en un susurro ronco y profundo. —S-Sí. Más rápido —pide. Y así lo hago. De nuevo su espalda se eleva del colchón y su boca sigue soltando más gemidos cuando soy más rápido. Puedo notar cómo su mirada está empañada por la excitación. Está cerca, demasiado cerca. También puedo sentir cómo su piel se eriza cuando empiezo a depositar besos húmedos sobre su cuello. Mi mano libre se desliza por uno de sus muslos. Y sin poder evitarlo saco los dedos de su interior para llevármelos a la boca. Acción que la hace enloquecer, ya que se acerca para besarme con pasión. Un suspiro roto escapa de sus labios cuando los míos, de pronto, están por todo su cuerpo: en su cuello, su boca, en sus pechos y poco a poco tomo un lugar distinto donde voy bajando por su abdomen. Entre besos pequeños voy dejando una estela ardiente a mi paso. Y ella me observa hacerlo Sabe cuál es mi intención. No hay que ser un genio para adivinar qué es lo planeo.
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