Capítulo veinticuatro Estoy agotada. Me duele todo, incluso diría que hasta el alma. Los rayos de sol pegan en mi rostro mientras Jayden conduce con rumbo a la mansión donde mi madre tuvo que quedarse con Lea toda la noche por no aparecer. De seguro lo primero que me preguntará cuando este a solas con ella es si sigo siendo virgen. Ay mamá, si supieras... La brisa fresca de la mañana hace que cierre los ojos y recueste la cabeza del respaldo dejándome llevar por el sueño. —No te duermas, recuerda que tienes que alistare y salir nuevamente conmigo —el princeso levanta mi mano siendo sujetada por él y deja un beso sobre esta —ni creas que te quedarás en la casa descansando mientras yo sigo el trabajo normal como todos los días. Junto mis cejas y sacudo mi mano para soltarme d

