Capítulo 4

1122 Words
Después de la gran semana extenuante en la universidad, llegó otra de mis torturas: el fin de semana. Y aunque debería ser algo de que alegrarme, porque es un descanso para la escuela, el trabajo y tienes tiempo para salir con tus amigos, a mí me supone tortura. Porque es el día que tengo que ir a visitar a mis padres —adoptivos— aunque vivamos en la misma ciudad y, sinceramente, no tengo deseos de ir a verlos. Sin embargo, es algo que tengo que hacer. Lo hago porque ellos son lo único que tengo ahora, porque son las personas que me han mantenido durante mis veintidós años de vida y porque son los únicos que decidieron quedarse conmigo cuando mis padres biológicos me abandonaron. Es por ello que, en el momento que bajo del taxi que tomé para llegar hasta aquí, suelto un suspiro pesado cargado de cansancio y de muchas cosas más que me aterran decir en voz alta. Con pasos dudosos y lentos hago mi camino hasta la puerta. Mi corazón ruge con violencia contra mis costillas, un nudo se forma en mi garganta apretándose dolorosamente y mi pecho se oprime con una fuerza abrumadora, que apenas me permite respirar, por la anticipación. Estoy aterrada. Estoy temblando de pies a cabeza por saber que enfrentaré sus extrañas y curiosas miradas sobre mí. Sé que tendré que enfrentar, una vez más, la forma despectiva en que sus ojos juzgan mi aspecto. Y eso no es lo peor, ni lo que más me duele; lo más doloroso de esto es pensar que yo no tengo la culpa de ello. Que no pedí ser así, y si tuviera el poder de cambiarlo, no dudaría ni un segundo en hacerlo. Realmente duele —como una herida abierta y sangrante— no tener el mínimo aprecio de nadie. Ni tener tan siquiera un apoyo en los momentos difíciles. Me sorprende la fuerza que he tenido para no caerme a pedazos, a pesar de lo que tengo que vivir diariamente. Mi mano temblorosa se dirige al botón del timbre y, tras dar una gran inhalación, aprieto mi dedo en este, haciéndolo sonar para avisar mi llegada. No pasan ni cinco segundos cuando la puerta se abre y mi madre aparece en mi campo de visión en el umbral de la puerta. Al verme, me sonríe. Pero no es una sonrisa que toca sus ojos. —Al fin llegaste —me dice, en lo que pretende ser un saludo cariñoso y maternal, pero falla terriblemente. Me obligo a sonreírle de vuelta y a apretar los puños a mis costados para que no sea capaz de notar el temblor de mi cuerpo, por el nerviosismo que me invade de pies a cabeza. Ella se hace a un lado para que pueda pasar y me adentro en la estancia con los latidos de mi corazón haciendo ruido detrás de mis oídos. El ambiente es mucho más tenso aquí dentro, y casi se siente asfixiante cuando Catherine —mi madre adoptiva— cierra la puerta. El alivio que me invade el pecho en el momento que noto que ni Alanis, ni mi padre, están por ningún lado, es tan reconfortante como calmante. Aunque también es inquietante estar en el entorno de mi madre, yo sola, por mucho tiempo; no puedo negar, ni pasar desapercibido, la incomodidad que me provoca su vista clavada en mi nuca —porque puedo sentir su mirada pesada sobre mí. —Estamos preparando la cena —me informa Catherine, detrás de mí—. Puedes ayudarnos, si quieres. Me limito a asentir y mirarla sobre mi hombro antes de hacer mi camino hacia la cocina. «Sólo relájate». Me digo internamente, tomando una inspiración profunda y discreta para apaciguar el monstruo de emociones abrumadoras en mi interior. «Respira..., todo estará bien». En el momento que me adentro en aquel espacio, una sensación cálida y emocionante me llena el pecho, e inevitablemente una sonrisa se forma en mis labios. —Abuela —murmuro, para llamar su atención. Acto seguido, ella se gira sobre sus talones —estaba preparando algo— y me encara. El gesto que esboza, uno de sorpresa y felicidad en partes iguales, no hace más que oprimirme el pecho y hacer que mis ojos comiencen a sentirse como si fuera a echarme a llorar. —¡Hola, cariño! —me dice con dulzura, al tiempo que camina en mi dirección para envolverme entre sus brazos. Yo le ahorro algunos pasos al acercarme también y devolverle el abrazo. Mi abuela me hace sentir tranquila, segura y un poco más querida. Ella es la única persona, dentro del círculo familiar, que se ha mostrado conmigo cariñosa, amable y todo eso que mis padres y hermana no me han dado ni me han hecho sentir. Ella es la única razón por la que aún no me he dado por vencida porque, tenerla en mi entorno, es reconfortante. Y me llena de una alegría que a veces no me cabe en el pecho. Mientras la abrazo, sonrío. Sonrío de verdad, llena de regocijo mientras una emoción cálida y emocionante me llenan por completo. De pronto, la burbuja de tranquilidad se rompe al escuchar los pasos de Catherine adentrarse en la cocina. Desde ya puedo sentir el aura pesada y negativa que lleva encima. —Mamá —dice, en dirección a mi abuela—. Debemos darnos prisa, no hay tiempo para esto. El tono severo y frío que usa hace que la sonrisa en mi rostro se desvanezca de golpe y que la incomodidad vuelva a hacer nido en mi interior. Mi abuela comienza a alejarse de mí, y al hacerlo soy capaz de notar su semblante serio e incómodo, igual que el mío. Sin decir una palabra —ni mirarme de nueva cuenta— vuelve a su puesto. Ella, más que nadie, sabe lo que mis padres —sobre todo Catherine— me han hecho; sabe el desprecio con el que me tratan y lo bien que me recuerdan que el hecho por el que me odoptaron fue por pura lastima, nada más. Ella tiene conocimiento de que jamás me han demostrado cariño y que se empeñaron cada día —cuando aún vivía con ellos— por hacerme saber que no tenían ni un tipo de aprecio hacia a mí. Sería fácil decir que debería alejarme de ellos y dejar de visitarlos. Pero es más sencillo decirlo que hacerlo. Aunque quisiera —quiero— no podría; desgraciadamente, todavía dependo económicamente de ellos, y no tengo un empleo para pagar mis necesidades y la universidad. De todas formas, a veces creo que ningún empleo, sea cual sea, podrá cubrir todo eso. Por eso es que estoy aquí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD