La incertidumbre se enredaba en mi pecho como un lazo imposible de deshacer. Ya no había nada que pudiera hacer para evitar lo que estaba por venir. La decisión estaba tomada y los riesgos calculados; ahora solo me quedaba confiar en que Aster y Aether traerían de regreso a mi hija. La amenaza de los ecos del pasado resonaba en mi mente, inquietante y persistente. Aether, el amigo de mi infancia y el confidente de mis secretos más profundos, había atravesado mi vida como una tormenta que arrastra todo a su paso. Después de tanto tiempo guardando silencio sobre sus sentimientos, una noche, con la luna como testigo, me confesó su amor. Un amor que me hizo tambalear entre el deber y el deseo. Por otro lado, Aster, mi rey y esposo, ya conocía los sentimientos de Aether, y había enfrentado esa

