Tomé a mi pequeño Ethan en mis brazos, apretando su diminuto cuerpo contra mí mientras la presión del tiempo se hacía cada vez más abrumadora. Mañana era la fecha límite en que Aster debía dar su respuesta —una respuesta que podría significar la diferencia entre la vida y la mansión de sueños rotos. Era crucial encontrar un nuevo plan para traer a nuestra hija de vuelta a casa, y lo tenía que hacer rápidamente. Caminé por los jardines del reino, sintiendo la suave brisa acariciar mi rostro. El camino de sakuras se extendía ante mí, adornado con pétalos delicados que caían como una lluvia de color rosa, creando un manto precioso sobre el suelo. Tomé aire profundo, dejando que el exquisito olor de las flores llenara mis pulmones, recordándome que aún había belleza en medio de la adversidad.

