─¡No puedes hacer eso ¡es solo una niña! ─escuché que decía una mujer con desesperación─, y no solo eso, ¡ella es tu hija! ─Precisamente por eso, ella no puede vivír ─le respondieron. Yo tenía los ojos cerrados, así que todo lo que veía era oscuridad. ─¿Cómo puedes decir eso, ¿acaso no la quieres? ¿Tienes idea de cuantas personas quisieran tener una hija como ella? ─Si tanto la quieres, hazte cargo de ella. Te la regalo, es toda tuya. Abrí los ojos de golpe y vi a dos mujeres. Una de ellas estaba embarazada. Tenía la piel blanca, los ojos verdes y el pelo oscuro. La mujer lloraba mientras sobaba su vientre. La otra era muy distinta. Tenía los ojos color ámbar, el cabello color chocolate, largo hasta su cintura y lacio. Eran la comandante Rosetth y Helen, algunos años atrás. Volteé hac

