Hanna Harrison.
Demian nos presentó su curriculum, había sido CEO de importantes empresas logísticas y tenía cierta experiencia en el transporte marítimo, había sacado a varias compañías de la quiebra con sus estrategias y planes de consolidación, tenía un MBA realizado en Standford, así como múltiples posgrados en logística y administración y, hablaba al menos tres idiomas a la perfección.
Presentó el plan para “Magnus corporation” éste se veía bien solventado y bastante convincente, todos los accionistas y miembros de la mesa directiva asentían con la cabeza, tomaban notas y cuchicheaban entre ellos, se notaban muy tranquilos y bastante conformes con la decisión.
Dijo tantas cosas importantes, pero yo no podía escuchar lo que decía, lo oía, mas no lo escuchaba, estaba anonadada mirándolo fijamente, pero con un gesto profesional.
¿Esto era real? No puede ser, martilleaba mi cabeza.
¿Desde cuándo usa lentes? No lo recordaba verlo con ellos, la expresión madura de su rostro solo resalta sus atributos masculinos, estoy segura de que hace ejercicio, calistenia, bicicleta y quizás sigue practicando surfeo, siempre le han apasionado los deportes extremos, van justo con su personalidad extrovertida y alocada, entonces, instintivamente observé su mano izquierda.
> pensé. ¿pero qué demonios estaba cavilando mi cabeza? Enrojecí.
–¡Hanna! –reprendió Arthur.
–¿Escuchaste? –indagó con una sonrisa burlona.
Si yo contestaba que no había puesto la más remota atención, sería el hazme reír de esa asamblea.
–Por supuesto que escuché, ¿podrías expandir los detalles? –me mojé los labios, era un gesto muy espontáneo que hacía cuando estaba mintiendo.
Demian emitió una risita burlona, detestaba esa risa suya, la conocía a la perfección y, se trataba de un gesto sarcástico y lleno de mofa que me sacaba de mis cabales.
–Que tú estarás a cargo de enseñarle al señor Demian las instalaciones del corporativo, así como las zonas portuarias. –me repitió y, nuevamente sentí un temblor bajo mis pies.
–La señorita Hanna Harrison me ayudará, enterado. –afirmó él, poniendo de forma tan seductora un dedo índice sobre sus labios, era un gesto intelectual y totalmente brutal.
–Señora Hanna Stewart, aún. –añadió mi “ex” esposo con una voz recia.
Ese hijo de p…ta ¿¡me resultó celoso y territorial?! ¡Qué se vaya al carajo!
Miré a Hugo con unos ojos terribles, pero tampoco quería generar un conflicto frente a los accionistas, así que, solo pondré mis límites con él.
–Mejor, solo dime Hanna, para evitar confusión con mis apellidos. –sonreí ligeramente.
Vi el gesto de mi ex esposo de enojo e ira por mi respuesta, obviamente no me importó.
También noté como ese exquisito hombre de cabello castaño en tonalidad chocolate, esperen… ¿exquisito hombre? ¿¡Qué cosas estoy diciendo!? ¡Como sea! Solo me percaté de como ese caballero sonrió de manera cómplice y confidente.
–Hanna será. –afirmó sonriente Demian.
Hugo solo refunfuñó, él había quedado en ridículo y yo, procuré mejor mantenerme a raya, estaba jugando con fuego porque Hugo me había provocado.
Salimos al fin de esa junta del infierno, había sido todo tan sorpresivo que, me daba el lujo de admitir que aún continúo bastante mareada y aturdida por encontrarme con Demian.
Vi a Arthur al final de un pasillo cerca de mi oficina, platicaba con alguien, pero no me importó, lo interrumpí.
–¡Arthur! –apreté el paso caminando detrás de él con más apuro.
–¿Qué pasa Hanna? –me cuestionó cuando al fin logré interceptarlo y meterlo a mi oficina.
Una vez con él lo hice sentarse frente a mi escritorio, lo miraba de forma inquisidora.
–¿Tú contactaste a Demian Stoker? –le cuestioné haciendo un gesto severo.
Arthur sonreía con verdadera malicia.
–Entonces… lo conoces. –me contestó.
Yo enrojecí un poco y la verdad es que colorearme en carmín era un gesto tan inusual en mí que, definitivamente me delataba.
–Quizás…–tragué duro.
–¿Quizás? –volvió a cuestionar él con una ceja alta, es mi hermano menor, pero parecemos mellizos, estamos tan conectados que, sé que sabe que miento.
–Cuando estuve un año de intercambio en la universidad de Stanford en Estados Unidos hace como siete años fue donde me lo topé. –me resigné a contestar.
–¡Lo sabía! –exclamó.
Y yo golpeé mi frente.
–Espera… ¿cómo que lo sabías? ¿De dónde lo conoces? –interrogué.
–Una vez… me hablaste de él, estabas muy borracha, le tienes puesto un apodo muy gracioso.
–¡No lo mencione…
–“Cielo perdido”. –se rió de mí y yo, enrojecí aún más.
–¡No vuelvas a repetirlo! –exclamé a punto de estrangularlo. –Ese día estaba muy ebria, no sabía ni lo que decía…–argumenté acalorada.
Arthur se echó a reír a tremendas carcajadas y risotadas.
–Ese hombre te saca de tus cabales…–se mofó.
–¡No puedo creer que lo hayas contratado solo para molestarme! –chillé totalmente indignada.
–¡Por Dios Hanna! ¿Acaso no pusiste atención en la junta? ¡Ese hombre está hecho para el puesto! Que sea tu amor del pasado…
–De la adolescencia y no cuenta.
–A los veintidós años no se es una adolescente.
–Tenía veinte. –añadí. –Y sí, sí se es adolescente. –estaba minimizando el romance infantil que tuve con él.
–Es muy raro verte así…–perfiló su mentón con los dedos. –Enserio te dio una sacudida. Es un buen momento, estás en trámites de tu divorcio y él está soltero.
–¿Está soltero? Es decir… no me importa su estado civil. –rodé los ojos.
–No así parece…–agregó Arthur alzando la ceja.
–El punto es que… no me puedes dejar a cargo de su acomodo en la empresa. –rebatí.
–Por Dios Hanna ¿y eso por qué? Sí fue algo minúsculo lo que pasó entre ustedes, ¿no eso acabas de explicarme?, ¿por qué te preocupa tanto? Tú no eres del tipo de mujer que huye de un reto. –me miró de una forma en la que no pude defenderme.
Es que Demian Stoker no es un reto, es “EL” reto.
–Quizás temes…
–¡Ni lo digas! –blasfemé y, tan de prisa como pude, caminé a toda velocidad hacia la puerta, me valía un carajo que fuera mi oficina, saldría de ahí a la brevedad, entonces… abrí y, mi rostro estuvo a punto de caerse al piso, me sentí muy avergonzada. –Demian, ¿llevas rato aquí? –cuestioné tratando de no verme perjudicada, lo curioso de mi personalidad es que puedo estallar en mil trozos por dentro, pero verme impasible por fuera, ¿es un don o una maldición? Le sostuve con severa fuerza una tenue sonrisa de un rostro sereno y relajado, mientras sentía mi corazón temblar con mucho apuro, sus ojos color cielo, se toparon con los míos grises, a través de sus lentes me inmiscuía con la mirada, odiaba que hiciera eso, nadie le había dado derecho a profanar los secretos de mí alma.
–Recién acabo de llegar, iba a tocar la puerta, Hanna.
–Señorita Hanna para ti. –aclaré a la brevedad. ¿Por qué estaba tan enojada con él?
Lo vi hacer un gesto muy gracioso e incrédulo.
–Creo que debe haber una confusión, recuerdo cómo claramente especificaste frente a tu ex esposo y a la asamblea directiva que podía referirme a ti como: Hanna. –me sonrió.
> pensé, acabo de recordar que este hombre es jodidamente inteligente, pero vamos, yo no podía quedar como una idiota frente a él.
–En efecto, tienes razón, lo había olvidado por un segundo. –añadí como si nada de lo que haya dicho me hubiera repercutido en lo más mínimo. –¿Necesita algo señor Stoker?
–Me puedes llamar Demian.
–Señor Stoker, está bien. –afirmé.
–Será como gustes Hanna. –emitió una encantadora sonrisa.
> pensé en mis adentros.
–¿Qué se te ofrecía? –le pregunté de forma veloz.
–Pensé que me darías el recorrido por las instalaciones. –me insistió.
Detuve un instante mis pensamientos turbulentos, no sería profesional negarme a algo que me fue impuesto frente a todos los accionistas.
Miré mi reloj de mano.
–¿Podemos agendarla para más tarde? –cuestioné.
–Encantado. –me sonrió y salió del sitio.
¿Por qué dialogar con él era como resistir una avalancha de nieve sobre mi pecho?
Arthur salió también de mi oficina y me quedé sola con mis pensamientos absurdos…